
Un discurso pro inversión
Miércoles, 16 de abril de 2008 | 11:34
El discurso del presidente Calderón a los participantes en el Foro Económico Mundial fue de buen vendedor. El público lo recibió con entusiasmo.
El jefe de estado de un país es sin duda el mayor o peor vendedor a los inversionistas. Calderón habló en la cena de gala del Foro Económico Mundial, en Ixcaret, de gobernabilidad, de democracia y libertad –yo tenía a mi derecha a un representante del gobierno chino que aplaudía con sorprendente entusiasmo– y de cómo Latinoamérica y México deben empezar a vendes sus logros. Y la gente lo celebró con ganas.
Repasó las reformas logradas en el Congreso, desde la del ISSSTE, la de justicia, la fiscal, la electoral... la lista crece mes con mes y lo cierto es que algo está sucediendo entre el Ejecutivo y el Congreso que no necesariamente tiene que ver con las tomas de tribuna, ese elemento postmoderno, a veces preocupante, que termina por animar nuestras conversaciones de café.
"México hizo..." tal y cual reforma, decía Calderón, dando su lugar al Congreso, al Banco de México (en 2007 por primera vez México tuvo menor inflación que Estados Unidos) y a los gobernadores, y los asistentes extranjeros, llegados de toda América, norte, centro y sur, preguntaban. "¿En qué consiste los juicios orales?", "¿qué cambió en la ley fiscal?". Por supuesto, todos son temas que a veces no llegan a los oídos de quienes tienen que llegar. "Siento que escribo para que no me lean", comentó un corresponsal cansado de escribir sobre ellos.
Mientras uno probaba la reducción de nosequé –unos menús realmente postmodernos, los de este encuentro–,
y vinos del Valle de Guadalupe de esos muy premiados, y escuchaba los sonidos de las rancheras, algo se me hizo obvio, algo que no se veía en Davos hace mucho tiempo, algo que todavía es incipiente y a lo que le está costando salir, pero que puede resumirse en "México vuelve a sonar".
Si ese es el objetivo de esta reunión, todo va bien.
Repasó las reformas logradas en el Congreso, desde la del ISSSTE, la de justicia, la fiscal, la electoral... la lista crece mes con mes y lo cierto es que algo está sucediendo entre el Ejecutivo y el Congreso que no necesariamente tiene que ver con las tomas de tribuna, ese elemento postmoderno, a veces preocupante, que termina por animar nuestras conversaciones de café.
"México hizo..." tal y cual reforma, decía Calderón, dando su lugar al Congreso, al Banco de México (en 2007 por primera vez México tuvo menor inflación que Estados Unidos) y a los gobernadores, y los asistentes extranjeros, llegados de toda América, norte, centro y sur, preguntaban. "¿En qué consiste los juicios orales?", "¿qué cambió en la ley fiscal?". Por supuesto, todos son temas que a veces no llegan a los oídos de quienes tienen que llegar. "Siento que escribo para que no me lean", comentó un corresponsal cansado de escribir sobre ellos.
Mientras uno probaba la reducción de nosequé –unos menús realmente postmodernos, los de este encuentro–,
y vinos del Valle de Guadalupe de esos muy premiados, y escuchaba los sonidos de las rancheras, algo se me hizo obvio, algo que no se veía en Davos hace mucho tiempo, algo que todavía es incipiente y a lo que le está costando salir, pero que puede resumirse en "México vuelve a sonar".
Si ese es el objetivo de esta reunión, todo va bien.
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