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Ciudad de México. Viernes, 21 de noviembre de 2008 --
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Ni los centenarios son buenos

Por fin, los mercados me dan la razón. Siempre sospeché que no había mucha justificación para convertir los ahorros en centenarios y guardarlos en un rincón de la cocina, con la esperanza de que aumenten de valor.
El oro es el fetiche por excelencia de la humanidad. Es cierto, hay tan poquito y cuesta tanto trabajo sacarlo, que es lógico que aumente de precio siempre. Pero…
1.    No puede ser el único refugio para el ahorro. Supón que siempre destinas tus esfuerzos a comprar centenarios. Si estás ahorrando para dentro de 20 años, tal vez te sirva. Pero si necesitas el dinero de pronto, ¿qué tan fácil es volverlo líquido?
2.    Ahora resulta que no es tan seguro. Según un reporte de Merrill Lynch, en octubre el índice de metales preciosos cayó 18.78 por ciento. Hace dos semanas el centenario en México se vendía en 12,000 pesos, ahora (7 de noviembre) se vende en 11,700 pesos, es decir una pérdida de 2.5% en quince días. Pero ahí no termina la cosa. El banco compra el centenario a 10,700 pesos, así que en quince días habrías perdido ¡10.8%! Pérdidas así, ni en la Bolsa.
3.    Se maltrata, se pierde, alguien puede llegar y robárselo de la super caja de seguridad que contrastaste en Tecamachalco.
Lo que sí sirve del oro es que ayuda a esconder el dinero, a ponerlo lejos de tu alcance o de tus parientes gorrones, porque no te lo puedes gastar tan fácilmente como un fajo de billetes. Si quieres, date un lujo y cómprate tu centenario y no lo vendas hasta que se aprecie lo suficiente. O sea que no lo vendas ahora.


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El amero o el nuevo chupacabras


Claro, es una tontería que una empresa no deje a sus empleados usar Internet, porque es una herramienta indispensable que vuelve más productivo el trabajo. Pero sospecho que por ahí se han de ir miles de dólares (canadienses o estadounidenses o pesos mexicanos) por pérdidas de tiempo. Y la peor y más reciente es la nueva versión del chupacabras, que es el amero.

¡Qué video tan aburrido! Por favor, ya dejen de verlo y pónganse a leer Las mil y una noches, que tiene historias mucho más interesantes y creíbles: ahí vuelan por los aires los genios que antes estuvieron atrapados en botellas, y terribles mujeres se convierten en perros por la noche. Esas sí son buenas historias y no la babosada del señor este que descubrió que unos cuantos confabulados nos van a obligar a aceptar los ameros si es que queremos conservar algo de nuestro dinero tan difícilmente ganado.

Si el gobierno estadounidense tiene la fuerza para obligarnos a aceptar una moneda de menor valor, entonces ¿por qué no nos obliga a aceptar el dólar? ¡Ah! ¿Porque ya lo ha hecho antes?

Me insulta que alguien me pregunte si esto del amero a fuerzas es posible: la prueba irrefutable del baboso éste es que tiene un amero en sus manos, de un cargamento de 800,000 millones que Estados Unidos envió a China. ¿Tiene alguien una idea de qué tamaño tendría que ser un barco para cargar 800,000,000,000 de ameros, aunque sea en billetes de 1,000? Porque no todo estaría en billetes de alta denominación, dado que también estarían las monedas de chocolate que muestra el estúpido ese con cara de papa.



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No llores por él



¿Quién lo iba a decir? Antes para extrañar aquellos bellos tiempos, recordábamos lo que pasó hace cinco, 10, 20 años. Pero esta semana habrá muchos que extrañen el lunes 6 de octubre.
Aquel lunes sólo se esperaba que la Cámara de Representantes aprobara el plan de rescate de Bush, con lo que se supone que dejaría de caer la Bolsa y, tal vez, empezaría la estabilización del sistema financiero. Este viernes, los portales de internet y los canales de TV especializados están contando los cadáveres de la semana, que creo que es la de la mayor caída de la historia de Wall Street. Por cierto, si los reporteros de finanzas tuvieran que buscar otra cosa, serían contratados de inmediato como cronistas de béisbol, por su amor a las estadísticas.
El caso es que esta semana los morbosos que están calculando la fortuna de Slim la han visto caer y caer. Un solo ejemplo. El lunes compró acciones de Saks Fifth Avenue, que para el viernes ya valían 35% menos. Y ¿a quién se le ocurre ahora comprar acciones de una empresa que vende zapatos de Manolo Blahnik (a 700 dólares el par)?  ¿Cuánta gente cree que destinará su aguinaldo a comprarlo?
Slim compra, y eso que dice que ésta es la mayor crisis que le ha tocado vivir. Pero ¿cómo se le ocurre hacer eso?
Tengo algunas explicaciones.
1.    No está destinando toda su fortuna. Sabe que puede buscar oportunidades en el mercado, porque tiene una parte de su dinero protegida en inversiones mucho más conservadoras. De seguro no está poniendo en la Bolsa el dinero de la colegiatura de sus nietos.
2.    No está viendo lo mismo que todos. Mientras todos nos fijamos en las ocurrencias de un tesorero de Comercial Mexicana (que puso a la respetada cadena de supermercados en la quiebra), él está analizando cuáles empresas pueden tener fortalezas en el futuro. Todavía no entiendo la fortaleza de Saks, que a mí me parece una tienda aburrida, aquí y en Nueva York, pero yo no soy analista del mercado minorista.
3.    No está comprando por lo que lee en los periódicos. Así que no traten esto en casa. Hagan su propia tarea.
4.    Sus inversiones las está haciendo poco a poco. Sí, le apuesta a Saks, pero no compró todas las acciones el lunes. Compró ese día, y luego el miércoles y luego el jueves, cada vez a un precio menor. Si tú quieres comprar un fondo de inversión, podrías copiarle esta manera de entrar gradualmente. Así el precio promedio que pagas es menor.

