Bette Davis: la bitch en mis pesadillas
Los medios evocan, desde ángulos dispares, los múltiples rostros y papeles de Bette Davis al cumplirse cien años de su nacimiento. Cómo explicar la fascinación que este personaje - y sus múltiples máscaras- ejerció en varias generaciones y aún hoy suscita sentimientos encontrados que oscilan entre el rechazo y la atracción ? La recuerdo de menuda estatura, alejada de la belleza hollywoodense tan cara a los norteamericanos, pero de mirada penetrante, casi persecutoria. Era más vampiro que vampiresa, especialmente cuando protagonizaba escenas y posturas donde el mal y la maldad buscaban expresarse.
Ella encarnó una amplia gama de prototipos femeninos sin que su enjuta anatomía fuera un insalvable obstáculo. Cuando retrocedo a mi adolescencia recuerdo en especial sus ojos que- confieso- más de una vez parieron pesadillas. Ojos de una bitch, emblemas de la perfidia, que en algunos casos ( como en Jezabel) atinaban a adquirir nobleza y abnegación. Bitch – "perra", "zorra", " bruja " o " cabrona " – que era entonces uno de los más bajos insultos. Hoy hay otros que lo tornan inofensivo y olvidable. Pero definía con puntualidad a esta actriz memorable.
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