07 de mayo de 2008
En realidad, yo pude haber dicho lo que sea, al fin que nadie tiene mucha memoria. El problema es que si yo hubiera recomendado a alguien que entrara a la Bolsa en octubre del año pasado, no le habrá ido tan bien, porque habría entrado cuando las acciones estaban más caras que hoy. Esa es la maravilla de las estadísticas. Puedo poner la fecha de inicio cuando quiera y así puedo hacer que parezca que gano.
Aunque a la Bolsa le ha ido super bien en estos dos años, a mí no me ha ido tan bien con mi fondo de inversión que imita al índice, porque entré en un momento de alza. ¿La moraleja? No sientas que perdiste hasta que lo compruebes. No huyas de la Bolsa cuando esté a la baja. Espera un rato más hasta que salgas ganando. Porque a mí no me queda más remedio que esperar.
El fondo al que me refiero es el ING-IPC, que sigue al índice de la Bolsa, con datos del último reporte de Aryes, una empresa que analiza el comportamiento de los fondos de inversión. Por cierto que en los últimos doce meses, fondos de inversión en renta fija (es decir, que no tuvieron el riesgo de la Bolsa) tuvieron rendimientos mayores. Por ejemplo, el NTE-FD3 ganó 7.44%. Gracias a Aryes por los datos.
01 de abril de 2008
Cuando se trata de invertir, los bienes raíces son el sitio preferido y no creo que sólo de los mexicanos, sino de todo el mundo. No se van y si no se venden, nos sirven para vivir en ellos.
En este mismo portal se presenta una calculadora preparada por Lorenzo Fernández, profesor del Ipade, para saber si conviene comprar a crédito o rentar una vivienda. Si se le cambian los supuestos, puede resultar que es más conveniente rentar una vivienda durante un tiempo, guardar lo que uno deja de pagar por el crédito hipotecario y juntar el efectivo.
Dos lectores indignados comentaron que eso lleva a tomar decisiones incorrectas. Parecería que la única decisión correcta es comprar vivienda, contra viento y marea. Si la casa no se aprecia, si puedo conseguir una inversión con mayor rendimiento que invertir en una casa, si las rentas son más baratas que el crédito hipotecario... nada de eso parece importar, hay que comprar casa, no ahorrar durante 15 años porque, dice uno de ellos, si uno ahorra se gasta el dinero (¿cómo? Hasta donde yo ví la última vez, ahorrar significa no gastar).
Precisamente para eso es la calculadora, para analizar diferentes escenarios. Si la plusvalía de la casa es mayor, si baja la tasa de interés del crédito hipotecario o si aumenta la renta, entonces conviene más comprar a crédito que rentar. Pero los lectores sólo vieron el caso que contradecía el sentido común: de que puede ser mejor continuar rentando a cambio de ahorrar la diferencia.
En la vida real el sentido común no siempre tiene razón. Puede suceder que las cosas sean de una manera diferente. Y aquí los peligros de casarse con la idea de comprar casa:
1. Un joven de 20 años se mete a un crédito hipotecario, en lugar de esperar 10 años para juntar más dinero para el enganche y así endeudarse menos. A los 30 es un buen momento para tener casa. Pero sí, que guarde su dinero en un instrumento que le de rendimientos.
2. Considerar que la casa servirá como fondo de emergencia, porque se vende en el momento que se necesite. Al fin que los bienes (raíces) sirven para remediar los males. Cuando se tiene una emergencia ¿conviene vender a toda prisa la casa?
3. Meter el patrimonio en la casa y encerrarse en él. Hay muchos viejos que viven en casas más grandes de lo que necesitan y pasan varios años cuidando la herencia, en lugar de vivir cómodamente. Ojo: no digo que vendan la casa y le den el dinero a sus hijos, algo que muchos eventuales herederos quisieran que pasara, sino que aprovechen el valor de su casa para tener una mayor calidad de vida. Que los herederos se busquen la vida por su cuenta.
18 de abril de 2008
Lyle Gramley es un simpático economista (no sé si eso sea un oximorón), asesor económico durante la presidencia de James Carter, y dice que hay muy poco que hacer ahora, en lo personal, para enfrentarse a la crisis.
No pude resistir preguntarle que si lo que debemos hacer es cerrar los ojos y su respuesta es que no tanto, pero que el peligro es que ante crisis económicas como estas, la gente toma decisiones precipitadas.
En pocas palabras, hay que tener un plan de inversión para los objetivos de la vida. Tú sabes cuándo entrarán a la escuela tus hijos o cuándo cumplirán 15 años, o si prefieres ir a Europa que cenar en restaurantes de Polanco. Con esos datos, y no con el valor del petróleo, es que se hace la planeación financiera.
Lo que tienes que hacer en esta crisis, dice Gramley, es relajarte. Pero para relajarte antes tuviste que tener un plan donde contemplas:
1. Tener un dinero disponible para ahorrar. En él hay que incluir un plan de retiro.
2. No cambiar la estrategia de inversión por lo que ocurre en una semana.
3. Tener un portafolio de inversión balanceado: es decir con inversiones en la bolsa, en deuda, en México y en el extranjero.