 


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Y ahora, ¿cómo podrás defenderte?

Atención pasajeros del Titanic: viene un iceberg y en la cubierta 3 habrá clases de natación y de resistencia a la hipotermia.

Como sabemos ya es muy tarde para prepararse para esta crisis. Las imágenes de los operadores de Wall Street mesándose los cabellos son apenas una ligera premoción de lo que sucederá en nuestro país, sólo que los zacatecanos no serán tan teatrales ni tan fotografiados cuando dejen de recibir sus remesas.

Desde hace un año nos dijeron que la situación iba a estar muy fea, pero siempre nos están diciendo esas cosas. Demasiado tarde para lamentaciones, ahora busquemos algún salvavidas.

1.    Ponte a ahorrar ya. Lo más seguro es que no tengas ahorrados tres meses de tu sueldo como un fondo de emergencia. Tú haz las cuentas: si vamos a recibir menos remesas, menos divisas por el petróleo y menos turistas... ¿cuántos empleos se van a crear el próximo año? ¿qué tan seguro estás tú o cuánto crecerá tu negocio?
2.    Revisa tus seguros. En México sólo hay 6 millones de seguros de vida y de ellos la mitad son de grupo, o sea de empleados que, como yo, ni siquiera saben dónde dejaron la póliza. Algo similar debe suceder con los seguros de gastos médicos. O sea que si perdemos nuestro trabajo, perdemos el seguro. Justo cuando necesitaremos más apoyo.
3.    Otra vez: Ponte a ahorrar ya. Si pierdes el trabajo –toquemos madera- no vas a poder ahorrar para el retiro. Lo más probable es que no hayas ahorrado nada. Muy pocos mexicanos tenemos afore, y de los que tenemos, muy pocos estamos cotizando. Y de los que estamos cotizando, sólo destinamos 6.5% de nuestro sueldo, lo cual es poquito, poquito. Así que mientras tengas empleo, aumenta tus ahorros para el retiro. Y recuerda que no vas a poder tocarlos hasta que te retires, así que aumenta tu ahorro para emergencia mencionado en el punto 1.
4.    No huyas de la Bolsa. Cuando pusiste ese dinero ahí te preguntaron si estabas dispuesto a soportar el riesgo. Pero no se referían al riesgo de ganar cantidades obscenas de dinero, sino de perder. Ahora te aguantas, porque ya dijiste que sí tenías estómago –y que no ibas a necesitar ese dinero en el corto plazo-.
5.    Piensa en el largo plazo. Dice un estudio de Seguros Monterrey New York Life que los mexicanos creemos que el largo plazo es de 3 años y 4 meses. ¡Wow! O sea que tenemos ahorros suficientes para esperar a que los niños entren al kínder. El largo plazo tendría que ser de 5, 7, 9, 11 años. O mejor, de 20, para disfrutar un bello retiro, a pesar de los señores que se mesan el cabello.
6.    Pero hoy guarda tu dinero en el corto plazo. La caída de la Bolsa del 29 septiembre fue la más grande en puntos de la historia de Wall Street. Eso no quiere decir que ya puedas encontrar gangas en las acciones, porque pasará un buen tiempo para que se recupere la economía y por tanto las perspectivas de las empresas. Así que regresa a lo que hacía tu abuelita: busca un fondo de renta fija o hasta un pagaré. Hay bancos que por un mínimo de 25,000 pesos te pagan 7% (anual menos comisiones, pero algo es algo).
7.    No te endeudes hoy, a menos que tengas seguridad para pagar. Pregunta algo: ¿tardarás más en pagar el crédito que en disfrutar el bien que te estás comprando? No tomes el crédito.
8.    No ahogues tus penas en alcohol. Las cuentas del restaurante pueden bajar hasta 30% si te evitas esa copita.





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El changuito de los ojos tapados

Algo no me suena muy bien con las repetidas recomendaciones de taparse los ojos hasta que pase la tormenta de la bolsa de valores. Entonces, ¿por qué se esforzaron tanto los colegas del Wall Street Journal en presentar esta semana las primeras planas más llenas de emoción desde el fin de la guerra mundial?

No, ya basta de taparse los ojos ante la caída de la Bolsa. Todos dicen que si entraste a la Bolsa debes tener un estómago de hierro para soportar las caídas. Pero también convendría abrir los ojos y aprender las lecciones de ahora.

