Cuidado con la tarjeta IAVE
En el viaje a Acapulco, la tarjeta Iave mostró sus ventajas. El carril especial permitía saltarse las largas filas de los vacacionistas. Pero pocos días antes, el 25 de diciembre, esta tarjeta resultó un fiasco.
Pagué 170 pesos por tener el privilegio de desembolsar cerca de 500 pesos más que el resto de los automovilistas. En la Maxipista Guadalajara-Morelia, el día de Navidad todas las casetas fueron gratis... Sí, pero sólo para los que no traían la tarjeta Iave. Para los tontos creyentes en la tecnología se cobró automáticamente la cuota.
Una vez recibido el estado de cuenta de la tarjeta, donde compruebo que me cobraron, escribo al centro de atención a clientes de Iave y me contestan de inmediato. Con la mala respuesta. Que necesitan mi número de cliente para ver el video de por cuál caseta crucé (por la única abierta, ¡Dah!) y una vez que hagan la “revición” (como escribe en su particular ortografía el representante de la empresa), pedirle a Capufe que devuelva el dinero.
O sea que la tecnología sirve para trabajar doble. Pague ahora, revisamos el video y, si acaso, le regresamos el dinero.
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