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| Publicado a las 12:50 | Miércoles, 15 de Julio de 2009 | |||
La tesis fundamental de Bartra sostiene que México se enfrenta a problemas de civilización, aunque "desgraciadamente la discusión de estos problemas civilizatorios ha sido abandonada por muchos intelectuales y políticos".
En el capítulo "Los lastres de la derecha", el autor analiza tres de las características principales: el integrismo católico, los mitos de identidad nacional y la defensa de la pequeña burguesía.
Por otro lado, se muestra más duro con la izquierda. Propone que "la izquierda debería ser capaz de gobernar la nave de la economía de mercado con eficiencia y al mismo tiempo impulsar una cultura laica, moderna y civil". A diferencia de la izquierda en México, que se ha estancado en el viejo socialismo que ya no opera visiblemente en las sociedades modernas.
"El populismo y el liberalismo que propuso realmente López Obrador en su programa de gobierno fue una mezcla insensata de vagas promesas a los pobres", dice el autor. Y con ello dejó atrás la oportunidad de gobernar con un pensamiento socialdemócrata, como sucede en países de Europa, en donde la izquierda ha prosperado. "La socialdemocracia -esa gran ausente en la historia política mexicana- es en buena medida una fusión de socialismo y liberalismo".
En el capítulo "La vida en la calle y la política", apoyado en grandes teóricos como George Steiner y Walter Benjamin, subraya los comportamientos de los individuos en las ciudades, lugares "del orden y el caos". Asimismo, resalta que es en la calle en donde realmente se refleja el estado de ánimo de la población. Y precisamente esto nos remite a los escenarios de elecciones, como los actuales, en donde la ciudad de México se convierte en el periódico mural de los políticos.
La Fractura Mexicana seguramente nace de las tantas preguntas que tenemos acerca de cómo va perdiendo escaños y credibilidad el PRD; de cómo los panistas aún no pueden soltarse de la hegemónica Iglesia Católica; del miedo "de algunos" a que el PRI retome una fuerza no precisamente alentadora (lo estamos viendo en el Estado de México: las familias clave regresan y no precisamente para ser unos buenos samaritanos). "Si queremos elevar la calidad de nuestra democracia, necesitamos que tanto las derechas como las izquierdas se modernicen", apunta Bartra.
Nos pone como ejemplo a Chile en donde las fuerzas políticas pinochetistas han unido a las socialdemócratas con la democracia cristiana para evitar "posibles regresiones". Igualmente sostiene que en algún momento los gobiernos populistas desencadenarán un golpe de Estado (como el reciente en Honduras).
En un capítulo final, Roger Bartra llama "Memorias de la Contracultura" a un texto que se va aligerando con anécdotas del autor en torno a sus guiños con los beats. Su convivencia con algunos de estos exponentes (Ray Bremser y su esposa). Recuerdos de ideologías que Bartra creía revolucionarias y revestidas de verdad. Pinta a escritores como Kerouac, Ginsberg y Burrouhgs como unos bebedores de México, pero sólo por considerarlo "salvaje y atrasado". Al final y con melancolía, Bartra dice que en aquellas reuniones de 1961 "creía firme e ingenuamente que me estaba montando en las nuevas olas del siglo".
Roger Bartra. La fractura mexicana. Debate, México, 2009, 145 pp.El artículo original puede ser consultado aquí

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