Cuidado si manejas a alta velocidad

Sufrir un choque a más de 120 km por hora equivale a que una persona caiga de más de 15 pisos; expertos en prevención de accidentes dicen que 1 de cada 4 impactos son por exceso de velocidad.

Viernes, 02 de abril de 2010 a las 06:00
CIUDAD DE MÉXICO (Notimex) — Los choques automovilísticos se equiparan a caerse de los edificios más altos del mundo, por ejemplo, conducir a más de 120 kilómetros por hora y estrellarse contra lo que sea equivale a que una persona se caiga de más de 15 pisos de altura.

De acuerdo con estudios internacionales, chocar a una velocidad de 50 kilómetros por hora es igual a caerse de un tercer piso; a 70 kilómetros, a precipitarse de seis niveles.

El director general del Centro Nacional de Prevención de Accidentes (Cenapra), Arturo Cervantes Trejo, señaló que este organismo de la Secretaría de Salud dará a conocer en breve, a través de folletos y trípticos, estos comparativos, con el fin de crear consciencia sobre el peligro de manejar con exceso de velocidad.

"El manejar con velocidad excesiva o inadecuada es el factor principal de al menos uno de cada cuatro accidentes (...) de hecho una velocidad elevada aumenta en 60% la posibilidad de que se tenga un accidente mortal", indicó el funcionario federal.

En entrevista, Cervantes Trejo destacó que los límites de velocidad también protegen a los peatones, pues a partir de 80 kilómetros por hora la probabilidad de que un peatón salga vivo es prácticamente nula.

"Esto se va acercando desde 20 o 30 kilómetros por hora, donde es de cinco a 10% la probabilidad de muerte, y conforme subas la velocidad llega a 100%" de que si se atropella a alguien éste pierda la vida, agregó.

Los estudios comparativos indican que si en carreteras, avenidas o vías rápidas, como Periférico o Circuito Interior, se conduce a velocidades de 140, 160 y 180 kilómetros por hora, un choque sería igual que caerse de 22, 29 y 36 pisos, respectivamente.

El superar esos parámetros, como por ejemplo conducir a 200 kilómetros por hora, equivale a caerse de 45 pisos, dos más de los que tiene la Torre Latinoamericana, que se localiza en el Centro Histórico de esta capital, y a 220 kilómetros por hora es igual a 54 pisos, uno menos de los que tiene la Torre Mayor de Reforma.

"Quién va a sobrevivir a una caída de siete pisos, nadie", expresó el funcionario federal, al exhortar a la población, sobre todo a los jóvenes, a que en vacaciones o fines de semana consideren que las calles de las ciudades y las carreteras del país no son pistas de automovilismo deportivo.

Otro punto que se debe considerar es que, de acuerdo con los expertos del Cenapra, ir a una velocidad elevada disminuye los sentidos y capacidad del conductor, y aumenta la probabilidad de cometer graves errores al volante.

Por ejemplo, 90% de la información que se requiere para conducir bien la tiene la vista, como ver el estado de la vía por donde se transita, así como señalamientos y velocidad, pero conducir muy rápido disminuye lo que se conoce como el campo visual útil y a ese efecto se le denomina "efecto túnel".

Además, circular durante mucho tiempo a una velocidad elevada propicia fatiga e incrementa la hostilidad y agresividad del conductor, debido a la tensión a la que está sometido, lo que afecta también la seguridad.

Otros aspectos que provoca el no conducir a una velocidad adecuada es que mientras más rápido se vaya, el detener un vehículo lleva más tiempo y se recorre más distancia, y es más difícil controlarlo ante una situación inesperada.

Afirmó que los límites de seguridad no se establecieron por capricho, sino que tienen como objetivo que las personas se desplacen con la máxima garantía de seguridad y fluidez.

La probabilidad de sobrevivir a un accidente a 120 kilómetros por hora es mínima debido a la reducción de la eficiencia de los elementos de seguridad del vehículo, como cinturón y bolsas de aire, mientras que en las vías las barreras de contención sólo resisten un impacto de 110 kilómetros por hora.

Los límites de velocidad son necesarios, y en México no se respetan: Al ver un símbolo que dice 90 kilómetros por hora la gente acelera al doble, sin estar conscientes de todos los riesgos que esto conlleva.

"Los límites de velocidad no son un capricho. Detrás de cada límite de velocidad hay una serie de criterios que incluye el diseño de la vía; el grado aceptable de la congestión que existe; las demandas del tránsito, tanto peatonal como motorizado; y el objetivo es que los vehículos se desplacen con la máxima garantía de seguridad y fluidez", concluyó.


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