¡No se vayan!
Hace poco creía que Guadalajara se había metido a un concurso para lograr la mejor imitación de Ciudad Juárez. Según yo, su avenida Mariano Otero era la parte piloto de ese experimento, para construir en forma desorganizada grandes bodegones rodeados de polvo y con la menor cantidad de árboles posible.
Después de una visita a Juárez tengo que cambiar de opinión. La ciudad está, como dirían los gringos, squeeky clean, o rechinando de limpia, aún en avenidas de colonias alejadas, algo que no puede presumir la Mariano Otero tapatía, en la parte que va entre lo que deberían ser dos orgullos nacionales, Expo Guadalajara y Plaza del Sol, y que está tapizada de botellas de Pet y envolturas de Sabritas y en donde el mayor logro arquitectónico es un Starbucks.
En Juárez la naturaleza se ve desde cualquier parte, con dos imponentes montañas areniscas que recuerdan que se está en medio del desierto. En Guadalajara todavía está ese cielo tan azul como lo celebraba Octavio Paz. En la ciudad fronteriza hay pocos árboles, porque está en el desierto. En Guadalajara hay pocos árboles ¿por?
Juárez se organiza, los yonques (recicladores de chatarra) ahora se ven como ordenadas plantas industriales. Hay por ahí algunos esfuerzos por hacer parques públicos (como el Central). Los nogales y las lilas están hoy como un recordatorio de que regresará la primavera. En fin, está tratando de embellecerse. Guadalajara, en cambio, se confía y se abandona. Una espectacular colonia, diseñada por Luis Barragán, luce desaliñada, con el único monumento de Goeritz de la ciudad invadido de graffiti.
Nunca nos damos cuenta de la riqueza que tenemos. Guadalajara se olvida de las casas diseñadas por excelentes arquitectos tapatíos, entre los cuales se cuenta Barragán, y sus habitantes se van a las nuevas colonias, a vivir entre bardas y a pasar horas en un tráfico innecesario, en una avenida que se convirtió en un páramo y que ahora su desorientado gobernador quiere hacer un territorio libre de peatones (por lo menos los fines de semana: ¿qué persona decente quiere cruzar la calle que lleva a las casas de los ricos?).
La terca decisión de vivir en un suburbio, sin parques públicos ni lugares de convivencia, encerrados en guettos a los que no pueden llegar los que no son GCU (gente como uno), está arruinando nuestras ciudades. Y es una decisión de cada quien. ¿por qué comprar en lugares carentes del mínimo gusto arquitectónico para construir en cada centímetro cuadrado y no tener jardín? ¿Por qué tirar jacarandas y tabachines para, en el mejor de los casos, sustituirlos por cipreses que no dan sombra?
Todavía estamos a tiempo de recuperar las joyas arquitectónicas de ciudades como Guadalajara. No dudo que la olvidada Colonia Moderna, por ejemplo, tenga algunas gangas en una zona que podría recuperar su dignidad urbana.
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