1.    Pregúntate por qué invertiste en un principio. Si no has dejado de perder en lo que va del año, porque entraste a la Bolsa cuando estaba en los cuernos de la luna, en agosto de 2007, creo que sí debes darte algunos topes por llegar a una fiesta tan empezada.
2.    Revisa en qué estás invirtiendo. Ya sé que en lo que va del año te han dicho que mejor aguantes, y algunos se atrevieron a recomendarte que compraras más acciones, porque “lo más probable” era que volvieran a subir de precio. Tal vez tengan razón con algunas acciones, pero no con todas. ¿Cuál vas a comprar? O si vas a entrar a un índice, exige que te digan por qué debes estar ahí. Tal como debieron decírtelo desde el principio.
3.    Si lo que estás haciendo es aprender a invertir en la Bolsa, éste es el mejor momento. Pero no lo hagas con los ojos tapados. 
4.    No dejes de ahorrar, no dejes de invertir. Pero por favor, que ya no te hagan comprar más acciones de empresas que “algún día” subirán. Entra en un buen refugio mientras pasan las tormentas. No está mal entrarle por el momento a algún fondo de renta fija de corto, muy corto, plazo.
5.    Si vas a vender porque ya te cansaste de perder, no vendas a lo loco. ¿Para qué quieres vender? ¿Necesitas el dinero ahora, ya? ¿O puedes esperar poquito a que se recupere esa inversión en particular?
6.    No te quedes con acciones que no tienen futuro. Y esa es una tarea difícil. Pero como dice Jason Zweig en su libro Your Money and Your Brain, hay demasiados inversionistas que se quedan en algunas inversiones porque no quieren reconocer que se equivocaron al principio. Ojo, no estoy diciendo que te hayas equivocado al entrar a la Bolsa. Ya verán dentro de un año los que tienen su guardadito abajo del colchón.




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Con cuánto dinero estoy contento

Me sorprende lo poco que necesitaríamos para estar satisfechos con nuestro ingreso. Según una encuesta que hoy publica Consulta Mitofsky, el mexicano se sentiría satisfecho con 9,900 pesos en promedio.

Ni siquiera los niveles socioeconómicos más altos piden mucho más. La encuesta dice que los del nivel más alto estarían satisfechos con algo más que 13,000 pesos.

¿Cuánto se merecen ganar los demás? Los de la Consulta preguntaron cuánto sería bueno que ganara un médico, un diputado y un presidente de la República. Relaciona la función con el dinero que dijeron que debía ganar al mes.

1. Médico    a. $15,720
2. Diputado    b. $17,362
3. Presidente    c. $45,512

Cada una de las funciones está frente al ingreso que la gente consideró que debían tener. Así que somos más generosos con un diputado que con un médico, y con el Presidente más que con ninguna otra ocupación. Aunque 45,000 pesos... Más le valdría que fuera ahorrando para que cuando deje Los Pinos pueda comprarse una casita en alguna buena colonia de Morelia, porque ese sueldo no le va a alcanzar para remodelar un ranchote.

Si 45,000 pesos es un gran sueldo para los mexicanos consultados, esa es una gran muestra de que a este país le falta todavía mucho trecho para encontrar la igualdad. Y es un buen jalón de orejas para el que quiere ganar más para comprarse el último modelo del Jaguar. ¿No sería bueno que pensáramos en cuánto están ganando los otros? Muchos creen que la felicidad está en ganar más que el vecino, pero creo que un poco más de igualdad nos daría más felicidad como país.




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¿Que qué?

Al trabajador mexicano no le interesa su retiro. Tengo algunas pruebas: algunos amigos míos ni siquiera saben en qué afore están, así que de saber cuánto llevan ahorrado ni hablamos. Por lo menos deberían enterarse, porque si lo que tienen en la afore no es suficiente para tener un buen retiro, deberán hacer algo extra.

Supongo que todavía hay quien cree que por culpa de los malditos gobiernos neoliberales de derecha los mexicanos nos quedamos sin dinero para el retiro. Y que estaríamos mejor si siguiéramos como antes, cuando se supone que teníamos una pensión garantizada –con el dinero que se invirtió en los hospitalotes y teatros del Seguro Social-. Lo que sea, el caso es que tenemos que responsabilizarnos por nuestro retiro y el dinero no va a aparecer si nos ponemos a llorar.

La Consar publicó en su página una explicación  sobre la “minusvalía” que sufrieron las afores en junio. En pocas palabras, que los títulos perdieron valor por cambios en el mercado. Y que eso no afectará las pensiones de los trabajadores, que a fin de cuentas se jubilarán dentro de 10 años cuando menos.

La explicación es tan técnica que ya veo a muchos creyentes en la teoría de la conspiración diciendo que lo que quieren hacer es robarnos el dinero. No hay un complot. Las afores no son suficientes y eso ha sido transparente desde que empezaron. Creer que ahora nos quieren engañar, es como decir que los fabricantes de botanas nos engañan con la química para que no acabemos de entender que sus productos engordan.

No son suficientes, pero son todo lo que tenemos. Cuando menos hay un ahorro para el retiro. ¿Qué debemos hacer? Criticarlas, sí, y buscar alternativas. Criticarlas para que mejoren. Y buscar alternativas nosotros, con más información.

Ya basta de culpar a los complots de nuestra suerte. ¿No sería mejor empezar a buscar información? ¿Será esta una buena recomendación en un país con predominio de analfabetas funcionales?




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Se pelean por mí

Los promotores de las afores no dejan de visitarme. Me he enterado de todas las modalidades de la competencia por conseguir más cuentas para el retiro. Algo tengo que agradecerles: cada vez que vienen me enseñan algo.


