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El aborto es cosa de mujeres, en México y el mundo


Martes, 24 de abril de 2007 | 03:09
El aborto y todo lo que lo rodea está plagado de tabúes y por consecuencia de desinformación. Y como creo que a México le va llegando la hora de decir las cosas por su nombre, hoy me atrevo a contar una experiencia personal, porque “lo público” en este tema, está en juego en la Asamblea del DF. Hace poco más de 5 años fui sometida de urgencia a un legrado. Tenía apenas 5 semanas de un embarazo no planeado, (por ende no deseado) y que yo no estaba segura de querer llevar adelante. Lo recuerdo todavía como una pesadilla

Al saber de mi embarazo, la voz de mi pareja, al otro lado del océano me dijo que “él no estaba preparado para “algo así”, pero que si ‘yo’ decidía seguir adelante, él ‘me apoyaría’, aunque seguramente terminaríamos separándonos.” 

Deseé en ese momento vivir en Europa y no estar en Zacatecas, para realmente creer que tenía algún poder de decisión, y no sentirme como me sentía, es decir: obligada a seguir adelante con algo que me parecía crucial para el resto de mi vida.

Me armé de valor y lo conté en casa. ¡Oh sorpresa! Yo era la primera que se atrevía a decirlo, pero varias de las mujeres de mi familia habían pasado ya por embarazos no deseados y llevaban años guardándose para ellas el secreto “como un pecado” que se lleva a cuestas y en soledad… con parejas ausentes, cada una lo resolvió como pudo y con quien pudo, con amigos y con contactos y en otros casos, como en el mío, fue la naturaleza quien “decidió”, con una hemorragia repentina (y salvadora) de la que nunca (nunca) hablaron.

Las mujeres a mi alrededor, me arroparon y me protegieron, física y psicológicamente; pero al día siguiente de esa operación, uno de los pocos hombres de mi familia me llamó para preguntarme “¿por qué me comportaba como una adolescente?” (por haberme embarazado a mis 30 años).  

Dos años después, ese mismo hombre y su pareja, -de 39 años- también se enfrentaron a un embarazo “no planeado”.  Viviendo en Europa, decidieron finalmente (y con un profundo pesar) abortar, pero aquí con todo el apoyo de la ley: terapia psicológica, tratamiento médico, atención posterior, y un breve seguimiento para evitar complicaciones.   A los pocos meses, ella, finalmente se sometió a una ligadura de trompas, porque su marido “no deseaba” practicarse la vasectomía, a pesar de no querer tener más hijos.

¿Por cuánto tiempo las mujeres vamos a permitirnos ser juzgadas por una sociedad de mentalidad eminentemente masculina? ¿Por cuánto tiempo más, en nombre de principios morales, permitiremos que nuestra propia moral y nuestra propia autoestima, pague los platos?

Está claro: los embarazos y por ende, los abortos –y más en la sociedad de hoy- es cosa de mujeres… siempre estarán los novios, los esposos, o las aventuras ocasionales que ponen su parte a la hora del placer y después se desentienden del tema, pues consideran que “ella sabrá” lo que hace…

Y aún en los casos en que la participación en un aborto sea conjunta, “el padre” (novio, esposo, amante o aventura) jamás pasará por el camino interno y externo por el que la mujer ha de transitar para ello… ya no se diga cuando la interrupción no se lleva a cabo: el embarazo y la maternidad caen sobre la espalda femenina: es ella quien deja su vida a un lado (la carrera, los estudios, los planes), es ella la encargada de la educación y muchas veces de la manutención de los hijos;  en nuestro país, al menos 5 millones de mujeres son “cabeza de familia”, para decirlo sin eufemismos: se trata de mujeres solas que –para decirlo también sin eufemismos- decidieron (o tuvieron que) ser madres … y no olvidemos lo difícil que aún hoy en día, resulta ser “madre soltera”, de nuevo la iglesia, la sociedad, “juzgan” a la mujer en estas condiciones.

No olvidemos tampoco que quienes “pugnan por la vida y la justicia- no se rasgan las vestiduras por cuestiones tan preocupantes como el aborto: según una encuesta nacional, casi 13 de cada 100 mujeres-madres que trabajan, no reciben ingreso alguno, y quienes lo reciben, siempre estarán condenadas a un salario inferior… sólo por el hecho de “ser mujeres”

¿Y por qué cuento todo esto? No es fácil, estoy rompiendo un tabú personal y familiar, e insisto que recuerdo mi propia experiencia como una pesadilla, pero justo hoy, 24 de abril,  la Asamblea del DF, decidirá si despenaliza o no (ojalá que sí) los casos en los que una mujer puede –libremente- decidir sobre el momento y las condiciones de tener un hijo.

