La corrupción se institucionaliza en Israel
En estos días, un importante político israelí que sirvió en cargos ministeriales y es actualmente un parlamentario ha sido acusado de corrupción. Entró en componendas con hombres de negocios que poseen inversiones en Europa oriental, en Estados Unidos y en América Latina. Las comisiones que recibió por entregar información confidencial se elevan a varios cientos de miles de dólares. Felizmente, la prensa y los jueces de Israel muestran - al menos de momento – " cero tolerancia " a este género de delitos. El diputado – religioso y partidario de la derecha nacionalista – perderá su puesto e irá a la cárcel.
No es el único caso. El Primer Ministro Ehud Olmert se domicilia en Jerusalén en una casa evaluada en más de dos millones de dólares. La compró por menos de la mitad merced a arreglos por debajo del agua con millonarios que viven fuera del país y que muestran interés en invertir en Israel en las mejores condiciones. Olmert las facilitó. El Ministro de la Defensa Ehud Barak no se queda atrás. Su departamento se ubica en un edificio exclusivo, evaluado en unos tres millones de dólares. Obtuvo el dinero con base en asesorías que dispensó a hombres de negocios en el extranjero. Y el ex Primer Ministro Biniamin Netaniahu posee una casa en Jerusalén y otra a las orillas del Mar Mediterráneo. Su riqueza personal supera los cinco millones de dólares, y se origina en "los acertados consejos " que ha ofrecido a inversionistas en Israel y en el extranjero.
Los vínculos entre las empresas insertas en l globalización no se limitan a los políticos. Involucran también a los directores de los bancos y empresas financieras. Por ejemplo, el sueldo promedio mensual de ellos se coloca en torno a los 200 mil dólares… Por supuesto, estas realidades acentúan las distorsiones en el reparto del ingreso que ya existían en el país, y que son crónicas y se multiplican en países como los latinoamericanos.
Como ilustra el caso del parlamentario que se mencionó al principio, existen dos factores capaces de aminorar estas ligas entre las elites globalizadas y las burocracias nacionales: un sistema judicial absolutamente renuente a aceptar presiones externas, de un lado, y, del otro, una prensa valerosa que investiga y publica las conductas de políticos y funcionarios corruptos. Por fortuna, en el caso de Israel ambos actores actúan con prontitud y eficiencia. Lo prueba el hecho de que un hijo del celebrado ex Primer Ministro Ariel Sharón está hoy en la cárcel por haber distorsionado procesos electorales. Y no es el único.
Ciertamente, las posturas valientes de jueces y periodistas no son suficiente consuelo o remedio. Pero ofrecen esperanzas, y cabe adoptarlas prontamente en países donde la corrupción, hoy crónica, puede constituirse en irremediable.
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