1.    Hay que recuperar el dinero del SAR 92. Yo fui con mi afore con unos recibos viejos y ahí encontraron que tenía guardados más de 17,000 pesos, que crecerán si se le suman los rendimientos de los años que me faltan para retirarme. Más vale tenerlo que dejar que se quedara ahí guardando hollín. Me enteré de esto por una falsa promesa. Los promotores decían que te lo recuperaban, pero no conozco a nadie que haya tenido la fortuna de que le cumplieran.
2.    Hay que usar el dinero del Infonavit. Ayer vino una promotora de MetLife. Dice que esa afore me puede ayudar a recuperar mi dinero en el Infonavit a la hora de retirarme, en caso de que no lo haya usado para un crédito hipotecario. Cuenta que es muy difícil y que algunos abogados ofrecen recuperarlo a cambio de quedarse con 30% de los recursos. La afore que representa podría hacerlo con un cobro de 10%. ¿Y si mejor pregunto en el Infonavit cómo usar esos recursos? Me saldría gratis.
3.    Debo exigir servicios de mi afore. La misma promotora me decía que la ventaja de su afore es que da muchos servicios a sus afiliados: consulta en línea de los saldos, más estados de cuenta durante el año, menores comisiones por el ahorro voluntario. Creo que mi afore tiene todo eso, pero no me lo ha ofrecido. Antes de cualquier cosa, les pregunto.

Así que están compitiendo por mí. Como ya no me cuezo al primer hervor, supongo que soy un platillo más apetitoso (ojalá así fuera en otras cosas). Las comisiones se cobran sobre el saldo, y como el mío ya ha acumulado más que el de un chavo de 25 años, se van sobre mí. Suena lógico.  Pero los servicios todavía no me parecen como para tomar la decisión de cambiarse de afore. Las diferencias son mínimas, considerando que soy alérgico a hacer trámites.

Insisto: me voy a quedar donde estoy (al fin que no estoy en Ahorra Ahora, que es la que menos rendimientos da por el momento, por más que contraargumente el brillante Carlos Noriega, su director). Tengo otras cosas que hacer que cambiarme de afore. Si quiero que compitan por mi dinero, mejor voy a buscar otros planes personales de retiro, para completar mis ahorros para cuando deje de trabajar.
 

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¿Tan mal le va a Cemex?

Cemex es la noticia financiera del mes. Después de que Hugo Chávez anunció que expropiaría sus empresas en Venezuela, las acciones cayeron y cayeron.

Por alguna razón, a los pocos que se fijan en la Bolsa Mexicana les interesan más las noticias negativas que las positivas. Eso es bueno, porque así no le han entrado como locos a invertir en las acciones de moda para después ver caer su patrimonio cuando revienta la burbuja –como les pasó a muchos aspirantes a millonarios en Estados Unidos con las empresas de tecnología-. Pero también puede ser malo, porque entonces nada más cerramos los ojos y muy pocas veces invertimos.

Si la Bolsa va a caer ¿para qué invierto? Esa es nuestra actitud acostumbrada. Y conozco a algunos que con ese pretexto se han gastado fortunas en farras de fin de semana o en zapatos italianos, en lugar de invertir aunque sea poquito en un fondo.

Hay algunas cosas que no estamos viendo ahora.
1.    Las acciones de Cemex están ahora 63% arriba de su valor de 2003. Como ganancia no está mal, si se considera que la bolsa de Nueva York ha crecido 30% en ese mismo periodo. Pero tampoco está tan bien como el índice de la bolsa mexicana. Quien hubiera invertido ahí en 2003 ahora tendría una ganancia de 240%.
2.    Ya no recuerdo quién dijo esa gran verdad, pero lo más difícil de prever es el futuro. Cualquiera puede decir que se imaginaba que eso sucedería con Cemex, tan dependiente de la construcción y tan sin competencia en México. Pero eso lo dice cuando ya pasaron las cosas.
3.    Antes de correr con la manada, sería bueno preguntar por qué corre la manada. Ya sea para comprar o para vender.

Y la conclusión es: ¿debemos comprar acciones de Cemex por lo que pasó el jueves o por la ligera recuperación de sus acciones de hoy? No. Si queremos invertir, tenemos que hacer bien la tarea, analizar la empresa, definir cuánto tiempo podemos esperar a que madure nuestra inversión... pero no atiborrarnos de la información de última hora. Cuando todos voltean a ver a Cemex, tal vez lo mejor sería ver hacia otro lado.




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Yo no soy Sam

Con la inflación desbocada como está, ya veo a muchas personas que encuentran un nuevo pretexto para azotar los pasillos de los clubes de precios, y llenar sus carritos de paquetes enormes de pan Bimbo, helado de chocolate y hamburguesas congeladas.

Que quede claro: no soy enemigo de esos clubes. Fui de los primeros en sorprenderse en México cuando llegaron y trajeron consigo ese extraño alimento llamado salmón, que sólo compraban –nunca vi que lo comieran- las señoras de los suburbios. Sus pasillos son como un museo de los adelantos de la tecnología moderna, aplicada a cosas tan cotidianas como un bote de basura.

Pero ya basta de confundirnos. Nadie ahorra por comprar toneladas de tacos dorados listos para freír. Si alguien prefiere no tomarse el tiempo para preparar una buena comida y mejor comer eso, se merece cada una de sus lonjitas.

Y con el pretexto del ahorro, familias enteras desperdician buena parte de sus fines de semana deambulando entre pasillos de productos gigantescos, en lugar de caminar al aire libre y patear un balón, aunque sea poquito. ¿En verdad queremos sacrificar la convivencia familiar en este altar de la globalización?

¿Cómo aprovechar el club de precios?
1.    Llevar una lista, en la que se incluyan también los encargos de otros amigos, para después repartir los 6 kilos de carne molida entre varias familias.
2.    Espaciar las visitas.
3.    Recordar que los productos sobreendulzados que ahí se venden también tienen una enorme huella ecológica, que por lo pronto subsidia la sociedad entera. ¿Cuánta turbosina y gasolina se gastó para que tú puedas comer un pastel azucarado, venido de algún lugar del corn belt estadounidense, en lugar de una buena natilla mexicana?
4.    Buscar otro entretenimiento de fin de semana. Pocas cosas tan deprimentes como los niños gorditos paseando por el club de precios con sus papás, en lugar de encontrar otra convivencia más productiva e iluminadora.





