Más cerca de la libertad
Quiero dar la bienvenida a los liberados que hoy vieron su nuevo sol.
Hoy apreciaron la luz de una manera muy distinta: una persona que lleva años de cautiverio, vejaciones, humillaciones, sufrimiento, y lacerante hambre de libertad, cambia su percepción hasta en el detalle más nimio.
Me alegro por todos y cada uno de estos 15 seres humanos liberados en Colombia, me alegro por sus allegados, y me alegro por toda la Humanidad pues hoy es un poquito menos esclava.
El día en que cada uno de nosotros nos liberemos de los miedos que atenazan nuestra luz interior, dejaremos de tener miedo al futuro, miedo a nosotros mismos, miedo al otro, miedo a lo diferente, miedo a la incertidumbre que es en sí la vida. La libertad sólo es posible en ausencia de miedo, si bien la libertad está más allá de la falta de este infame compañero.
De miedo se alimenta el que se arroga el poder de imponer su voluntad a otro.
De miedo está rodeada la bondad que poseen los que han devenido en malvados.
De miedo están regadas las raíces más profundas... y el árbol, que supura miedo, se riega con su propia sudoración aterradora... y su frondosa sombra nos convence de que nos protege.
Hoy ha sido un deleite apreciar la caricia de una mirada, la mirada de alguien que ayer estaba atenazada por la desesperanza y de nuevo tiene la oportunidad de apreciar el sol con los mismos ojos de ayer si bien con diferente percepción, con una mayor esperanza.
Ojalá que Ingrid Betancourt y todos y cada uno de los liberados adquieran pronto su libertad verdadera pues ésta reside también en la mente y en las partes de su ser que no pueden ser confinadas por armas ni por alambradas ni fronteras... queda un largo camino para que se recuperen de los daños psicológicos de otra índole y sean capaces con el tiempo de abrazar su verdadera libertad.
Ingrid Betancourt ya está en el camino hacia ella al dar muestras de perdón y compasión hacia esos seres abyectos que retienen aún a cientos de seres humanos: todavía queda un gran trecho para tocar la libertad.
Es un deleite saber que una parte del sufrimiento ha cesado y que el perdón y el amor no se extingue del corazón del ser humano.
Mantengamos la esperanza en que esos seres atenazados por tanto miedo como lo son los secuestradores, perciban algún día cercano la luz de su propio ser.
Tener fe es un deleite. Mantenerla es vivir.
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