Columna invitada

¿Sostenibilidad o sustentabilidad?

Carlos Miguel Barber Kuri advierte la necesidad de enfrentar la insuficiencia de recursos naturales; el Vicerrector Académico de la Universidad Anáhuac México Sur plantea emular a la naturaleza.

Por: Dr. Carlos Miguel Barber Kuri * |
Domingo, 24 de mayo de 2009 a las 06:00
El autor considera que no es viable atender lo social y lo económico ignorando el tema ecológico. (Foto: Archivo)
El autor considera que no es viable atender lo social y lo económico ignorando el tema ecológico. (Foto: Archivo)

En el artículo titulado "¿Qué es sustentabilidad?, Margarita Barney de Cruz, citada por L. Wolfernsberger Scherz (2005), advierte que la expresión "desarrollo sostenible o sustentable" es un anglicismo que proviene del concepto sustainable development.

Pero la expresión sajona sustainable no tiene la misma connotación que el término en español que se refiere a sostener o sustentar, cuyo significado, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, corresponde al de "mantener firme un objeto, prestar apoyo, mantener una cosa en un medio o un lugar sin dejarlo caer o haciéndolo muy lentamente,.., tolerar, conservar una cosa en su ser o estado"... 

Por otra parte, para el vocablo inglés su acepción corresponde a una notación dinámica y positiva: To keep going continously, endure, without giving way, lo que significara avanzar continuamente, perseverar en el esfuerzo, resistir sin ceder. 

Es así como la expresión inglesa se refiere a un proceso cuyo ritmo hay que mantener. Es una concepción dinámica, no estática y, por tanto, dicha palabra inglesa se refiere al esfuerzo necesario que se debe aplicar para que un proceso dinámico se mantenga superando los escollos que pueda encontrar, obligando  por lo tanto, a la identificación de las condiciones necesarias para que el sistema no sólo sobreviva sino para que pueda seguir avanzando.  (P. Bifani, 1993).

De todo lo anterior, se puede interpretar que la palabra "susteinable" ha sido erróneamente traducida al castellano como "sustentable", cuando dicho vocablo en realidad no existe en este último idioma, independientemente de que cada día sea más utilizado.  (L.M. Guerra, comunicación personal, marzo 2009).

Por otra parte, el término "sostenible" se vincula normalmente con la palabra desarrollo, articulándose entonces como "desarrollo sostenible o perdurable", el cual involucra el satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades. 

El Q. Luis Manuel Guerra (comunicado personal, marzo 2009), retoma el hecho de que la sostenibilidad llama la atención cuando, en el siglo pasado, se comenzó a calcular el capital ecológico que estaba costando el entonces actual modelo del "desarrollo estabilizador", entendiéndose éste como la propuesta de desarrollo en donde el simple crecimiento económico estaba referenciado al producto interno bruto (PIB) que supuestamente garantizaba el avance de la sociedad que registraba cada uno de los países.

En dicho análisis se observó que la sociedad humana estaba ya comenzando a utilizar en exceso los recursos sin permitirle a la naturaleza reponerlos. 

Si bien éste no es propiamente un problema que haya nacido en la actualidad, cierto es que en los últimos años el fenómeno se ha intensificado.

Lo anterior conlleva a la necesidad de encontrar una nueva forma de desarrollo económico, tal vez inédita, que permita satisfacer las necesidades básicas humanas sin poner en riesgo los recursos.

El discurso del Q. Guerra continúa reconociendo que el ser humano no va a regresar a formas referentes al manejo de los recursos que ya se hayan aplicado, por lo que es emergente el encontrar aquella "fórmula" que permita que el manejo de los recursos no sea, al final del balance, deficitario.

Si se hiciera un ejercicio de cuántos recursos naturales son requeridos por una sola persona de nivel medio alto de los países desarrollados, y si se generalizara que dichos requerimientos son uniformes para todas y cada una de las personas que integran la población del mundo, podría llegarse a la conclusión de que los recursos actuales son insuficientes.  ¿Cuántos litros de agua, realmente, consume una persona al día?  ¿Cuántos watts son utilizados por una familia que cuenta con más de 50 focos en una casa, más de 4 televisiones de plasma? Por citar algunos ejemplos entre otros.