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Paciencia

Por fin encontraron la manera de que la gente se interesara en su afore. Alguien vio su estado de cuenta y encontró que en los  últimos seis meses, sus inversiones habían perdido valor. La voz se ha corrido y todos hemos volteado a ver un estado de cuenta que nunca antes nos había interesado.

¡Oh, no! Es la primera pérdida en los 11 años de vida del sistema de las afores. ¿Quién podrá defendernos? El caso es que muy pocas inversiones, tampoco las afores, se han salvado de la crisis financiera.

Y pensar que ahora es cuando se supone que las afores están haciendo lo que deberían, es decir, invertir en instrumentos de largo plazo, como la Bolsa. Cuando debíamos habernos preocupado no lo hicimos: Antes de 2008, nos tenían en inversiones de viejecita temerosa, cuando la mayoría de los mexicanos éramos unos muchachones sanotes, que podíamos tomar riesgos, y precisamente cuando la Bolsa mexicana tuvo unas ganancias espectaculares. Ahí debimos decir que por qué nos dejaron fuera de la fiesta y cobraron unas gigantescas comisiones por comprar deuda del gobierno e invertir todas igual.

Las afores ya pueden invertir en Bolsa –no mucho, pero ya pueden– y como lo hicieron, tuvieron pérdidas. Pero ésta es una inversión de largo plazo y tendrá que recuperarse con el tiempo. Y ni siquiera habrá que esperar mucho. Nos veremos a fin de año, y para entonces ya se verá algo de recuperación. Paciencia, entonces.

De lo que sí debemos cuidarnos es de las comisiones. Deberíamos exigir que ya bajaran, que con la cantidad de dinero que manejan bien que podrían hacerlo. ¿Paciencia? Ahí sí que ya no debería quedarnos tanta.

Por cierto que después del post anterior, en el que criticaba a Ahorra Ahora, hablé con Carlos Noriega, su director y uno de los padres de la reforma al sistema de pensiones de México, y me dio una digna clase de finanzas.

En resumen:
1.    Ahorra Ahora está empezando. Y necesita cobrar las comisiones en las que está (las segundas más caras del sistema después de Coppel).
2.    No se puede comparar una inversión de largo plazo, que puede ser de 20, 30 o 40 años, tan sólo con los rendimientos netos de 36 meses, como propone la Consar.
3.    Antes de castigar a la afore y de abandonarla, habría que saber qué tan buenos son los que la manejan y cómo están invirtiendo, pensando en el largo plazo, para cuando te jubiles.
4.    No hay que guiarse sólo por los rendimientos pasados, también hay que ver en qué riesgos ha incurrido alguien para obtenerlos y qué tan capacitado está para obtener ganancias después. Guiarse por los rendimientos pasados es como apostar por el Santos en un juego contra el Pumas sólo porque es el campeón del futbol mexicano 2008, aunque todos sus titulares estén enfermos.

Alguna vez dije que no había que correr de la Bolsa porque está bajando este año. Eso equivale a vender la casa cuando todos los demás vecinos la están vendiendo (y sin una razón de peso, como que el Grijalva está a punto de inundar toda la colonia)  y obtener un precio de remate. Quien esté en Ahorra Ahora ¿deberá darle el beneficio de la duda a su equipo directivo? Noriega dice que nos falta información para comparar. Pero ¿y si los rendimientos netos son todos los datos que tengo?

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Sálvese el que tenga información

Castiga ahora a la afore Ahorra Ahora. No suena muy bien, pero hay que hacerlo.

Si te fijas en la tabla de rendimientos de todas las afores, Ahorra Ahora está en el último lugar, en todos los casos. Recuerda que ahora tu dinero se invierte según tu edad, para que tengas inversiones de más largo plazo (con más riesgo y más probabilidad de rendimiento) si eres más joven. Pero si hay alguien consistente en hacer mal las cosas es esa afore: Si tienes 27 años, es la peor en rendimientos; si tienes 38, también, lo mismo si tienes 26 o 46 años.

Entiendo que estamos en un mal momento del mercado. Tan malo que los rendimientos de las afores andan de capa caída, pero cuando menos alcanzan a protegerte de la inflación. Los de Ahorra Ahora, ni siquiera eso.

Y para agravar más las cosas, Ahorra Ahora, que dirige alguien que fue brillante como parte de la Secretaría de Hacienda, se da el lujo de cobrar una de las comisiones más altas del sistema.

Se supone que si alguien te consigue buenos rendimientos, tiene derecho a cobrar más. Pero la gente de Ahorra Ahora está cobrando casi el doble de lo que cobran Inbursa, Banamex o ING, de manera que a la hora de entregar las ganancias después de comisiones, da una cosita para llorar. Inbursa y Banamex consiguen rendimientos de 7.93% y 8.27. De ahí, te cobran la comisión de 1.18 y 1.84, respectivamente, lo que te deja ganancias. Pero los otros están obteniendo un risible 6.66% y, como les costó tanto trabajo, te cobran 3%, de manera que te queda 3.66% (para las inversiones de trabajadores de menos de 26 años. Puedes checar los resultados en la página de Consar.

¿Y por qué hace Ahorra Ahora eso? Porque puede, porque sus clientes no están capacitados para exigirle.