11 de abril de 2008
Esta mañana se me ocurrió abrir el estado de cuenta de mi portafolio de inversión en una distribuidora de fondos. De pronto el canto de los pajaritos y el color de las jacarandas pasaron a segundo plano: ¿por qué mis inversiones en la Bolsa no paran de perder desde noviembre? Con lo que han perdido ya me habría comprado algo.
¿Qué debo hacer? ¿Correr despavorido de la Bolsa? No creo. Aquí es donde se pone a prueba el estómago de los inversionistas. Tengo una inversión en un fondo que se vende en títulos, cada uno de los cuales cuesta 52 pesos. Cuando los compré costaban ¡56!. Lo mejor que puedo hacer es esperar a que esos títulos alcancen cuando menos el precio que tenían cuando entré.
Pero en mi portafolio hay otras inversiones que me hacen sentirme orgulloso, aunque cuando lo contraté ni siquiera me di cuenta de que ahí estaban. Son unos fondos en renta fija que, en cambio, no han parado de subir, pero que no han alcanzado a compensar las bajas de la renta variable (o Bolsa).
Como lo que tengo en Bolsa lo pienso destinar para mi retiro y como no pienso retirarme en los próximos cinco años, pues ahí que se quede. Pero si quiero viajar a Singapur, como me lo había propuesto al iniciar esta columna, tengo que empezar a ahorrar más que los 2,000 pesos mensuales, y en instrumentos que no estén tan volátiles como el mercado bursátil.
Hoy un informe de la Condusef compara los rendimientos que han dado algunas afores con los de cuentas bancarias. Dice que si se hubieran invertido 10,000 pesos hace un año en una afore, hoy se tendrían más de 11,000. Y en una cuenta de ahorro, los 10,000 pesos en un año habrían llegado a 10,111. Como la inflación fue de 3.71%, en realidad, a esa cantidad le faltaron 260 pesos para comprar lo mismo que hace un año. Y con que la cuenta de ahorro hubiera cobrado una comisión de 100 pesos, ya estamos amolados.
Conclusión. ¿Qué esperamos todos? ¿Por qué si lo tenemos frente a nuestra nariz no estamos metiendo ahorro voluntario en la afore o en algún otro plan?
10 de abril de 2008
Aunque los Petrobonos no le traen muy buenos recuerdos a mis papás, que compraron algunos de ellos en los años 80, cuando Pemex nos daría una abundancia por administrar, ahora la reforma energética propone la creación de unos bonos de Pemex para que cualquiera con 100 pesos extra pueda comprarlos, prestarle ese dinero a la petrolera y participar de sus ganancias que, para bien del país, más vale que sean generosas.
Pero no hay que esperar a que se aprueben las reformas para prestarle dinero a Pemex. Todos los días, inversionistas de Nueva York y de México hacen sus “cálculos egoístas” (por usar una bella cita de Marx) y determinan si les conviene más prestarle a la petrolera mexicana o a alguna compañía productora de pan de Sudáfrica. Y la petrolera les paga intereses, porque necesita dinero para hacer su trabajo. Que los intereses sean pagados a extranjeros, tal como están las cosas ahora, no parece importarle mucho a López Obrador, pero esa es otra historia.
En fin, que si alguien quiere, ya, prestarle dinero a Pemex puede entrar a algunos fondos de inversión. Por ejemplo, está el fondo Finde 1, de Scotia, que invierte una parte en deuda de Pemex (que se presenta en un instrumento llamado certificado bursátil). También invierten en deuda de la petrolera los fondos Fonser1 C, de Santander, o el Ixefase B, de Ixe Fondos, por dar algunos ejemplos.
¿Que cuánto ganan? Es algo que varía mes a mes, según las condiciones del mercado, pero a esos fondos no les ha ido tan mal últimamente. No estaría mal ejercer nuestro patriotismo ganando un premio al prestarle dinero a Pemex.
25 de marzo de 2008
Si este año crees que vas a pagar demasiados impuestos, entonces escóndele una parte de tu ingreso al SAT. Hay un mecanismo para hacerlo, en forma legal.
La manera es con una cuenta especial de ahorro. Se pueden destinar hasta 152,000 pesos que dejan de estar en tu base gravable de manera que pagas impuestos sobre ese dinero hasta que estés en un año no tan pesado como este. La condición es que inviertas en alguna institución financiera que tenga esas cuentas, que funcionan al amparo del artículo 218 de la ley del impuesto sobre la renta. Y la gran ventaja es que esa deducción se puede hacer en la declaración de 2007, o sea el próximo abril.
Será mejor contratar esa cuenta antes del 15 de abril, para evitar los papeleos y las carreras del último minuto.
