Impuestos ecológicos: todo sea por respirar
La preocupación por el deterioro medioambiental se ha convertido progresivamente y de forma desigual en una prioridad para los gobiernos. Algunos países han implementado una serie de políticas medioambientales entre ellas medidas fiscales que incluyen un abanico de figuras impositivas con la finalidad de estimular e incentivas comportamientos más respetuosos con el entorno natural.
Estas medidas están llamadas a cumplir dos objetivos claramente diferenciados: por una parte la prevención y, por otra parte, la restauración de los daños ocasionados en el entorno natural.
Y he aquí el problema, si consideramos que no hay costo que pueda reparar la contaminación y el daño ambiental. El agotamiento de un recurso o de una especie no tiene correlación monetaria y finalmente no existe precio para la vida humana. Puede llegarse incluso a pensar que si pagas el impuesto puedes contaminar.
La introducción de una “ecotasa” para desanimar o minimizar el impacto de actividades contaminantes debe estar acompañada de otras medidas administrativas e incluso de criterios internacionales.
Según algunos medios el gobierno del Distrito Federal pretende aplicar al recibo del agua un impuesto de 5% para destinarlo a los dueños de los bosques que coadyuvan en la recarga de mantos acuíferos. El objetivo es dar incentivos a los propietarios de las tierras para que las cuiden y no las vendan a voraces inmobiliarias. Con los recursos que se recauden se crearía un Fondo de Pago por Servicios Ambientales para que de ahí fluya el dinero a los dueños de los bosques de acuerdo con el número de hectáreas que poseen.
El objetivo parece positivo pero a simple vista no parece reunir los elementos básicos de un gravamen y se enfrentará seguramente a que su legalidad sea cuestionada.
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