Economía
Columna invitada

¿Es el fin de los paraísos fiscales?

En tiempos de crisis económica estos territorios de baja fiscalidad están en la mira del mundo; sin embargo, su poco probable desaparición no implicaría una solución a la debacle.

Por: Carlos Alberto Ramos Espinosa* |
Jueves, 23 de abril de 2009 a las 06:00

CIUDAD DE MÉXICO — Eventualmente hemos escuchado hablar de paraísos fiscales y de los territorios que integran la famosa lista; sin embargo, en épocas de crisis económica como la que actualmente se padece en todo el mundo, éste tema toma especial interés, sobre todo cuando para algunas personas y organismos internacionales, la desaparición de éstos territorios de baja fiscalidad, representa en buena medida, la solución a los problemas de los mercados financieros.

Por definición, un paraíso fiscal es un territorio o estado que se caracteriza por aplicar un régimen tributario especialmente favorable a empresas y ciudadanos no residentes, que se domicilien a efectos legales en el mismo. Por lo general, estas ventajas consisten en la exención total o reducción significativa del pago de los principales impuestos.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), cuatro factores clave son utilizados para determinar si una jurisdicción es un paraíso fiscal:

La jurisdicción no impone impuestos o éstos son sólo nominales. La OCDE reconoce que cada jurisdicción tiene derecho a determinar si impondrá impuestos directos. Si no hay impuestos directos pero sí indirectos, se utilizan los otros tres factores para determinar si una jurisdicción es un paraíso fiscal Falta de transparencia Las leyes o las prácticas administrativas no permiten el intercambio de información para propósitos fiscales con otros países en relación a contribuyentes que se benefician de los bajos impuestos Si se permite a los no residentes beneficiarse de rebajas impositivas, aun cuando no desarrollen efectivamente una actividad en el país

Un paraíso fiscal tiene la característica de que en un mismo territorio suelen convivir dos regímenes fiscales diferentes y legalmente separados. Por un lado, aquel al que están sujetos los residentes y empresas locales al igual que en cualquier otro país y, por el otro, el de los no residentes, que disfrutan de ventajas fiscales y en algunos casos, encuentran obstáculos para desarrollar actividades económicas o de inversión dentro de su propio país.

A efecto de poder identificar en forma separada estas dos economías, habitualmente se cuenta con legislación e instituciones específicas reservadas a los no residentes, por ejemplo, los bancos offshore o las sociedades IBC (International Business Companies).

La existencia de estrictas leyes de secreto bancario y de protección de datos personales representa otra de las características para identificar un paraíso fiscal. Por lo regular, los datos de accionistas y directores de empresas no figuran en registros públicos, sino más bien se encuentran bajo la custodia de un representante legal, llamado agente residente.

Lo anterior ha provocado que estos países, en ocasiones muy pequeños en extensión y población, hayan conseguido acumular aproximadamente un cuarto de la riqueza privada de todo el mundo, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Los paraísos fiscales enumerados en la lista publicada por la OCDE son:

Andorra Islas Turcas y Caicos
Anguila Islas Vírgenes Británicas
Antigua y Barbuda Liberia
Antillas Neerlandesas Liechtenstein
Aruba Mónaco
Bahamas Montserrat
Bahréin Nauru
Belice Niue
Bermudas Panamá
Dominica Samoa
Gibraltar San Cristóbal y Nieves
Granada San Marino
Islas Caimán San Vicente y las Granadinas
Islas Cook Santa Lucía
Islas Marshall

 

Para muchas personas, sobre todo para los gobiernos y dirigentes financieros de los territorios antes mencionados, el hecho de ser catalogados como paraísos fiscales, representa por sí mismo un estigma, ya que por lo regular, siempre se les ha acusado de albergar a evasores de impuestos, terroristas y narcotraficantes que encubren sus identidades tras sociedades offshore o fundaciones.

Aunado a esto, podemos encontrar manifestaciones de enojo y molestia de países que, tras haber sido señalados como paraíso fiscal, califican de no transparente la lista elaborada por la OCDE. En algunos otros casos, se muestran conscientes de su designación como paraísos fiscales, sin embargo; la molestia radica en el hecho de que los cataloguen como naciones o territorios faltos de cooperación para respetar los estándares internacionales.