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Cómo (y para qué) comprar casa



Llevados por la emoción podemos cometer tres errores de un jalón a la hora de escoger dónde vivir.
1. Dejar muy jóvenes la casa de los padres. No hay hotel más barato, para qué salir a pagar rentas. Mejor quédate a vivir con ellos. Pero calcula exactamente lo que te estás ahorrando. ¿Cuánto te costaría la renta de un lugar con esa calidad? Ahórralo, no lo destines a las borracheras de los fines de semana. ¿Un beneficio adicional? Tus caseros forzados (o sea, tus papás) dejarán de ponerte carotas todos los domingos en la mañana, tú ahorras y todos confían en que no seguirás con ellos cuando tengas 45 años. Ellos no lo saben, pero te ponen carota porque hay algo mal en sus finanzas (tener un inquilino que no paga y que además come).

2. Pagar renta por algo que no necesitas. Los departamentos de yuppie sólo funcionan en las películas ochenteras.

3. Comprar a crédito, con el mínimo de enganche y con el máximo de pagos mensuales, para tener muchos, pero muchos metros cuadrados. Los mismos banqueros recomiendan destinar un máximo de 30% de tu ingreso al pago mensual de tu hipoteca, y poner la mayor cantidad de enganche posible. Claro, a ellos les conviene así, porque mientras más enganche pongas, más probabilidades tienen de que no te vayas sin pagar. Pero a ti también te conviene, porque vas a pagar menos por tu vivienda y tendrás más dinero adicional para... ¿recuperar las borracheras de tu juventud? En cuanto a los muchos metros cuadrados, ¿para qué pagar por espacio que no utilizas?

¿Y el lugar común? Que no hay mejor inversión que los bienes raíces. Si fuera así, Bill Gates tendría muchas casas en lugar de una compañía llamada Microsoft. Si escoges invertir en bienes raíces porque son seguros, recuerda que también hay algunos riesgos, como que el inquilino no pague la renta, o que baje la calidad de vida en tu zona (que te construyan un tercer piso de una vía rápida frente a la ventana). Si puedes invertir en bienes raíces, qué bueno. Pero combínalos con otras inversiones.

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Y la mejor inversión es...

Tengo que admitirlo. No soy precisamente fanático de las inversiones en bienes raíces. Yo creo que es por historia personal. Nunca entendí por qué mis padres compraban terrenos, que después dejaban abandonados, en lugar de regalarme el dinero para que yo paseara por Viena y Madrid (bueno, yo creía que alcanzaba). Lo que tengo que admitir es que la mejor inversión de los últimos meses, según lo que me he podido enterar, es en un departamento para alquilar.

Van las cifras. Y este es un caso real, no hipotético. Si alguien compró el año pasado un departamento en la Colonia Roma, de la ciudad de México, en 1.3 millones de pesos, y lo alquiló en 9,000 pesos mensuales, pagando 1,100 de mantenimiento, obtuvo un rendimiento de 94,800 pesos en el año, es decir de 7.2%. En el mismo tiempo, una inversión en la Bolsa Mexicana perdió 4.5%. De haber invertido en bolsas europeas, a través de un fondo, se habría tenido una pérdida de 16.95%.

Ajá, dirán las abuelitas que depositan su dinero en bienes raíces. ¿Ya ven cómo la casita del puerquito Práctico es lo más seguro cuando viene el Lobo Feroz a soplar? La cuestión es adivinar cuándo vendrá el Lobo Feroz. Porque en años sin tanta incertidumbre financiera, el rendimiento de los bienes raíces es de risa.

Si la comparación la hubiéramos hecho en octubre de 2007, el 7.2% de rendimiento del departamento habría palidecido frente al 46.3% de ganancia de un fondo que invirtió en la Bolsa de Valores.

Y este caso, como caso real que es, no se puede repetir a voluntad. Digamos que quien compró en la colonia Roma analizó las posibilidades de ganar, e hizo bien su tarea. Aún así tal vez no siempre habría tenido la misma suerte de contar con un inquilino todo el año, tal vez al lado de ese edificio se construye otro más barato, tal vez la banqueta la invaden unos ambulantes.  Y el que invirtió en la Bolsa en 2006 o en 2007 encontró buenas oportunidades de inversión, pero no le atinó cuando llegó la recesión en Estados Unidos.

Como no se puede atinarle a todo, lo mejor es diversificar. Qué bueno que encuentres ese bien raíz con buenos rendimientos, pero no te olvides de lo demás. ¿Enviar a tus hijos a Europa a pasear? Bueno... habrá que medir qué probabilidades hay de que en una borrachera en Madrid tu hijo se haga amigo del próximo Warren Buffet y abra un negocio con él.


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Qué quiero de regalo

Rápido. ¿Qué te gustaría que te regalaran? No se vale contestar que un Ferrari, porque esos coches son como el psicoanálisis: si no lo pagas tú (o lo debes) no tiene chiste. Además, si no tienes dinero para comprarlo, tampoco lo tienes para mantenerlo, de manera que dejémoslo fuera.

1. Si no sabes contestar rápido (en cinco minutos o menos) qué quieres de regalo estàs perdiendo tiempo, porque no tienes una afición o pasión que realmente te interese. ¿Esperas una loción o un perfume, que se sume a tu colección de fragancias que no has usado porque no te gustan? Yo me acabo de dar cuenta que me gustaría que alguien me regalara macetas, porque ya no encuentro dónde poner los árboles del balcón, que algún día me darán sombra. El muy inteligente Andrés –o sea este bloguero- también pudo contestar en minutos, porque sabe qué le gusta.