De aquí se desprende la existencia de dos posibles caminos a seguir: o bien, limitar el desarrollo como actualmente se ha concebido o simplemente cambiar la forma como reconocemos nuestras expectativas. Tal vez una solución podría llegar a ser el emular la forma cómo actúa la naturaleza.

En cualquiera de los casos, se debe ser consciente de que  la naturaleza, cuando hay un desequilibrio, ésta tiende a corregirlo. (Lawrence Bender, Laurie David. 2007. La verdad incómoda. Una advertencia global. Paramount Pictures). Ejemplos de lo anterior hay muchos: la forma como los excesos de la sobrepoblación de las hormigas son regulados con el nacimiento de más osos hormigueros en Sudamérica; el control del exceso de población de los roedores en Australia arrojándose por ellos mismos a los acantilados;  la regulación en el  incremento o decremento del  índice de la natalidad de las aves migratorias que asientan en los criaderos naturales de las islas del Mar de Cortés en función al alimento disponible, entre otros.

En cualquier caso,  se ha demostrado que en algunos lugares del mundo, el homo sapiens está sacando más "dinero del banco natural de lo que realmente tiene" (L.M. Guerra, comunicación personal, marzo 2009), y es necesario tomar acciones si se desea corregir el rumbo.

Tal vez el primer punto corresponda a concientizar la relación que existe entre el hombre y la naturaleza.  ¿Se deberá ver desde una visión panteísta o será más bien un análisis que deba centrarse desde un punto sólido y referencial antropocéntrico?

Saber cuáles son las necesidades básicas y legítimas del ser humano, aprender el manejo adecuado de los recursos permeado desde una política de Estado contundente y consistente, de parte de las naciones, es lo que realmente necesita el hombre para llevar a cabo en su misión. Pueden ser tres de las interrogantes más apremiantes que den luz sobre el camino que se deba seguir al respecto.

Perderse probablemente en el debate epistemológico, entre diversas concepciones filosóficas o bien, quedar atrapado entre diferentes intereses económicos y/o políticos, podría ser el freno que ha detenido la acción de la intensión a lo largo de ya varias décadas.

Sin embargo, varios esfuerzos se han llevado a cabo para entender el concepto, a fin de lograr una sola concepción y hacer que las acciones converjan hacia un mismo fin.

Así, en el siglo pasado, el concepto de desarrollo sostenible fue formalizado por primera vez en el documento conocido como Informe Brundtland, Nuestro Futuro Común (1987), el cual fue resultado de los trabajos realizados por la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas,  Comisión que fue constituida en 1983. 

Posteriormente, del 3 al 14 de junio de 1992, se celebró la conferencia en la ONU sobre medio ambiente y desarrollo, misma que correspondió a  la segunda "Cumbre de la Tierra", en Rio de Janeiro.  Ahí se dio origen a la Agenda 21, donde fueron aprobados los Convenios sobre el Cambio Climático, el Convenio sobre la Diversidad Biológica, la Declaración de Río y la Declaración de Principios Relativos a los Bosques. 

Fue en este foro donde se comenzó a dar amplia publicidad al término desarrollo sostenible al público en general y, cabe citar, que precisamente ahí fue donde se modificó la definición original del Informe Brundtland, misma que estaba centrada en la preservación del medio ambiente y el consumo prudente de los recursos naturales no renovables, hacia la idea de los tres círculos que debería conciliarse en una perspectiva de desarrollo sostenible: el progreso económico, la justificación social y la preservación del medio ambiente  (Wikipedia, 5 marzo 2009).

Dicha esquematización podría representarse con el siguiente diagrama en donde se entrelazan los tres círculos que representan las áreas arribas descritas en materia ecología, economía y social.

Describiendo la mecánica operativa del diagrama arriba presentado, se observa que la zona en común de las tres  áreas tendría por consecuencia el desarrollo sostenible, pero siempre y cuando, realmente se dé atención a dichas áreas en su totalidad de manera consistente. 

Por lo tanto, si alguna de las áreas llegara a omitirse se tendría otro tipo de desarrollo y no así el sostenible. 

