Un mundo en caos puede ser algo bueno
Protestas, crisis económicas y estancamiento político caracterizan la actual tendencia global; sin embargo, estos fenómenos giran alrededor de problemas que podrían ser resueltos muy pronto.
En varias partes del mundo, la gente ha demostrado su desacuerdo con los Gobiernos y el estado de la economía. (Foto: AP)
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'I' por ira. El mundo entero parece estar en medio de una erupción de rabia popular. En Estados Unidos, los 'indignados' del movimiento 'Ocuppy Wall Street' están planeando su regreso en primavera. Los europeos de norte a sur están marchando en las calles contra la austeridad. Egipcios, sirios y yemeníes están muriendo a medida que protestan contra sus gobernantes. El levantamiento de Wukan está transformando el panorama político de China. Las protestas de decenas de miles de rusos furiosos han sacudido a Putin como nunca antes en su largo reinado.
Cada caso es único, sin embargo, un par de factores subyacen en ellos. En el mundo en desarrollo, es la corrupción. Las autoridades están violando la voluntad del pueblo para enriquecerse, robar dinero o, en una democracia falsa, como Rusia, robar votos. En Estados Unidos y Europa no es la corrupción, sino en gran parte el factor 'P'.
'P' por préstamos. La ira en Occidente es fundamentalmente económica, y aunque nuestros problemas económicos puedan parecer infinitamente complejos, se pueden resumir en sólo dos palabras: demasiada deuda. El Gobierno federal de Estados Unidos, los gobiernos estatales, las corporaciones financieras y todos los hogares tienen deudas insostenibles. A medida que todos tratan de reducir su apalancamiento al mismo tiempo, la economía no va a ninguna parte mes tras mes, y los ciudadanos se quejan. Los europeos del sur simplemente no pueden creer que su estilo de vida de deuda alimentada por el Gobierno era en realidad un esquema Ponzi que finalmente ha llegado a su inevitable fin; en Gran Bretaña e Irlanda la deuda privada es también increíblemente alta. Afrontar la realidad de la deuda excesiva es un proceso lento y doloroso. Con razón la gente está furiosa.
¿Por qué tanta deuda en el mundo desarrollado? Considera la letra 'C'.
'C' por competitividad. En Occidente, los niveles de vida la clase media dejaron de crecer desde hace varios años. Después de dos siglos de aumentos bastante estables, eso fue un cambio de época. En lugar de aceptarlo, mucha gente pidió dinero prestado para simular que sus condiciones de vida seguían mejorando. Una empleada de ventas hace poco me dijo que tenía ocho dólares en el banco y su pago llegaría hasta dentro de dos semanas, pero tenía 18 tarjetas de crédito y estaba pagando en sus últimas vacaciones, un crucero de 4,000 dólares.
Un elemento importante del problema es la aparición de un mercado laboral global. Millones de trabajadores ahora compiten entre sí, y en este mercado, los occidentales son la opción de alto costo. Muchos ya no valen lo que cuestan. No son competitivos. Por lo tanto, los salarios se han disparado en China e India, mientras que se han estancado en Estados Unidos y en Europa.
Para resolver todos estos problemas, la gente mira hacia el Gobierno. Lo que ven es la letra 'E'.
'E' por estancamiento. Al igual que la ira, otro notable fenómeno mundial es la parálisis en la cima de los gobiernos. La crisis del euro amenaza con un Armagedón financiero, sin embargo, los líderes del bloque apenas pueden dar pequeños pasos para contenerlo. El Congreso y el presidente de Estados Unidos se vieron al borde del desastre antes de elevar el límite de deuda; el Súper Comité permaneció estancado hasta el final. Ésa es la forma en que sucede con los problemas más difíciles: Resolverlos es tan doloroso que no se hace sino hasta el último y más desesperado momento. La vacilación de los líderes enfurece a los ciudadanos comunes, lo cual, por supuesto, nos lleva de vuelta a la letra 'I'.
El marco 'IPCE' no suena optimista, pero la esperanza existe en él si lo miras de cerca. Todas esas tendencias tienen como fin solucionar problemas gigantescos que han necesitado solución durante décadas, desde la represión en el mundo en desarrollo hasta la manía por la deuda en Occidente. Podrían haber sido abordados hace mucho tiempo, pero no lo fueron porque era demasiado doloroso. Ahora, por fin, el dolor se ha vuelto inevitable. Eso significa que estos mega-desafíos están mucho más cerca de ser finalmente resueltos.
Mientras tanto, durante la prolongada fase dolorosa del proceso, el marco 'IPCE' puede por lo menos ayudarnos a ordenar un mundo caótico.
Este artículo es de la edición del 6 de febrero de 2012 de Fortune.