2. ¿Qué harás esta tarde que vas a salir más temprano del trabajo?  Si estás como Tribilín viendo la lentitud con la que avanza el reloj para dar la hora de salida y después corres a tu casa a dedicar una preciosa media hora, o una más preciosa hora al zapping, mejor no esperes el momento de salir. La idea es que en realidad tengas un plan que te divierta. No, no es divertido ir al centro comercial, así que no cuenta.

3. Hace mucho tiempo que no ves a un gran amigo... y cuando lo ves no tienes nada que hacer con él.

4. No tienes idea de cómo va la Bolsa de valores porque al fin que tú no puedes invertir. Ajá.

5. No sabes en qué afore estás. O sea que de ahorro voluntario ni hablamos.

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Doy gracias por un favor recibido

Todavía no lo puedo creer. Durante tres meses vi una alcantarilla destapada sobre la avenida Constituyentes y me sorprendía que nadie hiciera nada. Ni yo tampoco. Así que tomé el teléfono, la reporté y dos días después estaba tapada. No sé si sería coincidencia, pero funcionó. Lo volví a hacer la semana pasada con un registro en una banqueta, abierto desde hace meses y volvió a funcionar.

Estuve a punto de publicar una esquela para San Judas, porque me pareció milagroso que me atendieran. Pero no, porque es su obligación, de manera que no por eso les voy a perdonar que destinen mi dinero para hacer consultas que no les corresponden o para mandar policías a golpear jóvenes indefensos.

Pero aquí hablamos de dinero y de cómo podemos hacer que contribuya a nuestro bienestar. El caso es que nos da por creernos más pobres de lo que somos y por abandonar nuestro entorno. Si lo recuperamos, vamos a recuperar calidad de vida y ¿qué creen? Valor para nuestras inversiones. Así que ya no puede parecerme inútil dedicarle algún tiempo a que arreglen la glorieta que está junto a mi casa.

A la mejor nuestras autoridades están haciendo consultas porque nadie les ha avisado todas las cosas que hacen falta.

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Vacuna contra el ahorro

A mí, la verdad, me parece encantadora la secretaria de Educación Pública. Con su sonrisa plena, Josefina Vázquez Mota parece realmente ilusionada porque las escuelas primarias recuperarán la educación cívica -¿quiere decir eso que dentro de 15 años los automovilistas dejarán de echarme el coche encima en los cruces peatonales?- y porque a partir de septiembre darán clases de educación financiera a los niños.

Una herramienta que suele presumir la secretaria es el programa de ahorro que la Asociación de Bancos de México pondrá a disposición de los niños. Y aquí la imagen de la sonriente secretaria es sustituida en mi mente por la de aquellos banqueros flacos que perseguían a los niños de Mary Poppins para quitarles los centavitos que darían de caridad a una viejecita, y depositarlos en la gran bóveda de un enorme banco inglés (miren qué coincidencia).

Hace unos días, la secretaria recordó que la última vez que hubo un programa así en México, la inflación borró los ahorros y dijo con su amplia sonrisa que ahora esperamos que no vuelva a suceder. Y ¿qué creen? Va a volver a suceder. Y esta es la primera razón por la que no me gusta:

1. Cuando yo pongo un peso en un cochinito, ¿qué tengo después de un año? Un peso menos la inflación.  Los bancos van a cuidar los centavitos que pongan los niños, los van a prestar a tasas de 38% anual en sus tarjetas de crédito y darán un rendimiento de.. ¿de cuánto les gusta, 2, 3, 4 por ciento? Y no es porque los bancos sean unos terribles avariciosos (lejos de mí tal pensamiento). El problema es que esos depósitos estarán a la vista, es decir que el niño puede guardar su peso hoy lunes y sacarlo el siguiente domingo. Con esa disponibilidad, no hay manera de que alguien invierta el dinero a largo plazo, y por tanto que lo haga generar rendimientos y protegerlo de la inflación. Así que al niño lo estaremos vacunando, una vez más, contra el ahorro.

2. Ahorrar sin propósito no sirve. Trate de contarle esta historia a un niño: vas a renunciar a tu paleta picosita del Parque México para prestarle ese dinero a Carlos Slim invirtiendo en su constructora; ésta hará la Línea 12 del Metro y va a generar empleos y después te va a pagar con creces y cuando tengas 65 años, en lugar de una paleta picosita te vas a poder comprar un auto deportivo. Ajá. ¿Y por qué no dejar que él sea quien defina para qué quiere el dinero? Mientras tanto, poner el ejemplo y abrir un fondo de inversión a nombre de los niños en el que los papás (tíos o padrinos), no los niños, sean quienes pongan el dinero. Si los adultos son capaces de ahorrar, o de dejar pasar a los peatones en la esquina, los niños aprenderán del ejemplo.

3. Antes que aprender a ahorrar, tenemos que aprender a definir las prioridades. Nunca voy a ahorrar si no entiendo que al renunciar a algo puedo tener algo mejor. El ahorro no es un castigo o una penitencia, es un acto económico que debe estar impulsado por mi interés, es decir que me voy a beneficiar yo o voy a beneficiar a mis seres queridos.

Así que, ¿me podrían decir cuáles serán los incentivos reales para darles el dinero a los simpáticos banqueros?






