
El asunto chino o el pulso a puerta cerrada
Martes, 15 de abril de 2008 | 01:02
El Foro Económico Mundial arrancó oficialmente con un concierto electro-clásico de Telefunka y la Orquesta de Mérida a cargo de ProMéxico, espuma de aguacate incluida. Antes se dio el primer duelo México-China con resultado mixto y ¡amistoso!. El presidente Calderón nos regaló una guayabera.
¿Es usted partidario de la playa o de la montaña? Uno, a pesar de que odia la costumbre de la costa de arruinar los libros y provocar quemaduras de grado 1,000, se declara partidario incondicional de Cancún frente a Davos si de Foros Económicos Mundiales se trata. Entiéndalo: en lugar de fríos glaciales, un aire acondicionado medio chafa; en vez de nieve, arena de playa –para sus insensatos partidarios/as-. Y de plano, frente a la seriedad suizogermana, aquí todo el mundo está de humor medio caribeño, medio socarrón, como que no terminamos de creernos del todo la película.
Quizá así nos tomen en serio todos estos posibles inversionistas llegados de todos lugares del globo.
El lunes arrancó el Foro Económico Mundial en Cancún, con una cena a cargo de la agencia con la que el ex Séminis Bruno Ferrari tiene por meta atraer inversiones y promover México en el mundo. ¿Funcionará? Al menos, quiere ir más allá de los tópicos, está investigando ventajas competitivas, y promete programas razonables y enfocados. ProSoft ya tiene sus logros, por qué no esperar otros semejantes de sus planes de crear inteligencia de negocios para inversionistas extranjeros.
No estuvo mal la cena, a pesar de que los vientos inesperados obligaron a cambios de último minuto y a llevar al salón de actos lo que iba a suceder en el jardín, Ante la fascinación de los posibles inversionistas, mucho ejecutivo global petrolero, tecnológico y financiero, se nos dio la oportunidad de descubrir la gelatina de aguacate, la espuma de queso quijota, o la música electro-clásica de los tapatíos de y la Orquesta de Mérida. Si esto era poco, se nos regaló una guayabera a todos para la cena de gala de mañana con textito presidencial incluido. Lo confieso, para la mañana me apunto al neoguayaberismo postmoderno, globalizador y ProMéxico.
Anécdotas al margen, ayer se dio una reunión a puerta cerrada (de esas de las que uno no debe hablar porque luego lo castigan por bocón) en la que empresarios mexicanos ¬–Alejandro Ramírez de Cinépolis y Agustín Coppel de Coppel entre otros– se sentaron frente a frente con empresarios chinos.
Los agravios son muchos y (créalo) mutuos. Mientras los mexicanos se quejaban del contrabando técnico y la piratería, los chinos no entendían por qué México frenó su entrada a la Organización de Comercio (OMC) y es contraparte con frecuencia en denuncias antidumping. Un mexicano recordó el saldo de la balanza comercial –una relación de 14 a 1 a su favor– para poner las cosas en su lugar, así como la civilizada costumbre mexicana, anclada en la doctrina Estrada, de no criticar lo que sucede en el Tibet y no reconocer a Taiwan. “Somos buena onda, y ustedes van y nos arrebatan el mercado estadounidense, copan los tianguiz y encima se quejan”, era el mensaje, más o menos.
Al final, se aplicó algo de dialéctica al asunto, bajo el auspicio, una vez más de ProMéxico: ¿no será mejor pensar que en 20 años ambos países seremos potencias económicas, y que tarde o temprano debemos entendernos? El costo de oportunidad puede ser muy alto si no lo hacemos, vinieron a concluir las voces razonables de ambos lados.
Y entonces los mexicanos propusieron que invirtieran aquí, y los empresarios y representantes gubernamentales chinos manifestaron su interés en las materias primas y el petróleo mexicano (resulta que no son sólo los pérfidos empresarios mexicanos, o las malignas multinacionales gringas las interesadas en el sagrado santo grial nacional, mirá vos). El caso es que se pidió a los chinos que controlen la piratería, que inviertan y ayuden a equilibrar la balanza comercial, y ellos pidieron que dejemos de verlos con tanto miedo. Sin duda, buenas conclusiones de una jornada a puerta cerrada en la que no participé pero que le cuento porque es de esas reuniones que servirán para el futuro.
Me lo repito a mí mismo, porque suena hasta bonito: “¿no será mejor pensar que en 20 años ambos países seremos potencias económicas, y que tarde o temprano debemos entendernos?”.
