Columna invitada

El futuro del TLCAN

Jaime Serra Puche habla de cómo las economías de Estados Unidos, Canadá y México se han integrado; dice que el proceso entre los países del TLCAN seguirá, a pesar de las políticas de la región.

Por: Jaime Serra Puche* |
Miércoles, 29 de julio de 2009 a las 06:00

Cuadernos del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi)/CNNExpansión.com — La integración de las tres economías de América del Norte continuará, independientemente de las políticas seguidas por los gobiernos de la región. Naturalmente, la forma en que esta integración ocurra dependerá de las políticas públicas en la región.

Desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se ha dado una integración creciente, entre las tres economías de la región, en términos de comercio e inversión intrarregionales, convergencia macroeconómica y sincronización de ciclos económicos.

Al mismo tiempo se observa, en las últimas décadas, una tendencia mundial a la regionalización comercial: la proliferación de tratados regionales, los aumentos en el costo del trasporte y la imposición creciente de restricciones a las exportaciones, otorgan ventajas a aquellos socios comerciales que están cerca del mercado.

Además existe complementariedad entre las tres economías de América del Norte en la donación de factores de la producción y los principales mercados de materias primas. En los mercados de la región del gas natural, los alimentos y el acero hay un balance razonable que otorga una ventaja frente a otras regiones. Asimismo, hay una complementariedad en el mercado laboral que, de permitirse la movilidad de este factor, disminuiría la razón de dependencia demográfica de la región de manera sustantiva.

Con base en lo anterior, es razonable concluir que la integración de las tres economías de América del Norte continuará, independientemente de las políticas seguidas por los gobiernos de la región. Naturalmente, la forma en que esta integración ocurra dependerá de las políticas públicas en la región.

Para analizar el futuro de TLCAN utilizo tres premisas: la primera intenta desmenuzar el grado de integración de las economías de América del Norte; la segunda pretende dilucidar el futuro del regionalismo comercial, a la luz de los aumentos del costo del transporte y, la tercera, aborda la complementariedad en la dotación de factores de la producción y el balance de mercados de materias primas en la región. A partir de estas premisas, y de su correspondiente evidencia empírica, conjeturo sobre lo que puede ser el futuro del principal instrumento comercial de México.

I. Premisa 1

El grado de integración de las economías de América del Norte ha aumentado a partir de la introducción del TLCAN, tanto en términos de comercio e inversión intrarregionales, como de convergencia macroeconómica y sincronización de ciclos económicos.

I.1 Comercio e Inversión intrarregionales

Los flujos comerciales y de inversión al interior de la región han crecido de manera razonablemente sostenida desde que el TLCAN entró en operación. El índice, que se muestra en el Recuadro 1, fue construido ex profeso para analizar el comportamiento de estas dos variables desde que inició TLCAN. Este muestra un crecimiento dinámico con una notable disminución entre los años 2000 y 2002, que coinciden con el ingreso de China a la OMC y los eventos del 11 de septiembre de 2001.

Estos dos eventos tuvieron un impacto sobre los flujos comerciales y de inversión norteamericanos desde y hacia México. En particular, cuando China entró oficialmente a la OMC recibió, automáticamente, el trato de nación más favorecida. Esto terminó con la incertidumbre de acceso de bienes chinos al mercado de los Estados Unidos, que previamente estaban sujetos a una aprobación anual del status de nación más favorecida, por parte del Congreso de ese país. El impacto fue doble porque esta modificación afectó el comportamiento de las exportaciones chinas, sobre todo de manufactura, y el comportamiento de los inversionistas americanos que decidieron, una vez que se eliminó la incertidumbre de acceso, invertir crecientemente en plantas chinas para exportar al mercado americano. Este segundo efecto fue mayor y disminuye mucho más que el comercio. A pesar de la importancia de ambos efectos, el índice muestra un crecimiento sobresaliente: al pasar de 100 en 1988 (año base), y 150 justo antes de que TLCAN entrara en vigor, a 550 en 2007.

I.2 Convergencia Macroeconómica

Además del crecimiento del comercio y de las inversiones regionales, se ha generado, a lo largo de la vida del TLCAN, un proceso de convergencia macroeconómica entre las tres economías de América del Norte. El comportamiento de las principales variables macroeconómicas -las tasas de interés, el tipo de cambio y la inflación-de las tres economías muestra una tendencia muy clara hacia la convergencia, desde que entró en vigor el TLCAN. Después de la crisis mexicana de balanza de pagos de 1994-1995, el comportamiento de estas variables en la economía mexicana ha ido convergiendo hacia un patrón muy parecido al de Estados Unidos y Canadá. En el Recuadro 2 se muestra cómo las variables convergen en forma asintótica, conforme evoluciona el proceso de integración. Las pruebas de cointegración entre las series de la tasa de interés, el tipo de cambio y la inflación, son contundentes y permiten concluir que, en efecto, se ha dado un proceso de convergencia macroeconómica notable entre las tres economías de la región.

