Por siempre Cruz Azul...
Lo confieso… le voy a la máquina del Cruz Azul. Siempre fue así y siempre será así. Son de las pocas cosas que se mantienen para siempre porque implican cuestiones de identidad y de pertenencia.
Y claro, como buen aficionado, lamento profundamente que el Santos nos haya dado una lección con este campeonato que, una vez más, se nos fue de las manos (aunque hace mucho que no estaba tan cerca).
Padezco, como muchos, la humillación de los amigos que hablan para cobrar las apuestas (generalmente una comida o algo así) o simplemente para descargar sus frustraciones conmigo que, de repente, me convierto en el derrotado.
Lo más curioso de todo es que, honestamente, en esta final sabía que algo malo iba a pasar. Tenía un mal presentimiento desde que se jugó el primer partido en el Estado Azul y no tuve la mínima esperanza de victoria. Lo peor de todo es que me parece que todos los jugadores compartían este sentimiento y así, simplemente, no se puede ganar una final. Algo está pasando que va más allá de un buen planteamiento táctico, de una buena nómina y de buenos jugadores en la cancha y en la banca. Algo está pasando desde hace diez años que no conseguimos absolutamente nada. Algo está pasando que ese sentimiento compartido que se ve en los jugadores se sube a las tribunas y es difícil, muy difícil de transformar.
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