
Tropezar de nuevo con misma piedra ( o la misma Wall Street)
Esta un poco larga, pero busque un café y síentese a leerlo, vale la pena
Oscar Wilde decía que la experiencia es el nombre que da el hombre a sus errores.
Aunque no todos coincidan en que el crack de la Bolsa del 23 de octubre -y los subsiguientes- fue un error, hace una semana estos acontecimientos tuvieron a muchos economistas y empresarios tratando de encontrar cuál era la “lección” tras este evento.
El mercado accionario de 1924-29 se engendró a partir de la Era Industrial de Oro de este período. Era fácil, después de la caída del mercado, decir que los especuladores fueron unos tontos y que la especulación es un vicio.
Sin embargo, uno pocos intransigentes (como Irving Fisher de Yale) sostenían, aún después del crack, que nunca antes las cifras habían estado tan misteriosamente desconectadas con la realidad como rápidamente las catalogaron los profetas que aparecieron después del evento. Ante la profunda convicción de que el futuro de la industria estadounidense era ilimitado, que no había tope para el valor potencial de los títulos estadounidenses, ¿dónde se podía trazar la línea entre una visión a largo plazo y un estado de locura?
La especulación es la sombra de la industria que se refleja en el muro del futuro.
Esta sombra era cada vez más larga durante el último lapso del Mercado en Alza, su tamaño había crecido, su perspectiva se había distorsionado. Pero si bien el cuadro se presentaba ampliado, no era imaginario. Tras la sombra de la Especulación todavía existía la Prosperidad real.
• 23 de octubre. ¿Entonces, por qué un mercado que había quebrado el 23 de octubre demostraba el 24 de octubre, con la continuación del colapso, que realmente había llegado el fin del Gran Mercado en Alza?
El profesor Irving Fisher lo explicaba con una analogía entre el quiebre del mercado y el manejo de un banco. El banco era la Industria de Estados Unidos. Los activos del banco eran los activos reales de la Industria del país. Las acciones eran el dinero en papel que había emitido este banco. En este momento, todos los bancos, hasta el Sistema de la Reserva Federal, emiten más dinero en papel que el oro que tienen en sus arcas. Hasta un banco quebraría si todos sus depositantes trataran simultáneamente de cambiar sus papeles por oro. Y, desgraciadamente, el Banco Industrial no había mantenido ningún equilibrio racional entre su efectivo y sus papeles. Auburn: 514—Johns Manville: 242— Radio: 114—eran las sucursales del banco que tenían la mayor cantidad de documentos para canjear.
Hasta la moneda de sus sucursales más grandes y seguras, como General Electric, American Telephone &Telegraph, United States Steel, estaba inflada cuando sus títulos se estancaron en 403, 310 y 261 respectivamente.
Como hasta ese momento los depositantes no habían empezado a obsesionase con esta inflación, no se había provocado ninguna situación peligrosa. Pero apenas empezaron a formarse filas en las ventanillas de los bancos para retirar el dinero, el crack fue inexorable.
• 23 de octubre - 12 de noviembre: la razón por la cual el crack se desató el 23 de octubre de 1929 es tan misteriosa (e intrascendente) como por qué azarosa razón la Guerra Mundial comenzó el 4 de agosto de 1914.
Si algunos buscan los orígenes de la Guerra no más allá del asesinato del archiduque, entonces otros podrían buscar los orígenes del crack en una variedad de eventos como por ejemplo cuando Goldman Sachs puso fin a su participación en el fondo de inversión de Blue Ridge. Un punto relevante es el deterioro de la confianza popular que concluyó en el crac.
Las causas de deterioro fueron:
1) Las advertencias de Junta de la Reserva Federal y otros profetas del desastre – advertencias que, si bien provocaron la burla de algunos, llenaron al mercado de una condena de pecado.
2) Un periodo de casi dos meses (desde la Quiebra de Babson en septiembre) en el cual se habían empleado inyecciones de estricnina para mantener los números en alza. La caída de septiembre (actualmente casi ignorada para poder aceptar la teoría peculiar de que el mercado colapsó sin previo aviso) tuvo una importancia significativa como indicador de que un mercado que solo podía sobrevivir gracias a sus alzas constantes había llegado a la cima de su ascenso.
