La evolución de las firmas automotrices
Después de la Segunda Guerra Mundial, la verdadera contienda siguió sobre 4 ruedas.
El Corvette llamó la atención en los años sesenta con sus versiones distintivas, como las luces traseras que parpadeaban en la noche. (Foto: Cortesía SXC)
Ford continuaba con sus tres líneas: el lujoso Lincoln, el Mercury para niveles medios y los Ford tradicionales para el gran mercado. Chrysler, por su parte, seguía con sus grandes buques insignia y los vistosos DeSoto para atender a consumidores de gran poder adquisitivo, mientras que con Plymouth y Dodge atendían al mercado más competido.
Packard seguía posicionado como el auto norteamericano más exclusivo y elegante, aunque la posguerra marcaría el inicio de sus problemas financieros.
Studebaker presentaba diseños muy adelantados, con perfiles de gran penetración aerodinámica y características que no serían abordadas por su competencia hasta una década después, pero en 1954 la marca se fusiona con Packard a fin de sanear las finanzas de ésta última y de hacer frente a la expansión de los tres gigantes.
Previamente, en el 53, Nash se había fusionado con Hudson para dar origen a la American Motors Corporation que, salvo la adquisición de Jeep en la década de los 70, pasó sin pena ni gloria, hasta ser absorbida por Chrysler y desaparecer a principios de los 90.
Como una muestra de la bonanza de aquel entonces, aquí dos ejemplos: Chevrolet lanza el Corvette y Ford el Thunderbird.
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