Esto, claro, no es un sueño. Al cabo de cinco años (o de 10) si así lo quieres, tienes que pagar los impuestos por ese dinero, al momento de retirarlo. Pero no está mal respirar un rato.
14 de marzo de 2008
1. Lo dice el sentido común: pagar renta es tirar el dinero. Mejor hay que comprar casa. Pero ¿a cualquier precio?
En la zona de moda del DF se puede conseguir un departamento de 90 metros a 10,000 pesos mensuales de renta. Comprar ese mismo departamento, a crédito, podría llevar a pagar el doble en mensualidades. Lo que se hace aquí, en lugar de regalarle el dinero al casero, es regalárselo al banco. Pero no se le regala a ninguno de los dos. El dinero sirve para pagar algo: al casero se le paga el derecho de usar la casa, al banco el derecho a usar el dinero antes de tenerlo todo junto.
Lo que hay que analizar es quién cobra menos. Y creo que el casero es el ganador. Pero si se va a ahorrar por rentar, hay que ahorrar de verdad, y no gastarse la diferencia de lo que costaría el crédito hipotecario.
2. Como no me disciplino para ahorrar, entonces compro un seguro para la educación de mis hijos. Pero ese tipo de seguros garantizan una cierta cantidad en el futuro, casi igual que la que se depositó. Es decir, que casi cobran por guardar tu dinero. Deja de castigarte por no saber ahorrar... y ahorra. La mayoría de los distribuidores de fondos de inversión pueden descontarte directamente de tu sueldo, para hacerte más sencillo el ahorro. Con eso puedes obtener mejores ganancias.
3. Los fondos de inversión son muy arriesgados, mejor me quedo en el banco. Eso de que hay riesgo en una inversión se entiende como que alguien saldrá corriendo con el dinero. En realidad, el riesgo se refiere a la probabilidad de que la inversión no alcance el rendimiento esperado. Quedarse en el banco no es arriesgado: es una manera segura de perder dinero. Si éste se queda en una cuenta de ahorro, las comisiones serán mayores que los intereses. La solución: en cuanto llegue la quincena, que te descuenten una parte para ahorrar. ¿Quieres sonar más calificado? Al recibir tu pago, pon una parte en un fondo de renta fija a 28 días, sácalo entonces y paga lo que hayas comprado con tarjeta de crédito.
04 de marzo de 2008
Por fin, vamos a poder comparar las afores, sin tanta complicación, porque unas cobraban por una cosa y otras por otra. Ya sólo se va a permitir una comisión -sobre saldo, la comisión sobre flujo se terminó-, así que ahora sí las afores serán comparables.
La medición será un índice de rendimiento neto. Para no caer en el comportamiento de un año, en el que una afore pudo hacer trampita para obtener mejores rendimientos, la Consar va a analizar 36 meses. Por ahí alguien me envió un cálculo de cómo quedarían las afores si ya se hicieran las cuentas que la Consar publicará en forma oficial a partir de marzo. El resultado de este ejercicio extraoficial: el 1, 2 y 3 de las afores son Invercap, Profuturo GNP y Banamex.
Pero como ya había dicho antes, más que preocuparse por ver cuál es la mejor afore y cambiarse de una a otra, lo que hay que hacer es abrir un plan complementario. Los rendimientos no son muy diferentes entre las afores, por lo pronto, porque casi todas invierten en lo mismo. Con tal de que uno no esté en Azteca o en Inbursa, ya puede sentirse más o menos tranquilo.
Alguien me regañó por pesimista al decir que la afore no es suficiente. No, no es pesimismo. La afore no basta. Pero qué bueno que la tenemos. La parte optimista está en que sí podemos hacer algo: ahorrar por nuestra cuenta y aprovechar la afore, también. Y si ahorramos por nuestra cuenta, el gobierno nos da dinero adicional. ¿Es eso pesimismo?
29 de febrero de 2008
Al alud de llamadas de afores que ofrecen la luna, las estrellas y el dinero del SAR, muy pronto se sumará una gran cantidad de ofertas de empresas de telefonìa celular para asegurar que los usuarios no se vayan a otra que les demuestre mayores beneficios.
Ese es el vaticinio de Raúl Vallejo y Gerardo Flores, dos ex funcionarios de telecomunicaciones, que ahora tienen una empresa que ayuda a las compañías a reducir sus costos en teléfono y celular. Ambos recuerdan que en julio entrará en vigor la portabilidad, que es algo tan sencillo como que uno puede cambiarse de compañía y mantener el mismo número celular.
La recomendación: es mejor esperar. Igual que con las afores, que ahora quieren convencernos de entrar a ellas, justo cuando todavía no podemos comparar los rendimientos. A partir de marzo, habrá más información para comparar afores y entonces sí, hacer cambios.
Pero no hay que hacerse muchas ilusiones, insisto. Las afores dan bajos rendimientos, así que hay que buscar otras opciones. Por cierto, el gobierno sí puede hacer algo por nosotros: si uno ahorra hasta 90,000 pesos anuales para el retiro, en empresas como Skandkia o GBM o muchas más, Hacienda puede perdonarnos una buena parte de impuestos. Síiii. ıMenos impuestos por ahorrar para el retiro!
