Lo que me enseñó Salinas
Ahora que Salinas sacó su libro sobre la década perdida, me transporté a aquel día de diciembre de 1994, con el cambio de gobierno reciente, cuando estrené mi primer auto comprado a crédito. Mi mayor preocupación era que los demás se encandilaran al ver admirados mi brillante Golf dorado. Quince días después me preguntaba cómo le iba a hacer para pagar el crédito que se acababa de ir a los cielos, porque estaba amarrado a la tasa interbancaria de equilibrio, disparada tras la devaluación.
Siempre me impresionó cómo le hizo Zedillo para convencer a todo mundo de que la culpa había sido únicamente de Salinas –creo que ayudó que el presidente mexicano que más se ha parecido a Lex Luthor, por su imagen poderosa, se fuera por esos días, con su chamarra de borrego, a hacer una huelga de hambre en una casa de unos pobres de Monterrey– . Ahora Salinas en su libro, citando profusamente a La Jornada (nadie sabe para quién trabaja), dice que los neoliberales han sobrevaluado el peso –miren quién habla–, uno más de los errores que nos están llevando a la quiebra. Pero esa es otra historia.
Los años de Salinas y la devaluación de Ernesto Zedillo debieron servirnos para aprender algunas lecciones:
1. Antes de endeudarse, conocer más de qué depende lo que tendré que pagar. Los que nos endeudamos en los años de Salinas no sacamos cuentas de que la tasa de interés estaba ligada a factores cambiantes, sobre los que teníamos poca información –por ejemplo, aunque Salinas dice que es una blanca palomita, informaba sólo dos veces al año sobre las reservas del Banco de México, algo importantísimo para saber cómo está de fuerte la economía–. Ahora las tasas de los créditos al consumo son conocidas a lo largo del tiempo, pero hay otros factores que pueden cambiar y afectar nuestra capacidad de pago, por ejemplo si tendré trabajo el próximo año. ¿Los estamos analizando?
2. Ahorrar en diversos instrumentos. Hay quien se desgarra las vestiduras porque no tenía miles de dólares para cambiarlos a pesos al día siguiente de la devaluación. No hay manera de adivinar el futuro, así que más valdría no atormentarse. Lo que hay que hacer es diversificar. Los que viven esperando una devaluación, guardando sus dólares bajo el colchón, han perdido y perdido en términos de pesos.
3. Tener la capacidad de adaptarse. Siempre surgirá una crisis por ahí. Aunque ahora ya el presidente no es todopoderoso para que una mañana decida “corregir el déficit comercial”, como creyó Zedillo que estaba haciendo el 21 de diciembre, sin acordarse de que México debía un montón de dólares... aunque ya no depende de un solo señor, algo está por ahí acechando nuestro empleo: Se inventa una mejor manera de hacer lo que estamos haciendo, aparece un producto competidor, o sea que mi empleo o mi negocio pueden correr peligro. ¿Tengo la capacidad de cambiar de actividad? ¿Por qué no prepararme para una actividad alterna? Eso incluye tener los contactos para cambiar cuando sea necesario. O, mejor, ¿por qué no tener otra fuente de ingresos además de mi empleo?
Para recordar ese difícil 1994: Un libro, de Alma Guillermoprieto, que narra esa transición difícil de los años del último presidente todopoderoso a esta nueva forma de gobierno que todavía no terminamos de definir: “Los años en que no fuimos felices”
www.cnnexpansion.com se reserva el derecho a decidir qué mensajes incumplen estas normas y eliminarlos sin previo aviso.
Revisa los Términos y Condiciones de uso del website antes de comentar.



