¿Reforma verde o reforma negra?
Como era de esperarse, la ansiada reforma energética tapizó los titulares de la prensa y muy probablemente, el tema será recurrido una y otra vez mientras dure el cabildeo y la discusión.
El documento (apadrinado por el propio presidente de México) está centrado en cambios radicales para Pemex: bonos ciudadanos “para ser –literalmente- dueños de nuestro petróleo”, nuevas relaciones estratégicas, incentivos fiscales y un largo etcétera de tácticas para revitalizar a la paraestatal.
¿La meta? lograr que nuestra empresa petrolera despierte de su letargo productivo y pueda aventurarse con ánimos renovados en proyectos de exploración y en la construcción de (por lo menos) 3 nuevas refinerías en los próximos 12 años
Hasta aquí todo bien… incluso podría decir que algunos planteamientos de la reforma me parecieron interesantes, todo salvo un pequeño, pequeño “gran” detalle:
Esta no es una reforma energética sino en el mejor de los casos, una “reforma petrolera”, porque la energía engloba mucho más que la búsqueda (eficiente o no) del llamado oro negro, a la postre, uno de los principales enemigos del medioambiente, que nos tienen sumidos en los actuales efectos del cambio climático.
¿Dónde están los compromisos internacionales para reducir la emisión de contaminantes? ¿Dónde queda el uso de tecnologías de punta y energías renovables? ¿Qué hay de la modernización del sistema hidroeléctrico mexicano y los incentivos para el uso de aparatos de consumo controlado? ¿Tal vez quedaron escondidos en el texto los planes para la energía eólica, la fotovoltaica y el impulso contemplado para las denominadas eco-empresas?
Con mucho menor impacto que el ruido mediático en torno al documento presentado ayer en el congreso, la sede mexicana de Greenpeace ya publicó también su postura a la (insisto, mal llamada) reforma energética.
A la ONG internacional le preocupa –y con razón- la casi absoluta dependencia económica que tiene México con Petróleos Mexicanos, puesto que en su propuesta de reforma, el presidente Felipe Calderón parece olvidar que nuestro país se ha comprometido a disminuir la contaminación en un plazo de 4 años… algo incompatible con las fechas en las que se pretende “revivir” a Pemex.
Luego entonces, no me queda sino inferir que aquí alguien cometió serios olvidos, o por el contrario, consumó graves omisiones… y ambos casos deberían preocuparnos.
Y aún hay más, porque para bien o para mal, Pemex es finalmente “un monstruo”… un monstruo que parece que se ha salido de nuestro control y va causando a su paso una serie de desastres ambientales y humanos.
Protesta de Greenpeace en 2004. La ONG pedía entonces una "revolución" energética.
Atención al dato: un estudio realizado por la propia Cámara de diputados informa que entre 1997 y 2001, la paraestatal fue responsable de 1,479 accidentes, que derramaron hidrocarburos en suelo, ríos y mares, en tanto que la propia Greenpeace denunció que solamente en 2005, los daños causados por Pemex ascendieron a 1,040 millones de pesos. Ese mismo año, el propio Instituto Mexicano del Petróleo, señalaba que de los 54 mil kilómetros de la red de ductos, al menos 37 mil presentaban serios riesgos de derrame.
Así pues, la reforma energética me parece “ambientalmente tramposa” y ecológicamente insensible para los tiempos que corren: totalmente alejada de la “economía ecológica”, cuyo principio fundamental es atender la relación entre los medios de producción y la salud del ecosistema y de los seres humanos.
Y si esta reforma pretende hacer crecer nuestra dependencia al petróleo, entonces, (digo yo) estamos hablando de una reforma mucho más negra que verde ¿o no?
A la proXaine ... que espero sea ya de una forma más "regular". Xtina " )
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