28 de febrero de 2008
En estas dos semanas he recibido generosas ofertas para cambiarme de afore. Que me recuperan el dinero de mi cuenta del Sar (de 1992 a 1998), que me asesoran para obtener los mejores rendimientos. ¡Cuántas buenas personas han encontrado mi teléfono! Lo más sorprendente es que alguien les dio la razón social de la empresa en la que yo trabajaba en ese entonces.
La verdad es que las afores están en la última carrerita para robarse clientes unas a otras, antes de que la nueva ley, que entra en vigor en marzo, aporte un poquitín más de claridad al sistema. Es decir, antes de que podamos comparar peras con peras y rendimientos con rendimientos.
De aquí al 28 de marzo, lo mejor es quedarse en la afore en que uno está. El año pasado todas tuvieron rendimientos igual de mediocres. El promedio fue de 6.79% y hubo algunas con rendimientos de 5.6%. Y eso con la inflación. O sea que el rendimiento real fue de 3%. A ese paso, habrá que jubilarse en el año 2078.
Después de esa fecha, la Consar va a presentar un índice de rendimiento neto, en el que tomará en cuenta cómo se han comportado las afores los últimos 36 meses y a eso le descontará una comisión única (nada de que unos cobran por una cosa y otros por otra). Pero creo que entonces también lo mejor será quedarse donde uno está, porque la afore es apenas una aspirinita para el problema que vamos a tener cuando seamos viejitos.
También desde marzo, y para los empleados menores de 26 años, las afores ya van a poder invertir más en la Bolsa de valores, es decir, que podrán obtener rendimientos de verdad, necesarios para la jubilación. Pero sólo 30% del total. Con todo y que son buenas noticias, lo mejor es olvidarse de la Afore y correr, ya, a abrir una cuenta individual de inversión más agresiva, que asegure que nuestra jubilación sea un poco más cómoda que la de la abuelita de Pepe el Toro.
20 de febrero de 2008
A pesar de lo que dicen muchas publicaciones, Nueva York todavía parece la capital culinaria del planeta. Ahí comer en el restaurante de moda, mientras más exótico mejor, es un deporte más socorrido que ir a las rebajas de Banana Republic.
No hace mucho, el Rosa Mexicano era el sitio del que todos hablaban, por su rico guacamole, tortillas recién hechas y el diseño de David Rockwell –el mismo del primer W neoyorquino-. Según me cuenta mi amiga Laura (hay que ver su blog en http://www.miblogestublog.com), la inauguración del Rosa Mexicano en Union Square fue sintomática de la transformación de Estados Unidos por la influencia hispana: un local, con meseras en patines, especializado en hamburguesas y leches malteadas, casi de la noche a la mañana se transformó en un local mexicano, de auténtica comida mexicana, no quesadillas o nachos.
El caso es que por fin conocí el Rosa Mexicano, frente al Lincoln Center. Y me decepcionó que la comida no fuera tan espectacular como el Topolobampo de Chicago. Alguien nos contó que ya no es del dueño original y que el chef anterior está en una nueva aventura abriendo restaurantes con Carlos Santana. Habrá que confirmarlo. Pero en tanto, algunas reflexiones sobre comer en estos lugares tan elegantes.
1. Cuál es el beneficio de salir. Cuando uno va a un restaurante no sólo paga por la comida, también paga una parte de la renta. Como nunca de los nunca tendré una casa con ventanas hacia Lincoln Center, con una decoración espectacular, a la mejor es bueno pagar ese día una fracción de la renta. La pregunta es cuánta.
2. Hay otro lugar de moda con comida mexicana. Se llama Toloache. No hay dogmas en gustos, pero creo que los sabores eran más delicados que los del Rosa. Tiene otra ventaja: está de moda. Ir a los lugares de moda me permite encontrarme con la gente de moda. Y estar en el mundo. Aquí la pregunta es ¿cuánto quiero pagar por pertenecer? Es difícil comprar un lugar en algún círculo social, como lo representa aquel capítulo de los Simpson en el que Marge tiene que adaptar un vestido Chanel. Si es demasiado caro, entonces no vale la pena pagar porque los demás se darán cuenta de que uno... sencillamente no pertenece.
3. Sin necesidad de hacer reservaciones meses antes, sin pagar la renta de la avenida 8, el Nueva York típico se encuentra en una cerveza y una pizza. Gran lección. No hay que esforzarse tanto para comerse una ciudad.
13 de febrero de 2008
El poder del dinero (propio) no tiene límites. ¿Qué tal si en lugar de gastar en autos super elegantes invertimos en paraguas?
¿Cómo, cómo? Sí, los paraguas pueden ser la solución al tráfico del DF. Los clasemedieros no tenemos paraguas porque no pensamos en caminar. El auto nos lo entrega el valet parking justo a la salida del restaurante, de ahí nos vamos al estacionamiento del trabajo, luego al del centro comercial y finalmente al de la casa.