Naturalmente, las políticas fiscales y monetarias responsables que ha seguido el gobierno de México desde la crisis de 1994-1995 con la explicación fundamental de la estabilidad (Esta disciplina fiscal y monetaria mexicana contrasta con la indisciplina estadounidense, que es una de las causas fundamentales de la crisis financiera en que estamos inmersos). Habría que añadir, sin embargo, que la balanza comercial, gracias a la apertura, pasó de ser un desestabilizador en la época de la economía cerrada a un estabilizador cuando la economía se abrió (Torres y Vela, 2002). Cuando la economía estaba cerrada había un sesgo anti-exportador y, por tanto, las exportaciones eran de carácter residual, por lo que el crecimiento económico siempre iba acompañado de déficits comerciales crecientes: conforme la economía crecía había menos exportaciones y las importaciones subían.

Con la apertura se reasignaron recursos crecientes a la producción de bienes exportables y, por lo tanto, las exportaciones pasaron de ser residuales a ser uno de los principales motores de crecimiento. Por ello, cuando las tasas de crecimiento suben, también lo hacen las exportaciones, que evolucionan de manera similar a las importaciones y tiende a desaparecer el elemento desestabilizador de la balanza comercial que era inherente a las épocas de elevado proteccionismo. Por ello, la evidencia de convergencia macroeconómica, a partir de la introducción del TLCAN, no es del todo sorprendente.

I.3 Sincronización de Ciclos Económicos

Adicionalmente al crecimiento del comercio y la inversión regional y a la convergencia macroeconómica, se ha registrado, también desde el inicio del TLCAN, una sincronización de los ciclos económicos entre las economías de Norteamérica.

Con la introducción del TLCAN aumenta el grado de sincronización de los ciclos económicos industriales de Estados Unidos y México. (Para el periodo previo al TLCAN la prueba de cointegración de Johansen sugiere que las series no están cointegradas. Sin embargo, para el periodo que va desde el inicio del TLCAN a 2008, la misma prueba indica la presencia de una relación de largo plazo entre la producción industrial de México y la misma variable de Estados Unidos).

Lo anterior no debe sorprender, puesto que, en la medida que el comercio exterior toma importancia dentro del producto interno bruto o conforme sube el grado de apertura, aunado a la importancia relativa del mercado norteamericano para México, es natural que haya un comportamiento sincronizado entre el producto interno bruto de México y el de sus socios comerciales. Esto se hace aún más evidente cuando estudiamos la coordinación de los ciclos del producto industrial de los Estados Unidos y México, que muestra un mayor grado de cointegración que en el caso del producto interno total.

La evidencia empírica, y su análisis econométrico correspondiente, prueban que el proceso de integración económica de la región norteamericana ha aumentado desde que el TLCAN entró en vigor. Los flujos comerciales y de inversión en la región, la convergencia macroeconómica y la sincronización de los ciclos económicos entre México, Estados Unidos y Canadá han aumentado como resultado de TLCAN. Esto confirma nuestra primera premisa.

*El autor es presidente de SAI Consultores, S. C, y fundador de Aklara (Subastas Electrónicas), CAM (Centro de Arbitraje de México) y NAFTA Fund de México (Fondo de Capital Privado). Trabajó en el gobierno Mexicano de 1986 a 1994 donde fungió como Subsecretario de Ingresos, Secretario de Comercio y Secretario de Hacienda de México. Como Secretario de Comercio dirigió las negociaciones e implementación de NAFTA; dirigió las negociaciones de los tratados de libre comercio con Chile, Colombia, Venezuela, Bolivia y Costa Rica y promovió la creación de la Comisión Federal de Competencia. Jaime Serra se graduó de la UNAM. Obtuvo su título de Maestría en economía en el Colegio de México y su Doctorado en economía en la Universidad de Yale. Ha sido profesor de economía en El Colegio de México y en las Universidades de Stanford, Princeton y NYU. Recibió los Premios de Investigación Científica y Ciencias Sociales, México 1986 y Nacional de Economía (Banamex), México 1979. Este artículo está basado en el documento de investigación "La Apertura Comercial de México", presentado en el marco de la celebración del LXX Aniversario de la Casa de España, por publicarse en la obra conmemorativa del bicentenario de la Independencia Nacional y del Centenario de la Revolución Mexicana del Colegio de México.


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