3) Lo más importante, los indicadores de un tiempo “ralentado” en la industria estadounidense. Las acciones de las automotrices, por ejemplo, habían estado bajando constantemente desde sus precios máximos de enero, lo cual era un pronóstico de disminución de la producción para la última parte del año.
En ese momento, las acererías no estaban funcionando a 97% y 98% de su capacidad. El mercado empezó a darse cuenta lentamente de que 1929 podría ser un año anormal, un año de mareas altas y no de un escalón más en esta marea de ascenso constante. Si estos temores eran fundados, ¿qué quedaba de la prosperidad anticipada para 1930- 1931 o inclusive para más adelante? El mercado se había hipotecado a sí mismo con el futuro como su garantía. Si ese futuro no seguía siendo rosa, había desaparecido la garantía.
Economía.
Aparte de las “causas” de la quiebra, se hicieron muchas conjeturas sobre las causas económicas del colapso. Las tres más mencionadas fueron las siguientes:
1) Que las corporaciones que habían prestado el dinero a los especuladores “a pedido” habían contribuido más que cualquier otro grupo a una situación financiera poco sólida, porque muchas corporaciones retiraron de circulación sus préstamos ante el primer indicio de problemas. La semana pasada cinco directores de una corporación amenazaron con renunciar si la compañía debía retirar sus préstamos. Estos directores tomaron la actitud honorable de, habiendo prestado dinero al mercado de valores, la corporación no debía abandonar al mercado siempre y cuando su préstamo estuviese adecuadamente protegido por avales.
2) Que los reportes financieros excesivamente conservadores de las corporaciones habían fomentado la especulación. Siempre han existido compañías deshonestas que “dibujan” sus libros y muestran ganancias de 1 dólar por acción cuando en realidad no ha habido ganancias. Pero imagine que una empresa ultra-conservadora muestra una ganancias de 1 dólar por acción cuando alguien más piensa que pudieron haber mostrado 2 dólares de ganancia -por acción subiendo sus activos al mínimo y llevando sus pasivos al máximo-; de allí el incentivo para la imaginación y por lo tanto la especulación grande y obvia.
3) Estas amplias distribuciones de acciones entre los empleados ha logrado que miles de personas estén excesivamente atentos al comportamiento de las acciones
Resultados. En cuanto a los “resultados” de la quiebra, no se pudo contestar la pregunta fundamental – esto es, ¿hasta qué punto la psicología (con tendencia a la baja) se extiende a los negocios en general?
Durante la semana pasada, había más optimismo que pesimismo. Los corredores de bolsa estaban mucho más pesimistas que los empresarios. Parecían pensar que la bolsa de valores caería en desgracia si las empresas nos seguían humildemente su liderazgo- idea especialmente extendida entre los corredores de menos experiencias, de Manhattan. Después de lower Manhattan, el lugar más desolado del mundo era Detroit, donde se llegó a lo más profundo de la desazón con un ejecutivo de la industria automotriz que parecía sentir que nunca más un ciudadano estadounidense podría comprar otra cosa que no fuera Ford. A continuación, tres de los “resultados” pronosticados:
1) Que se incrementaría la prosperidad porque en adelante la gente trabajaría más y especularía menos. Todas las grandes instituciones tienen al menos un ejecutivo dedicado más a atender los movimientos del Mercado que a realizar el trabajo por el que teóricamente le pagan los accionistas. Y miles de propietarios de pequeños negocios han desatendido sus empresas y por consiguiente han vendido menos productos de las Grandes Empresas de los que podrían haber vendido.
2) Que los fondos que hasta ahora se concentraban en el Mercado de valores se orientarán a áreas más legítimas (parecía que algunos agentes inmobiliarios creían que el público iba a construir casas con el dinero que había perdido en el mercado) Ciertamente se habló mucho de un renacimiento del interés por los bonos, que recientemente habían sido rechazados hasta por viudas y huérfanos.
3) Que pronto podría demostrarse a este pueblo preparado y en espera la magia constructiva de Herbert Hoover ("la gran ingeniería funciona").
| Zona de comentarios |
Revisa los Términos y Condiciones de uso del website antes de comentar.

