Rectoría UNAM: los retos del sucesor
La primera universidad de Hispanoamérica tendrá en noviembre su rector número 40. Conoce a los seis
A Juan Ramón de la Fuente sólo se le ha reprochado su "exceso de carisma" (Notimex)
Empresas quieren programas educativos acorde a las necesidades produtivas. (Notimex)
Hoy, de sus 73 postgrados 25 figuran ya en el padrón de excelencia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT); y quizá lo más importante para una UNAM que se vino abajo por el tema de las cuotas universitarias: Juan Ramón de la Fuente logró duplicar el presupuesto federal que él recibió en 1999 (8,500 mdp) en comparación con la partida que le fue asignada en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2007 (17,724 mdp).
En estos ocho años, la Universidad Nacional Autónoma de México a través de sus profesores, investigadores y estudiantes, obtuvo más de 700 premios y distinciones internacionales, mientras que el número de becas destinadas a alumnos de bajos recursos y de alto rendimiento supera las 20 mil.
El último gran logro en la doble gestión de Juan Ramón de la Fuente fue la designación del Campus Universitario como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Queda menos de un mes entonces para que el máximo órgano interno universitario estudie y evalúe los proyectos de los candidatos. Al próximo rector le queda como legado la inauguración del Museo Universitario de Arte Contemporáneo, que no pudo llevarse a cabo en este último periodo de la rectoría.
Pero le queda también como comisión, consolidar el tema del financiamiento público, reactivar la vida democrática interna, y realizar finalmente el Congreso Universitario para conjurar de una vez por todas el fantasma de la huelga de 1999.
Finalmente, si a la UNAM le esperan nuevos tiempos, el nuevo administrador general universitario, deberá también lograr una gestión menos centralizada que la de Juan Ramón de la Fuente, a quien en todo caso, se le ha reprochado tener un exceso de “carisma”, con un mandato que concentró demasiada fuerza en la figura del rector, -necesario en su momento-, pero que una vez salvados los obstáculos, es un estilo que ahora opera quizá, en detrimento de la comunidad universitaria en general.
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