Por culpa de que todos, empresas e individuos, preferimos gastar nuestro dinero en autos y en estacionamientos, hemos creado un gran círculo vicioso, que nos tiene a todos, frustrados, en medio de los embotellamientos.
La manera en que gastamos nuestro dinero es un voto para definir la sociedad que queremos. Como los ciudadanos amamos a nuestro auto, votamos en cierta forma para que Marcelo Ebrard salga con la ocurrencia de que construirá un megatunel de Santa Fe a Polanco. No hay ninguna otra opción, dice.
Pero en grandes ciudades europeas, los ciudadanos han votado con su dinero por el transporte público. Aquí el transporte público es algo folclórico, que sale en los cuentos de la Familia Burrón, con un montón de narices asomando por las ventanas de un atiborrado pesero, y que sólo usan los “pobres”. Ni pensar siquiera en bajar a 28 clasemedieros de sus respectivos autos para subirlos a un autobús... pero uno en el que se pueda viajar.
Si mi empresa está pagando un terreno para que yo estacione mi coche, si yo gasto 42 pesos diarios tan sólo en gasolina y pago estacionamientos y valet parkings a donde quiera que voy, por qué mejor el gobierno no me cobra, digamos, 28 pesos por subirme a un autobús cómodo y llevarme a mi trabajo mientras leo la sección de finanzas de algún periódico. ¡Ah, no! cómo va a suceder eso. Cobrar más en un transporte público sería dar un servicio de primera o de segunda. ¿Por qué no? ¿por qué destinar los recursos públicos a pavimentar los únicos camellones del país? (o por dónde creen que pasaría el tunel de Santa Fe a Polanco) ¿Por qué mejor no recabar el dinero de los que van en auto para liberar a las calles de autos?
Pero el mayor obstáculo a eso es que ni yo ni Marcelo Ebrard tenemos un paraguas, para caminar desde el transporte público al trabajo o a la casa, en caso de que llueva.
01 de enero de 2008
Hace poco creía que Guadalajara se había metido a un concurso para lograr la mejor imitación de Ciudad Juárez. Según yo, su avenida Mariano Otero era la parte piloto de ese experimento, para construir en forma desorganizada grandes bodegones rodeados de polvo y con la menor cantidad de árboles posible.
Después de una visita a Juárez tengo que cambiar de opinión. La ciudad está, como dirían los gringos, squeeky clean, o rechinando de limpia, aún en avenidas de colonias alejadas, algo que no puede presumir la Mariano Otero tapatía, en la parte que va entre lo que deberían ser dos orgullos nacionales, Expo Guadalajara y Plaza del Sol, y que está tapizada de botellas de Pet y envolturas de Sabritas y en donde el mayor logro arquitectónico es un Starbucks.
En Juárez la naturaleza se ve desde cualquier parte, con dos imponentes montañas areniscas que recuerdan que se está en medio del desierto. En Guadalajara todavía está ese cielo tan azul como lo celebraba Octavio Paz. En la ciudad fronteriza hay pocos árboles, porque está en el desierto. En Guadalajara hay pocos árboles ¿por?
Juárez se organiza, los yonques (recicladores de chatarra) ahora se ven como ordenadas plantas industriales. Hay por ahí algunos esfuerzos por hacer parques públicos (como el Central). Los nogales y las lilas están hoy como un recordatorio de que regresará la primavera. En fin, está tratando de embellecerse. Guadalajara, en cambio, se confía y se abandona. Una espectacular colonia, diseñada por Luis Barragán, luce desaliñada, con el único monumento de Goeritz de la ciudad invadido de graffiti.
Nunca nos damos cuenta de la riqueza que tenemos. Guadalajara se olvida de las casas diseñadas por excelentes arquitectos tapatíos, entre los cuales se cuenta Barragán, y sus habitantes se van a las nuevas colonias, a vivir entre bardas y a pasar horas en un tráfico innecesario, en una avenida que se convirtió en un páramo y que ahora su desorientado gobernador quiere hacer un territorio libre de peatones (por lo menos los fines de semana: ¿qué persona decente quiere cruzar la calle que lleva a las casas de los ricos?).
La terca decisión de vivir en un suburbio, sin parques públicos ni lugares de convivencia, encerrados en guettos a los que no pueden llegar los que no son GCU (gente como uno), está arruinando nuestras ciudades. Y es una decisión de cada quien. ¿por qué comprar en lugares carentes del mínimo gusto arquitectónico para construir en cada centímetro cuadrado y no tener jardín? ¿Por qué tirar jacarandas y tabachines para, en el mejor de los casos, sustituirlos por cipreses que no dan sombra?
Todavía estamos a tiempo de recuperar las joyas arquitectónicas de ciudades como Guadalajara. No dudo que la olvidada Colonia Moderna, por ejemplo, tenga algunas gangas en una zona que podría recuperar su dignidad urbana.
