Sin ti es inútil vivir…
Los especialistas en la materia señalan que el síndrome de Estocolmo, es el padecimiento psicológico desarrollado por la víctima de un secuestro. Aunque parezca insólito, el secuestrado construye una relación enfermiza con su captor y se convierte en cómplice del delito.
El síndrome aparece también en los centros de trabajo, afectando a los colaboradores que se vinculan emocionalmente con la empresa que los maltrata. Estos trabajadores sufren presión y angustia innecesarias bajo argumentos como:
- conozco a mi jefe y sé como manejarlo
- sería imposible conseguir otro trabajo ahora
- necesito mi salario
- me gusta lo que hago, no la empresa
Sin embargo, también existen otras circunstancias que fomentan su permanencia en ese terrible empleo:
- trabajador y empresa integran un círculo vicioso: uno maltrata y el otro soporta
- ambos se encuentran en su zona de confort, trasladarse a un ambiente sano puede provocarles miedo a lo desconocido
- colaborador y patrón no sólo coexisten… se necesitan para vivir, tal como lo sostiene el bolero de Pepe Guizar que sirve de título para este post

La organización debiera considerar que este fenómeno afecta la salud física y mental del colaborador, derivando además en conflictos internos, baja de productividad y enrarecimiento del clima laboral.
En materia de prevención, resultan muy útiles las evaluaciones de mandos medios y superiores para detectar casos que merezcan atención especial. Seguramente habrá que tomar decisiones e incluso considerar el relevo de puestos, pero la conservación de relaciones laborales equitativas vale la pena.
Para encontrar más información sobre este tema, sugiero en el artículo ¡Alto al Síndrome de Estocolmo Laboral! publicado en saludempresarial
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