Costo laboral de la buena vida
Han terminado las vacaciones de semana santa y con ello, la fantasía de la buena vida que nos merecemos por ser tan trabajadores.
Como todo en la vida, este pequeño paréntesis en la rutina tiene sus costos y no me refiero precisamente a los monetarios.
Últimamente los medios de comunicación hacen alusión al estrés postvacacional, como el trastorno que sufre el empleado que regresa a su empleo.
El padecimiento pudiera parecer frívolo (es decir, ¿de qué te quejas? ¡Tienes un empleo!) sin embargo, se dice que el síndrome afecta la productividad laboral.
¿Podría entonces pedir una incapacidad para reponerme del trance?
Seguramente una solicitud de esta naturaleza, además de causar hilaridad a la autoridad, sería rechazada, ya que el Instituto Mexicano del Seguro Social no lo reconoce como enfermedad del trabajo.
Lo curioso es que el mismo Instituto emitió un comunicado de prensa que apunta: “… el doctor Miguel Palomar Baena, coordinador de Educación e Investigación en Salud del Hospital de Psiquiatría Morelos del Seguro Social, señaló que también al regresar de vacaciones de Semana Santa, se incrementan las crisis de estrés, debido a la misma incertidumbre que se genera al pensar en el retorno al trabajo…”
Más allá de procesos legales, pienso que la fórmula para regresar dignamente a la realidad es: un buen ambiente de trabajo, retos profesionales y saberse importante.
Aun si tu organización no proporciona este esquema, lo más recomendable sería tomar una actitud positiva y no evadir responsabilidades.
La buena vida se gana y yo empezaré por organizar mi agenda. Probablemente así supere lo que concluye el IMSS en su comunicado: “Estos cuadros de estrés son más frecuentes en la mujer, en proporción de dos a uno, con mayor incidencia en adultos, debido a que los infantes lo disipan a través del juego.”
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