24 de enero de 2008
Quien sea inversionista se habrá hecho esa pregunta: “¿cómo pude ser tan idiota?”, según dice el autor del libro Your Money and Your Brain (Jason Zweig) y vaya que hay ocasiones para hacerlo. Cuando empecé este blog, propuse destinar 2,000 pesos mensuales a un fondo, para dentro de dos años irme con mi esposa a Singapur.
La propuesta fue invertir en ST&ERD, un fondo que destina dinero a la Bolsa Mexicana de Valores. Y cometí, en muy poco tiempo, los clásicos errores de un inversionista novato:
1. No diversificar. Al poner todo el dinero en el mismo fondo, me expuse a las ganancias que pudiera obtener quien lo administra, alguien que por cierto es reconocido como uno de los mejores manejadores de fondos de México, si no es que el mejor. Pero las reglas del fondo son muy claras: debe invertir en acciones de empresas mexicanas con la intención de ganar más que el promedio de la Bolsa. siguió las reglas, pero en una época en que sólo se dieron pérdidas. Del 15 de diciembre al 23 de enero, este fondo perdió 10%. O sea que si yo puse 2,000 pesos, ahora tengo 1,800 pesos, en caso de sacar el dinero porque me dio miedo.
2. Revisar a cada rato el rendimiento. Es parte de las reglas de este juego, ver cómo le va el dinero cada mes, pero normalmente lo que uno debe hacer es esperar.
3. Asustarme. Momento, todavía no saco el dinero. Ahí lo voy a dejar y ya veremos cómo le va en 2 años. En sentido estricto, no he perdido.
Pero ahora lo que sigue es rebalancear mi portafolio. Al principio del juego, Miguel Cortés, de Skandia, me hizo el favor de recomendarme algún fondo de renta fija. Si tan sólo le hubiera hecho caso... Tampoco es para romperse las vestiduras ni de ver lo que habría ganado si hubiera... Me decía mi loquero que el “hubiera” es el pasado pluscuamperfecto del verbo la regué (él lo decía más feo). Todavía estoy a tiempo de corregir. Los siguientes 2,000 pesos van a otro fondo, el GBMF3, serie BF de mediano-largo plazo. Y, como quedamos, ya veremos dentro de un mes.
De lo que sí estoy seguro es de que en caso de que no consiga lo que cuestan 5 noches de hotel más un viaje a Singapur, no iría. Esa es la maravilla de esta meta, que puedo vivir sin ella. El problema es cuando el ahorro se hace con una meta inaplazable en mente. Ahí sí, no se vale entrar en riesgos con la esperanza de obtener buenos rendimientos.
23 de enero de 2008
¿Cuál de los siguientes temas no tendría por qué afectar mis decisiones a la hora de invertir?
¿Será Heath Ledger el nuevo James Dean, que murió joven porque había que dejar un bello cadáver?
¿Será el Fabiruchis el Britney Spears mexicano?
¿Cuánto más caerán las Bolsas europeas?
¿Sabía que el precio de los bienes raíces en Estados Unidos ha sufrido una corrección de 26% en casi dos años?
¿La recesión de Estados Unidos será aún mayor que lo que se había previsto a principios de año?
Casi todas esas cuestiones pueden tener el mismo peso en mi cartera de inversión, pensándolo bien. Son anécdotas que no tendrían por qué quitarme el sueño, más allá de por qué tiene que morir un joven de 28 años candidato al Oscar, o por qué los medios mexicanos no encuentran otra historia tan truculenta como la del presentador. Pero a muchos inversionistas algunos de estos temas les quitan el sueño.
Si el precio de los bienes raíces cayò tanto, tal vez sería tiempo de invertir en Estados Unidos. Sí, pero en dónde. Si la recesión viene fuerte, sería bueno esperar unos dos o tres meses para invertir en la Bolsa Mexicana o en la de Estados Unidos, y protegerse mientras con fondos de renta fija. Sí, pero en cuáles.
¿Tan especializados estamos ya a la hora de tomar las decisiones? En una reunión con inversionistas aquí en México, una directora de inversiones de SEI –compañía que maneja fondos de inversión–, Kristen-Boling, trajo un mensaje tranquilizante: antes de analizar tan a fondo lo que está pasando ahí fuera, más vale analizar qué está pasando con uno mismo, para qué quiere invertir, cuándo va a necesitar el dinero.
Presentó una tabla como ésta,
; que ya se había publicado en Expansión en septiembre del año pasado (gracias a Compass, que tiene fondos de SEI en México). Se trata de un cuadro que ayuda a definir las prioridades. Va desde las cosas muy necesarias a las simplemente deseables. Ordenadas según el tiempo que se puede o se debe esperar para conseguirlas. Una vez que el inversionista define eso, la gente de SEI, o de JP Morgan o de donde sea, ya puede tener una idea de cuánto tiempo tiene para madurar la inversión de alguien. Ese alguien tendría que dejar de preocuparse por la Bolsa de Shanghai o de Madrid, pero sí, definir desde un principio cuánto quiere invertir y en dónde.