Asimismo, existen firmes quejas de que algunos territorios, sobre todo aquellos dependientes de grandes naciones, no están siendo sometidos a la misma presión que otros por su comportamiento como paraísos fiscales, por ejemplo; recientemente el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, afirmó que en la lista del Grupo de los 20 (G20) debían figurar algunas islas dependientes de la corona británica al considerar que la presión para éstos territorios, es menor a la ejercida para su país y otras naciones tales como Suiza y Liechtenstein.

En forma casi paralela a lo anterior y  tras la cumbre del G-20, celebrada el pasado 2 de abril en Londres, la OCDE presentó la lista negra de los países juzgados como "no cooperativos"; además se acordó el fin de los paraísos fiscales como una de las medidas contra la crisis económica global.

Sin embargo, una vez que Costa Rica, Filipinas, Malasia y Uruguay informaron a la OCDE que en este mismo año pondrían en marcha las disposiciones legales pertinentes para cumplir con los criterios internacionales, la Organización decidió retirarlos de la lista negra. Además, se comprometieron a incorporarse a las leyes y tratados que están en vigor.

Es así como estos cuatro países se unen a los 38 inscritos en la "lista gris" de la OCDE.

Asimismo, Suiza, Austria, Andorra, Liechtenstein y Luxemburgo anunciaron recientemente, que flexibilizarán sus normativas sobre secreto bancario conforme a las reglas en materia fiscal de la OCDE.

Después de conocer parte de los antecedentes y situaciones recientes en torno a los paraísos fiscales, con todo y sus listas negras, grises, o de cualquier otro color, bien cabe hacer las siguientes preguntas: ¿Los paraísos fiscales tienen los días contados?, ¿acabar con ellos realmente resolverá la crisis económica?

Aunque la existencia de los paraísos fiscales es considerada hoy un fuerte reto de la nueva arquitectura financiera que se requiere para erradicar las turbulencias monetarias en el mundo y crear un orden económico internacional equilibrado, acabar con ellos no solucionará el problema. Los paraísos fiscales son parte del problema pero la crisis no se ha debido únicamente a ellos.

Las recientes concesiones en materia de secreto bancario por parte de Suiza, Austria, Liechtenstein, Luxemburgo, Andorra y Mónaco han incitado un exceso del optimismo entre los escépticos de los territorios de baja imposición fiscal, pero muy poco ha sido el cambio ya que de momento las tan celebradas "concesiones" no son más que manifestaciones de buenas intenciones y queda por ver en qué se traducen finalmente.

Resulta innegable que la presión continua sobre los paraísos fiscales por parte de gobiernos y organizaciones internacionales. Durante los últimos años se ha propiciado en algunos casos, serios recortes de las leyes de privacidad y de secreto bancario pero, es evidente también, que falta mucho para afirmar que estamos ante el fin de las llamadas jurisdicciones offshore.

Lo que sí se puede anticipar con seguridad es un cambio de tendencia y que las operaciones financieras cada vez se desplazarán más a nuevos países menos estigmatizados, o bien, a localizaciones más discretas que ofrecen ventajas fiscales similares.

Es de esperar que durante los próximos años sigamos escuchando de recortes al secreto bancario aquí y allá, especialmente en los paraísos fiscales más clásicos y los situados en Europa. De este modo, Suiza, puede verse desplazada por jurisdicciones que como Panamá han sabido defender con más firmeza sus leyes de secreto bancario.

En conclusión, aún en medio de una crisis económica, no estamos ni mucho menos ante el fin de los paraísos fiscales, sobre todo cuando hoy en día existen demasiados intereses políticos y económicos. Es un hecho que mientras siga habiendo naciones con poco que perder y mucho por ganar con el negocio offshore, el fenómeno seguirá dando de que hablar. Algunos de los paraísos fiscales y bancarios que hoy conocemos cambiarán de cara y otros desaparecerán pero, en este caso, otros nuevos estarán listos para emerger y tomar su lugar.

*El autor es licenciado en Contaduría y se desempeña como gerente de Control Financiero de la firma Horwath Castillo Miranda. Actualmente es socio del Colegio de Contadores Públicos de México, A.C.


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