Así, por ejemplo, si se tocaran solamente los aspectos ecológicos y sociales se podría tener un desarrollo "soportable", pero ¿podría ser sostenible a largo plazo?  La respuesta sería no, ya que se habría omitido el reconocimiento del aspecto económico, lo que hace que este modelo no sea ni viable ni necesariamente equitativo. Ello podría ilustrarse, por mencionar alguna experiencia, el fenómeno que sucede en el poblado de Calvillo, Aguascalientes así como en el de Minería de Pozos, Guanajuato.  Ambos asentamientos se encuentran ubicados en territorios bien espaciados guardando un estrecho diálogo con la naturaleza.  En el primero de ellos la producción de guayaba resulta ser de gran interés pues las condiciones climatológicas hacen que se dé una fruta de excepcional calidad a gran volumen.  Por el otro lado, en Minería de Pozos existen diversos y variados minerales viables de ser extraídos en gran cantidad a baja profundidad.  En ambos casos los precios de los productos resultan ser muy atractivos por la oferta que generan, no obstante, los dos poblados se encuentran retirados de las ciudades capitales y las vías terrestres de comunicación no están en muy buenas condiciones, lo que hace que los costos de salida de los productos sea muy altos.  El no poder atender la variable económica de la definición anteriormente vista hace que el modelo sea soportable, más no sostenible, pues no lo hace económicamente viable al mismo tiempo que tampoco resulta equitativo, pues los habitantes de esta región deben pagar más para sacar sus productos al mercado por lo que los pone en desventaja en un contexto competitivo con respecto al precio de los productos que ofrecen. Éste es el motivo por el cual dichos poblados no han podido desarrollarse o crecer aún más, y por lo contrario, tienden a disminuir.

Si se atendiera exclusivamente las áreas relativas a los temas sociales y económicos se estaría cayendo en un equilibrio, pero al desconocer el tema ecológico, esta interrelación no sería ni soportable ni viable. ¿Cuántas veces no se ha visto como los asentamientos humanos se colocan en zonas cuyo capital ecológico es invaluable pero al ubicarse de manera desordenada, sin planificación urbana, lo que antes pudiera haber sido un "vergel" se convierte en poco tiempo en un "desierto"?  En la carretera vieja México-Cuernavaca, por ejemplo, la presión urbana resultante del crecimiento excesivo del Distrito Federal ha motivado la generación de dos nuevos poblados en zonas donde antes eran solamente ejidos o donde sólo había naturaleza por estar próximas al corredor biológico Ajusco-Chichinautzin, o bien, por corresponder a la zona limítrofe entre la Capital y el Estado de Morelos.  Estos nuevos poblados que, "inocentemente" inician con unas cuantas casas, se constituyen en terrenos donde los servicios y la posibilidad de desarrollo se ven limitados por la pobreza, la falta de servicios y el aislamiento que produce las distancias a las que se encuentran de las ciudades.  Peor aún es el efecto y consecuencias que generan en el medio ambiente y a la naturaleza además de que al ubicarse como "poblados satélites" invitan a unir a la Ciudad con dichas poblaciones, por lo que la destrucción del entorno está condenado en las siguientes décadas en caso de no hacer algo que planifique su expansión o que limite su crecimiento (como bien podría ser el que se adquiriera los predios contiguos a estas ciudades destinándolas para la protección ambiental).

Y, por último, si se estudiara sólo una relación entre lo ecológico y lo económico, omitiendo lo social, se tendría un modelo viable, pero no soportable ni equitativo, y por lo tanto no sostenible.  Veamos por ejemplo los desarrollos turísticos que se están colocando a lo largo de la Riviera Maya, en México.  Siendo paisajes paradisiacos, frente de un mar de excepcional belleza, con una naturaleza envidiable por su biodiversidad y abundancia, resulta ser un punto de gran interés para la industria hotelera la cual está creciendo a tasas impresionantes en esta región en los últimos cinco años.  No obstante, al no tomar en cuenta el aspecto social, ahora fácilmente se ve que se están instaurando cada vez más poblados cercanos a dichos hoteles así como también la creación de nuevos desarrollos inmobiliarios para aquellas personas que encuentran en dichos puntos turísticos sus fuentes de trabajo, o bien, para seguir explotando la belleza del lugar pero a costa de una presión periférica mayor que está impactando directamente a la selva baja mexicana y la naturaleza endémica de esta región.  Este modelo es, por ende, no soportable.  Al mismo tiempo, al situarse sólo en función al móvil que resulta lo atractivo de la relación ecológica-económica pero sin tomar en cuenta lo social, se generan grandes diferencias sociales y económicas marcadas aún más por las brechas que se vislumbra  entre los ostentosos hoteles y la pobreza de los nuevos asentamientos urbanos, lo cual resulta ser no equitativo.  En pocas palabras, este enfoque se posiciona entonces como no sostenible.