Kristen Boling dice que un piloto tiene que saber cuál es el mejor camino para llegar a un lugar, pero no puede garantizar que en el camino no habrá turbulencias. En todo caso, puede decidir cambiar de ruta o de altura para reducir las turbulencias, pero lo que no debe perder de vista es el objetivo. Eso es lo que se supone que debe hacer un inversionista: pensar en el objetivo y no estar cambiándolo sólo porque se encuentra algunas turbulencias ahora.
Y ¿por qué el título de este artículo? Boling recomienda un libro, Your Money and Your Brain, que empieza justo con esa frase: “¿Cómo pude ser tan idiota”. El autor del libro, Jason Zweig dice que si nunca se ha hecho esa pregunta con furia es porque no es un inversionista. El libro, que me propongo leer, promete dar claves para utilizar los ùltimos descubrimientos de la neurociencia como una ayuda para hacerse rico.
Por cierto, alguien preguntaba dónde puede invertir 6,000 pesos. La respuesta corta puede ser que en una distribuidora de fondos de inversión. Pero antes debe preguntarse: 1. Cuándo necesitará ese dinero. Si lo necesitará antes de un año, más vale ponerlo en un fondo de renta fija.
2. Para qué lo quiere. Si es, por ejemplo, para un viaje que igual puede aplazar, por qué no esperar a que obtenga rendimientos. Puede vivir un rato sin ese viaje, de manera que podría invertir en algo con mayores ganancias, pero con un horizonte más largo.
3. ¿Está segura que puede disponer de él? Porque si tiene deudas, más vale deshacerse de ellas (no de un crédito hipotecario, porque hay penalizaciones por adelantar pagos). Difícilmente se pueden obtener ganancias que superen las tasas de interés por un crédito no pagado.
21 de enero de 2008
En una época tan poco heroica como esta (y qué bueno que lo sea), quedarse sin trabajo es una de las grandes tragedias de la clase media. No hablo de alguien que pierde su empleo en situación de pobreza, no, nada más alguien con toda una red de familia clasemediera que le ayudará a recuperar, más o menos, la posición y a pagar las colegiaturas de los hijos.
Con todo y lo tragedia que es –ya se sabe: uno deja su rutina, ya no se toma su cafecito con los compañeros ni es un importante gerente que le saca brillo a los dientes todas las mañanas– no conozco a nadie que pueda contar esa pérdida con emoción. Hablar de desempleo en una fiesta es tan aburrido como de un dolorcito en la espalda.
El caso es que el empleo se pierde. Según Richard Bolles, el autor de la bibilia de los desempleados de Estados Unidos, “What Color is your Parachute”, una persona cambia de empleo un promedio de 8 veces en la vida. A veces sólo cambia de empresa para hacer lo mismo que antes, a veces da un brinco para llegar a algo radicalmente distinto.
¿Qué tan preparados estamos para uno de esos cambios de empleo? Siempre me he preguntado qué piensan los cobradores de estacionamientos ante las máquinas que lo hacen en forma automática. ¿Habrá algún programa de capacitación para ellos, de manera que puedan hacer otra cosa? Lo más seguro es que la empresa que los contrató no lo tenga.
1. Sin ser tan trágicos. ¿Tenemos un programa para hacer otra cosa en caso de que lo nuestro ya no sea importante? ¿Cuándo fue la última vez que tomé un curso para aprender a hacer algo diferente?
2. ¿Cómo sabemos que lo nuestro, más que pasión por un trabajo, es rutina?
3. ¿Cuánto tenemos ahorrado para enfrentar un momento de desempleo? La empresa está obligada a dar una indemnización como de 3 meses de sueldo. Y eso , obviamente, no alcanza para aguantar un año sin trabajo.
4. Y ¿cuánto tenemos para el retiro? Por cierto, el nuevo argumento de venta de las afores ya no es que recuperan el dinero del SAR, sino que ofrecen un plan personal de retiro, que además es deducible de impuestos. ¿En verdad conviene contratarlo? Habría que ver cuántos rendimientos dan, porque, por lo pronto, las afores son más aburridas que ese dolorcito de espalda.
Hay una excepción: si hay alguien que cuenta en forma interesante su despido. Hace no mucho, en la revista New York, James Atlas publicó un capítulo de su libro “My Life in the Middle Ages” en el que cuenta con emoción lo que le pasó cuando perdió su empleo.
16 de enero de 2008
La última vez que vi la bolsa mexicana hoy, su principal índice había perdido más de 2%. No lo entiendo, pero lo más seguro es que muchos inversionistas correrán a sacar sus inversiones de la bolsa, convencidos de que una vez más se demuestra que nunca debieron poner ahí su dinero. Esta es apenas una de las formas de amargarse la vida.