Para entenderlo, anuncio que va un comercial, lea la portada de Expansión que está ahora en la calle sobre la nueva clase media mexicana, y mañana continuamos.
Quizá así nos tomen en serio todos estos posibles inversionistas llegados de todos lugares del globo.
El lunes arrancó el Foro Económico Mundial en Cancún, con una cena a cargo de la agencia con la que el ex Séminis Bruno Ferrari tiene por meta atraer inversiones y promover México en el mundo. ¿Funcionará? Al menos, quiere ir más allá de los tópicos, está investigando ventajas competitivas, y promete programas razonables y enfocados. ProSoft ya tiene sus logros, por qué no esperar otros semejantes de sus planes de crear inteligencia de negocios para inversionistas extranjeros.
No estuvo mal la cena, a pesar de que los vientos inesperados obligaron a cambios de último minuto y a llevar al salón de actos lo que iba a suceder en el jardín, Ante la fascinación de los posibles inversionistas, mucho ejecutivo global petrolero, tecnológico y financiero, se nos dio la oportunidad de descubrir la gelatina de aguacate, la espuma de queso quijota, o la música electro-clásica de los tapatíos de y la Orquesta de Mérida. Si esto era poco, se nos regaló una guayabera a todos para la cena de gala de mañana con textito presidencial incluido. Lo confieso, para la mañana me apunto al neoguayaberismo postmoderno, globalizador y ProMéxico.
Anécdotas al margen, ayer se dio una reunión a puerta cerrada (de esas de las que uno no debe hablar porque luego lo castigan por bocón) en la que empresarios mexicanos ¬–Alejandro Ramírez de Cinépolis y Agustín Coppel de Coppel entre otros– se sentaron frente a frente con empresarios chinos.
Los agravios son muchos y (créalo) mutuos. Mientras los mexicanos se quejaban del contrabando técnico y la piratería, los chinos no entendían por qué México frenó su entrada a la Organización de Comercio (OMC) y es contraparte con frecuencia en denuncias antidumping. Un mexicano recordó el saldo de la balanza comercial –una relación de 14 a 1 a su favor– para poner las cosas en su lugar, así como la civilizada costumbre mexicana, anclada en la doctrina Estrada, de no criticar lo que sucede en el Tibet y no reconocer a Taiwan. “Somos buena onda, y ustedes van y nos arrebatan el mercado estadounidense, copan los tianguiz y encima se quejan”, era el mensaje, más o menos.
Al final, se aplicó algo de dialéctica al asunto, bajo el auspicio, una vez más de ProMéxico: ¿no será mejor pensar que en 20 años ambos países seremos potencias económicas, y que tarde o temprano debemos entendernos? El costo de oportunidad puede ser muy alto si no lo hacemos, vinieron a concluir las voces razonables de ambos lados.
Y entonces los mexicanos propusieron que invirtieran aquí, y los empresarios y representantes gubernamentales chinos manifestaron su interés en las materias primas y el petróleo mexicano (resulta que no son sólo los pérfidos empresarios mexicanos, o las malignas multinacionales gringas las interesadas en el sagrado santo grial nacional, mirá vos). El caso es que se pidió a los chinos que controlen la piratería, que inviertan y ayuden a equilibrar la balanza comercial, y ellos pidieron que dejemos de verlos con tanto miedo. Sin duda, buenas conclusiones de una jornada a puerta cerrada en la que no participé pero que le cuento porque es de esas reuniones que servirán para el futuro.
Me lo repito a mí mismo, porque suena hasta bonito: “¿no será mejor pensar que en 20 años ambos países seremos potencias económicas, y que tarde o temprano debemos entendernos?”.
Para entenderlo, anuncio que va un comercial, lea la portada de Expansión que está ahora en la calle sobre la nueva clase media mexicana, y mañana continuamos.
Para participar con tus comentarios, es muy importante
registrarte con tu nombre verdadero y dar una dirección de correo electrónico. A fin de mantener la buena conducta,
queda estrictamente prohibido cualquier insulto, amenaza o insinuación hacia cualquier persona. No se permite el lenguaje
libeloso, difamatorio, ilegal, obsceno u ofensivo, faltas de respeto y el uso de sobrenombres de mal gusto. Tampoco se
permiten mensajes que violen los derechos a la intimidad de terceras personas.
www.cnnexpansion.com se reserva el derecho a decidir qué mensajes incumplen estas normas y eliminarlos sin previo aviso.
Revisa los Términos y Condiciones de uso del website antes de comentar.