Por otra parte, y de manera paralela, otros renombrados autores han continuado escribiendo sobre el tema, pero haciendo otro tipo de precisiones o teniendo un enfoque diverso sobre lo que significa la sostenibilidad y la sustentabilidad.

Enrique Leff (2002), por su parte, inició textualmente su libro "Saber Ambiental: Sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder"  diciendo que "la degradación ambiental, el riesgo de colapso ecológico y el avance de la desigualdad y la pobreza son signos elocuentes de la crisis de un mundo globalizado...   Hoy vivimos en un mundo de la complejidad, en el que se amalgama la naturaleza, la tecnología y la textualidad...  Tiempos de la hibridación del mundo - la tecnologización de la vida y la economización de la naturaleza-  de mestizaje de culturas, de diálogo de saberes, de dispersión de subjetividades, donde se está desconstruyendo y reconstruyendo el mundo, donde se están resignificando identidades y sentidos existenciales a contracorriente con el proyecto unitario y homogeneizante de la modernidad..."  (p. 11)

Estas ideas van de la mano con la propuesta de reconocer al desarrollo sustentable como aquel que "satisface las necesidades de la población actual sin comprometer la capacidad de las generaciones venideras". (Comisión Mundial del Medioambiente y el Desarrollo: "Nuestro Futuro Común").     (María Eugenia Castro Ramírez, P. 21).  (G. Milián Ávila, 1999).

De estas propuestas se sigue el hecho de que el desarrollo sustentable debe visualizar tres elementos:

Que esté inscrito en un entorno físico al que se le denomina hábitat. Que esté inscrito en el tiempo y en la historia, por lo que debe permanecer. Y que deba inaugurar una nueva era de prosperidad sustentable, es decir, es transmisible y patrimonial.  (Marc Gossé. El Desarrollo Sustentable: Del Peonasmo a la Metáfora.  P. 9.)

Finalmente, todas estas ideas coinciden en que los términos sobre desarrollo sostenible y/o sustentable correspondan al hecho de satisfacer las aspiraciones de desarrollo de las personas de hoy en día, salvaguardando  el derecho de las generaciones futuras a hacer lo mismo en entornos sanos y humanos. (Reunión Intergubernamental sobre los Asentamientos Humanos y el Desarrollo Sostenible, La Haya, 5 al 9 de noviembre de 1990).

Estamos frente a un tema que implica claramente la necesidad de ser atendido inmediatamente.  De alta repercusión, vigente, trascendente, pertinente y con gran envergadura.

Las decisiones y acciones que del análisis actual se realicen, tendrán impacto directo en la forma como se definirá al hombre, su relación con la naturaleza y la pronta recuperación del medio ambiente en el cual estamos insertos.

* El autor es Vicerrector Académico de la Universidad Anáhuac México Sur, y fue dirigido por la Mtra. Marcela Zapata Meza. 

BIBLIOGRAFÍA

MILIÁN ÁVILA, Guadalupe. (1999). "La Sustentabilidad y las ciudades hacia el siglo XXI".  Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Dirección General de Fomento Editorial. México.

LEFF, Enrique. (2002). "saber ambiental. Sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder".  3ª. Ed.  PNUMA. Siglo XXI Editores. Centro de Investigaciones Interdisciplinarios en Ciencias y Humanidades. México.

WOLFENSBERGER SCHERZ, Lilly. (2005). "Sustentabilidad y desarrollo Suficiente Siempre".  Ed. Universidad Anáhuac del Sur. Ed. Miguel Ángel Porrúa. P. 93. México.

BIFANI, Paolo. (1993). "Desarrollo sostenible, población y pobreza: algunas reflexiones conceptuales". Educación ambiental y universidad, México, Universidad de Guadalajara.


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