Identidad personal en un universo orwelliano?
En los últimos días un gran alboroto público ha sacudido a Israel. El Parlamento acaba de legislar que todo ciudadano debe entregar su documento de identidad donde aparece sólo su fotografía a las autoridades. En cambio, recibirá una cédula "perfeccionada" con huellas digitales de dos de sus dedos y una foto "inteligente" inventada por la más afinada biometría. Esta información será controlada por el ministerio del interior ( Gobernación en México ); el personal allí empleado deberá superar exámenes regulares de seguridad a fin de impedir cualquier filtraje de la información; y quien rompa esta regla merecerá diez años de cárcel.
Las razones que justifican esta medida refieren la facilidad con que el documento hoy válido es falsificado por delincuentes y terroristas. La concentración de datos de toda la población en una sola oficina dotada de poderosas computadoras permitirá moderar este hecho y suministrará a la Policía nuevos instrumentos para combatir al crimen organizado.
La opinión pública israelí objeta esta ley. La introduce en un mundo orwelliano, pues facilita el conocimiento de todos los pormenores – incluso íntimos – de cada persona. La identidad personal se torna así en una ilusión. El trasfondo familiar, la salud, los ingresos, los viajes, los cambios de domicilio, casamientos y divorcios: todos los datos estarán en manos de funcionarios y de perspicaces piratas del Internet. Nadie asegura que no serán divulgados.
Hasta el momento, sólo sistemas totalitarios o países de inferior desarrollo han tratado de imitar los abusos del " Hermano mayor ". En ellos la persona es una ficción. Está marcada y controlada por entidades que apenas conoce. Pero si esta tendencia adquiere vuelo, los relatos de Kafka no serán únicamente piezas literarias. Las viviremos en la cotidianeidad.
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