Pfizer salva ciudadanos “socialmente irresponsables”
Y yo que soy todavía una fumadora arrepentida -pero fumadora a fin de cuentas- me siento como “la mala del cuento saludable”, porque resulta que tanto las tabacaleras como las farmacéuticas son hoy en día reconocidas como RSE, o dicho con todas sus letras: “Empresas Socialmente Responsables”.
No me lo invento: en México (al menos) el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI), declaró que “por su carácter innovador, creativo y ejemplar” la British American Tobacco era una “empresa comprometida con los principios de un desarrollo sustentable”…. Bueno, yo cuando leí ese comunicado, no pude sino (literalmente) partirme de risa… ya se sabe que la hipocresía tiene pocos límites, y se sabe mejor que cuando hay intereses ($$) de por medio… la cosa empeora (o mejora, según quien lo mire)
Ojo: me declaro fumadora, que no defensora del tabaquismo. Y hoy, entre más conozco sobre el tema, más me enoja ser todavía incapaz de dejar esta adicción.
Hace 17 años (cuando yo tenía 19 –saquen sus cuentas) le gané una amiga la apuesta más desafortunada que he hecho en mi vida: dije que aprendería a fumar en menos de 3 días, y lo logré.
Hoy no recuerdo lo que gané en ese momento, pero recién comienzo a darme cuenta de todo lo que perdí, pues desde que aprendí a “darle el golpe” a un cigarro sin marearme, todavía me cuesta vivir “un día sin fumar” y conste que lo he intentado ya 3 veces, sin apenas lograr llegar ni a los 3 meses “libre de humo”.
La ecuación no es un secreto, porque más allá de lo que el CEMEFI diga sobre las tabacaleras, lo cierto es que diversos estudios constatan que entre 1998 y 2005, esta industria ha incrementado hasta en 11% la cantidad de nicotina EN CADA CIGARRO que los fumadores fumamos; y a más nicotina, más adicción y a más adicción, más infructuosos resultarán nuestros titánicos esfuerzos de voluntad para “dejar el vicio”.
Pero (insisto) el cinismo suele tener pocos límites, pues en la Unión Europea, la propia Altadis (la multinacional tabacalera hispano-francesa) reconocía el uso de 289 aditivos en sus marcas, mientras que en México, Philip Morris dice (sin rubor) que nuestro país tiene un “mercado maduro”, (?!?!) cuyo consumo oscila entre 9 y 10 cigarrillos por día.
Así que yo (y millones de adictos) estamos literalmente ‘haciendo el tonto’ cuando intentamos dejar de fumar: nos sentimos culpables y débiles cuando lo retomamos, y encima, de un tiempo para acá, el entorno y las leyes nos señalan con el dedo (a nosotros!!) por ser los causantes de la muerte de los fumadores pasivos.
Y mientras algunos organismos -realmente irresponsables- (como el CEMEFI) declaran a las tabacaleras como “socialmente responsables, el Estado y la sociedad intentan regular a “los terribles adictos” y nos arrinconan en lugares “donde causemos el menor daño posible al ambiente”.
Pero por si esto fuera poco, aparecen en escena otros héroes de este “cuento saludable”: las farmacéuticas se lanzan en una cruzada milagrera y nos ofrecen “la bendita nicotina nuestra de todos los días”, metida en una serie de sucedáneos disfrazados de pastillas, chicles o parches, cuyo uso librará al mundo del daño que causamos “los fumadores”
Pfizer, (que por algo es la mayor de esta industria en el mundo) avanza varios pasos más allá y promete que su método “Chantix” (12 semanas de ingesta de una serie de píldoras, cuyo precio, por cierto no está al alcance de cualquier ciudadano) no contiene nicotina y sin embargo, es capaz de “quitar la sensación placentera de fumar” (sic) “sin ansiedad, ni síndrome de abstinencia”.
La parafernalia que acompaña a este nuevo medicamento de Pfizer, como poco me hace desconfiar y como mucho, francamente me da miedo, porque más que publicidad parece una campaña de propaganda en busca de adeptos: centros de información telefónica o vía SMS, números gratuitos (no sólo en México sino en por lo menos 8 países más), videos de artistas y gente común que cuenta sus “historias de éxito”; un teléfono especializado de “ayuda médica” y por supuesto un sitio de Internet (que tiene todo esto y más)
Pero por si no fuera suficiente, ahora además, Pfizer ha enviado “ángeles” al rescate: sus promotores se lanzan por parejas a las calles del DF, se pasean por las terrazas (último refugio de esta terrible plaga que somos los fumadores), y con una enorme sonrisa te endosan (sin que lo pidas) como mínimo un folleto, si es que te salvas de la charla aleccionadora en plan “redención religiosa que te arranca de las garras del pecado”…. a mí todo esto me suena más al modus operandi de una secta, que de una farmacia que intenta vender una medicina.
Confieso que no lo he probado (y visto lo visto, no lo pienso hacer), pero en cambio he leído que Pfizer ha tenido que incluir en la letra pequeña, advertencias sobre los efectos secundarios de su “milagroso tratamiento”
¿Por qué? Porque el Chantix puede llegar a “provocar depresión e incluso pensamientos suicidas, según informó la Oficina de Alimentos y Medicinas de Estados Unidos”… y no tengo que decir que Pfizer (y otras empresas del ramo) también están reconocidas no sólo en México sino en el mundo, como “empresas socialmente responsables”.
No perdamos de vista que cuando hablamos de tabaquismo, estamos hablando de la segunda causa de muerte a nivel mundial, y yo no he sabido –todavía- que ni gobiernos ni ciudadanos (ni menos aún las farmacéuticas) demanden de las tabacaleras que “disminuyan el uso de los adictivos en sus productos
De modo que entre empresas “socialmente responsables”, pareciera que (al menos en el tema del tabaco) el mundo está lleno de ciudadanos irresponsables, incapaces de dejar atrás la adicción -a todas luces inducida-.
Y en cuanto al distintivo “responsable” dado a varios laboratorios mundiales, no me queda sino recordar que en países donde el sida o la malaria están matando a millones de personas, estas empresas han guardado celosamente sus patentes “para el mejor postor” o bien, han “experimentado” en seres humanos, algunas veces con consecuencias fatales.
El caso de niños fallecidos en Nigeria, después de que precisamente Pfizer probara ilegalmente un prospecto de medicina contra la meningitis en 1996, me temo que no ha merecido ninguna “campaña” ni la mitad de agresiva que la que ahora vemos contra “los ciudadanos que matamos con la nicotina que fumamos –aún los que ya no queremos fumar-
Así que –mientras ahora escribo y fumo- no trato de evadir la parte que me toca de mi adicción, lo único que intento decir es:
Señores: pongámonos serios, y sin hipocresías ni intereses ($$) de por medio, hablemos de responsabilidades y busquemos la solución en quienes originan el problema ¿o no?
A la proXaine! Xtina " )
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