
Y sin rescate, ¿qué nos espera?
Un sistema financiero colapsado no pudo poner de acuerdo a los políticos estadounidenses, temerosos de que los electores que van a las urnas el 4 de noviembre no les perdonen el rescate de unas entidades financieras que no se han caracterizado precisamente por su rendición de cuentas.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, todo el mundo (es decir, todos los economistas) estaba de acuerdo: un rescate de 700,000 millones de dólares era excesivo, tenía fallos e incluso en su versión final podía no funcionar. Pero era mejor que nada, y había que hacerlo. Con pagas reducidas, eliminación de compensaciones, acciones... con todos los pies de página, pero había que hacerlo.
Ahora, con nada en el bolsillo del secretario del Tesoro Paulson sólo queda esperar una catástrofe... o que los políticos estadounidenses recapaciten y ahorren a sus constituencies una recesión del 15% del PIB, años de estancamiento –léase Japón en las últimas dos décadas–. Más nos vale, a los que estamos al sur de la frontera.
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