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When I’m 66

Cada cumpleaños de Paul McCartney me acuerdo de la jubilación, y más ahora que ya pasó con dos años la avanzadísima edad que tendría cuando cumpliera 64. Ni Linda ni su segundo matrimonio sobrevivieron para estar ahí cuando él llegara a esa edad, de manera que las tardes con los nietos en las rodillas, los paseos del domingo  y los arreglos del jardín los tendrá que compartir con alguien más.

Pero, para festejar el cumpleaños del Beatle. ¿Qué estamos pensando para cuando llegue esa edad “many years from now”?

Los Beatles dedicaban esa desgarradora canción de amor a alguna mujer, supongo, pero bien podría estar dedicada a los sistemas de seguridad social que estaban vigentes en los años 60. “Cuando tenga 64, ¿todavía me necesitarás, todavía me alimentarás?”. Y ¿qué creen? Esos sistemas ya se evaporaron.



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Pecados de juventud que sigo pagando

Nadie me dijo que dejara de tirar el dinero. Tampoco es que le hubiera hecho mucho caso a alguien que me lo aconsejara. El hecho es que apenas ahora me doy cuenta de los cinco pecados que cometí en la juventud y que, de no haberlos cometido, ahora tendría una posición un poco más holgada. Aquí va mi confesión.

1. Pagué de más por algo que con el tiempo valdría menos. Es decir, me endeudé para comprar un flamante auto, con tasas de interés variables, sujetas a elementos que no conocía. Al comprar a crédito estaba pagando por algo que perdía valor, no que lo aumentaba. ¿Por qué compré coche y no un bien que serviría como un refugio, digamos un departamentito?
2. Dejé la casa de mis papás para pagar renta. Esos años de independencia al principio de mi carrera laboral me costaron más que los 2,000 o 4,000 pesos de renta mensual, porque no generaron intereses en una cuenta de ahorro. O.K, O.K, ¿quién quiere vivir con los papás cuando en su propia casa puede organizar fiestas de 100 invitados? (ese fue el récord). Pero ¿qué tal pensar en pagar un poco menos de renta y empezar a formar un capital?
3. No pensé en el retiro. Tal vez no cometí el pecado que muchos están cometiendo, de desinteresarse por completo por su afore. Más de 40% de los afiliados al IMSS ni siquiera escogieron la afore en la que están, y dudo que sepan cuál es. Otro atenuante: en cuanto supe que se podía hacer ahorro voluntario empecé a hacerlo. Pero lo saqué a los 6 meses también en  cuanto me enteré que se podía.
4. No llevé un presupuesto. Toneladas de dinero se me escaparon –tengo por ahí revistas de 1997 que todavía no he podido tirar porque no las he leído- sin llevar cuenta de en qué. De haberlo registrado, ¿me habría tomado ese capuchino considerando que había un calor de 40 grados o lo habría pensado mejor? Es hora de empezar a hacer el presupuesto y aquí hay un formato
5. No fijé un plan de ahorro. Hasta hace muy poco empecé a trazarme metas por escrito. De esa manera, además de que sé lo que puedo alcanzar, también puedo saborearlas antes de tiempo, con el placer adicional que da la espera de algo divertido.

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Los economistas son unos flojos

Esto no lo deben leer mis jefes: acabamos de terminar un trabajo intensivo, de semanas en las que todo urgía, y ahora estamos en una etapa de una relativa tranquilidad. No hay manera de que mis compañeros y yo nos pongamos las pilas.

Y la solución que he encontrado es... no ponerme las pilas. De pronto tengo una pequeña reserva de tiempo libre que, por no estar acostumbrado, se me ha ido de las manos como sueldo en restaurante de Polanco un viernes de quincena.

No quiero caer en la ética protestante de que debemos hacer algo de provecho todo el tiempo, pero sí me preocupa que no nos demos cuenta de que fuera del trabajo también hay una vida que debemos construir. Esos tiempos libres inesperados pueden ser un atisbo del infierno con el que amenazan algunas religiones: siglos y siglos de aburrimiento por no tener qué hacer.

Las lecciones que me ha dejado este tiempo inesperado son:
1.    Usar esas horas para crear nuevas relaciones fuera del trabajo. Por ejemplo, me di el lujo de ir a una de las juntas de vecinos de la Condesa. Invertí mi tiempo en enterarme de lo que le pasará a la inversión familiar en bienes raíces y en conocer gente que puede ser muy divertida.
2.    Encontrar otra actividad. Cuando el trabajo es todo, no nos preparamos para cambios en el ambiente. Si yo me dedico sólo a cobrar los boletos del estacionamiento, no me doy cuenta de que ya se están instalando máquinas que lo hacen en mi lugar y no me preparo para buscar otro empleo. No hay nada que me rompa tanto el corazón como ver a los porteros de la Condesa viendo pasar la tarde sin leer un solo libro que los prepare para algo que los haga ganar más. ¿Yo estoy aprendiendo algo más?
3.    Pensar en otra cosa.
4.    Obligarme a tener ese tiempo libre. Si no lo tengo en forma sistemática, perderé las horas para hacer esas relaciones y adquirir más conocimientos. Y entonces cuando me quede sin trabajo, por angas o por mangas, me voy a aburrir en serio.
Y todo esto me recuerda mis lecciones de Economía, que me parecían tan ingenuas, con aquello de que el precio del trabajo se calculaba porque el agente escogía entre ocio y dinero. En mis tiempos de medio leer a Marx pensaba que eso era demagogia. Pero los que estamos en condiciones de ponerle precio a nuestro ocio estamos obligados a hacerlo, para que así podamos ponerle el precio a nuestro trabajo. Vivan los economistas flojos.


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