1. Ver todos los días los resultados de la bolsa, especialmente estos días. Eso es puro morbo. Si alguien tiene un fondo con el índice de la bolsa, habrá perdido hoy, este mes y tal vez los últimos dos meses. Y eso es muy relativo: habrá perdido sólo si se sale hoy. Pero habrá ganado 120% en los últimos 3 años. Mejor cambie de canal (aunque con los guionistas de Lost tan perdidos como están ahora, entiendo que quiera seguir viendo Bloomberg Television). Sálgase, si quiere, cuando pueda vender con ganancia, de eso se trata.
2. Sacar el dinero de la bolsa porque está perdiendo. O sea que ¿lo mejor es vender cuando está todo barato?
3. Vender la casa cuando el vecino de al lado pone un letrero de “se vende”. Es la mejor manera de tumbar el precio de ambas viviendas.
4. Decirle al jefe que sabe una mejor manera de hacer las cosas que las que él propone.
5. Pegarse repetidamente en la cabeza con la pared. (estos dos últimos consejos son de Dilbert http://www.dilbert.com)
En lugar de eso, tal vez sea mejor:
1. Rebalancear. No vender los fondos que ya tiene en la bolsa, sino invertir en otras cosas y cambiar el portafolio. No se ve que la bolsa vaya a terminar de bajar en lo que queda del mes, así que tal vez convenga esperar e invertir en renta fija (deuda) o en otra cosa, y después invertir en la bolsa. Va a subir, de todos modos.
2. Estudiar más alternativas. Mientras que como buen viejecito les dice a los jóvenes impetuosos “ya ven cómo la bolsa es riesgosa”, alguien está ganando... al invertir en la bolsa o en otros mercados bursátiles.
3. Esperar. Si ya tiene la inversión en bolsa y todos los demás están vendiendo, espere a vender cuando los demás estén comprando. ¿Que necesita el dinero con urgencia? Esa es una lección: el portafolio tiene que estar diversificado siempre, para asegurar la liquidez al mismo tiempo que se buscan buenos rendimientos.
15 de enero de 2008
En el viaje a Acapulco, la tarjeta Iave mostró sus ventajas. El carril especial permitía saltarse las largas filas de los vacacionistas. Pero pocos días antes, el 25 de diciembre, esta tarjeta resultó un fiasco.
Pagué 170 pesos por tener el privilegio de desembolsar cerca de 500 pesos más que el resto de los automovilistas. En la Maxipista Guadalajara-Morelia, el día de Navidad todas las casetas fueron gratis... Sí, pero sólo para los que no traían la tarjeta Iave. Para los tontos creyentes en la tecnología se cobró automáticamente la cuota.
Una vez recibido el estado de cuenta de la tarjeta, donde compruebo que me cobraron, escribo al centro de atención a clientes de Iave y me contestan de inmediato. Con la mala respuesta. Que necesitan mi número de cliente para ver el video de por cuál caseta crucé (por la única abierta, ¡Dah!) y una vez que hagan la “revición” (como escribe en su particular ortografía el representante de la empresa), pedirle a Capufe que devuelva el dinero.
O sea que la tecnología sirve para trabajar doble. Pague ahora, revisamos el video y, si acaso, le regresamos el dinero.
10 de enero de 2008
Hace poco, Expansión publicó una encuesta entre sus lectores sobre el grado de satisfacción con los bancos. Casi todos los bancos salieron reprobados.
Qué raro. Los bancos son, quizá, las empresas con más oportunidades de conocer a sus clientes. Mi banco, por ejemplo, sabe mi edad, más o menos cuánto gano y cuánto gasto. Podría adivinar que necesito un plan de retiro o alguna otra forma de ahorro. No me la ha ofrecido en más de 10 años.
En cambio, cada mes me llegan ofertas para comprar auto, casa o refrigerador. Ahora mismo, con una sola firma, podría tener un crédito de 250,000 pesos, con una tasa de alrededor de 15% para cambiar mi auto (que cambié en septiembre).
La moraleja es que antes que confiar en mi banco debo cuidarme de él:
1. Las ofertas de crédito no tienen que ver con mi nivel de ingresos. ¿Créditos para el consumo? ¿Por qué tendría que pagar cuando menos 15 o 16% más por un refrigerador (sin contar el 2% de apertura).
2. Las comisiones. Si se paga el teléfono o la luz con la tarjeta de crédito por internet, el banco asume que uno está disponiendo de efectivo, y por tanto cobra una comisión, tan alta como 8%, sin avisar absolutamente nada. Qué conveniente. Así que por una cuenta de 696 pesos hay que regalarle 55 pesos al banco.
3. Los cobros automáticos de algunos servicios, como Libra. Si tengo un seguro de auto, más el servicio de Honda, ¿por qué debo pagar 30 y tantos pesos mensuales?
La cuestión es que no hay una autoridad que nos defienda de nosotros mismos. Si el banco nos hace estas cosas, es porque nos dejamos.