No nos engañemos: en caso de dar marcha atrás en la ampliación de las causales que permiten legalmente el aborto, las mujeres que así lo deseen, seguirán haciéndolo como hasta ahora. Pagando cantidades exorbitantes quienes las tienen, o poniendo su propia vida en peligro. Ningún congreso, ni ninguna iglesia va a terminar con esto.

Aquí de lo que se trata es de no convertir el tema en una pesadilla, en un “pecado” que se lleva en soledad y sobre todo: de garantizar el acceso a todas las mujeres a servicios sanitarios a la altura de una decisión que sólo les compete a ellas (a nosotras) y de evitar la enorme cantidad de muertes que en nuestro país se registran como consecuencia de “decisiones desesperadas”.  (Sólo en 2003, murieron casi un millón y medio de mujeres por esta causa. En zonas de extrema pobreza una de cada 10 mujeres recurre a interrupciones de dudosos resultados)

Aquí de lo que se trata es de que no sólo las mujeres que puedan pagar la discreción de un hospital caro o viajar a otro país, tengan el acceso a continuar con su vida interrumpiendo un embarazo, si así lo desean.  Aquí de lo que se trata es de no condenar a las mujeres en vida (condenarlas a tener hijos que no desean tener –por las causas que sean-, o al ostracismo, o a llevar en la soledad la pesada carga de la culpa por haber abortado)… más allá de si las iglesias afirman que “estarán condenadas… en la otra vida”.

Quienes dicen “defender la vida” (me refiero a sectores, iglesias, partidos políticos, empresas o particulares) deberían por un lado, documentarse (en libros, en internet o mejor aún de viva voz) sobre cuántas cosas desesperadas son capaces de hacer las mujeres para detener su embarazo: desde tomar hierbas o mezclas medicinales explosivas, hasta meterse objetos punzocortantes en el útero, o tirarse de lugares altos para provocarse un fuerte golpe en el vientre.

Deberían también saber que hoy en día, la venta de medicamentos (sin prescripción médica) para provocar espasmos vaginales van a la alza, sin control, sin advertencias, sin preparación física o psicológica. (De hecho la organización internacional Population Council está a punto de liberar un informe sobre este incremento de ventas en las farmacias de México)

Aún con el alto índice que nuestro país tiene de adolescentes que recurren al aborto clandestino, me parece que ninguna mujer (joven o no) es insensible a tener que enfrentar una cuestión de esta magnitud, la diferencia es cómo lo hace, y cuánto la sociedad en donde vive es capaz de “arroparla” o por el contrario, de rechazarla y estigmatizarla.

El caso Paulina, tan discutido en México hace 7 años, donde una joven (casi una niña) quería evitar tener un hijo producto de una violación, parece que hoy se nos olvida. Igual que olvidamos que el  propio gobierno mexicano estima que en el lapso de un año,  entre 120 mil y 130 mil mujeres sufren violaciones sexuales. (y ojo, las fuentes extraoficiales hablan de un escalofriante promedio de una mujer violada sexualmente cada cuatro minutos)

Defender la vida va más allá de la retórica y eso es lo que una vez más está en juego en la Asamblea del DF, conformada por 66 diputados locales, 14 de las cuales –solamente- son mujeres (5 del PRD, todas a favor, 6 del PAN, todas en contra, ninguna del PRI, 2 de Nueva Alianza y una del Partido Verde Ecologista que también está en contra)

“Defender la vida” es una amplia frase que implica mucho más que “detener los abortos”. Defender la vida es crear una mejor sociedad (y suena a palabrería, pero es así de sencillo y es así de complicado)… es leer (y hacerse cargo) del crudo informe que la UNICEF liberó esta semana:

“De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, México, Estados Unidos y Portugal "tienen el número más alto de niños muertos por maltrato", entre los 30 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Entre 1997 y 2003 el sistema de Justicia de México registró un promedio de 21 violaciones sexuales a niños diarias, con un total de 53 mil casos en esos años (más de 23mil violaciones al año”

Seamos congruentes y enfrentemos un problema global con otra visión.  Anualmente en todo el mundo,  se realizan 20 millones de interrupciones ilegales; 4 millones corresponden a Latinoamérica. 

Las amenazas de “excomunión” y de “eterna condena” no deberían –pregunto- recaer más bien sobre quienes diseñan un mundo lleno de desigualdades?!

Algunos links interesantes:

Historia sobre los derechos legales de la mujer y el aborto en México

El aborto en América Latina y el Caribe

Recopilatorio de noticias sobre el aborto en México y el mundo

    Xtina (y este cuerpo, con su alma, es mío)  Hasta el próximo post.

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2008/07/20 20:25:16.928 GMT-5
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