Supervisión bancaria, solución a Europa

Las instituciones financieras de la eurozona necesitan vigilancia ‘in situ’ para prevenir riesgos; una entidad supervisora bancaria única para los 17 países necesitaría muchos recursos para lograrlo.

Por: Brooke Masters* |
Lunes, 30 de julio de 2012 a las 06:02

Financial Times — La unión bancaria en la eurozona es el tema de moda. Enfrentados a inversores que dudan de la capacidad de algunas naciones soberanas de la región de cumplir con sus deudas, los 17 miembros de la moneda única han acordado trabajar juntos para canalizar directamente la ayuda a los prestamistas en problemas. Pero el acuerdo está condicionado a la creación de un supervisor bancario único facultado para tomar medidas enérgicas contra los bancos riesgosos, sin importar dónde se encuentren.

La creación de un experto imparcial que supervise los bancos bien podría ser un paso clave para restaurar la confianza. Libre de las preocupaciones políticas locales, un supervisor central bien podría tener una visión más clara de los problemas y la fortaleza para tomar las decisiones probablemente desagradables que se necesitan para resolverlos.

Pero conseguir supervisores bancarios bien informados no es una tarea que se logre agitando una varita mágica, y los principales ministros de Finanzas de la zona euro han repetido esta semana los llamados para que se implemente alguna medida para finales de año. Debido a esa cercana fecha límite, las opciones son muy limitadas.

La incipiente Autoridad Bancaria Europea (AEB), que abrió sus puertas apenas hace alrededor de 18 meses, establece las normas en la actualidad, pero no tiene autoridad legal para supervisar a los bancos. Su mandato de crear un campo estable e igualitario dentro del mercado único también se contrapone con la adopción de un papel específico en la eurozona.

El Banco Central Europeo (BCE) es visto por muchos como el único operador con la credibilidad y los recursos necesarios para imponer medidas enérgicas a los obstinados prestamistas. El plan actual es que el BCE -o alguna de sus ramas- se haga cargo de las grandes instituciones transfronterizas, mientras que los bancos más pequeños seguirían siendo supervisados a nivel local.

Este acuerdo -que es paralelo al plan de Reino Unido de entregar la supervisión de vuelta al Banco de Inglaterra el próximo año- provoca preocupaciones acerca de un Banco Central demasiado poderoso que trate de hacer demasiadas funciones a la vez. También contiene un problemático factor de improvisación. Los bancos pequeños pueden ser peligrosos también. Hemos sido testigos de las aflicciones de los bancos regionales de ahorros españoles y de la corrida bancaria de depósitos de 2007 en Northern Rock, un prestamista de tamaño mediano de Reino Unido.

No importa cuál sea el nombre que se le dé, la supervisión dura no es barata. Cuando la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido pasó de un enfoque de "cuidado ligero" a una "vigilancia intensiva" a raíz de la crisis financiera de 2008, tuvo que contratar a cientos de nuevos supervisores. El organismo de regulación tiene ahora más de 1,000 personas en su unidad dedicada a la seguridad y la solidez de los bancos y aseguradoras.

Por el contrario, la AEB tiene 70 personas en su oficina de Londres y espera elevar su personal por encima de 100 a finales de año. El BCE es mucho más importante y tiene experiencia con el envío de personal a España para afrontar la crisis en curso.

Pero aún así, los responsables políticos han dicho que el Banco Central casi seguramente tendrá que confiar en el personal contratado por los reguladores nacionales que estará reemplazando. Esto podría plantear un problema, ya que gran parte de la supervisión bancaria es discrecional, los organismos de control rutinariamente tienen que adaptar las reglas a las circunstancias de cada institución.

Las muy criticadas pruebas de estrés del AEB ya han dejado claro lo difícil que puede ser imponer definiciones uniformes -ya no digamos estandarizar la supervisión- a través de sistemas bancarios muy diferentes.

Al calcular los requerimientos de capital, muchos bancos nórdicos, por ejemplo, asignan una ponderación de riesgo mucho menor a las hipotecas residenciales que las instituciones de Reino Unido o España. Los países nórdicos pueden estar en lo correcto al considerar que sus préstamos son más seguros debido a que sus relaciones préstamo/valor son más bajas. Pero a los banqueros les gusta demasiado utilizar el argumento de que "ustedes no entienden nuestro mercado local", y Suecia tuvo su propia crisis bancaria en la década de los 90.

Los acontecimientos recientes también han destacado las dificultades asociadas a confiar en los reguladores locales para asegurar el cumplimiento de los estándares internacionales o de la Unión Europea. Al ser confrontados con partes de las normas de capital globales 'Basilea III', algunos reguladores continentales han intentado en varias ocasiones suavizar las normas, en lugar de obligar a sus bancos locales a cumplir con ellas.

La solución puede encontrarse al otro lado del Atlántico, donde los supervisores bancarios de Estados Unidos han lidiado desde hace mucho tiempo con una extensa y variada red de instituciones financieras. La Contraloría de la Moneda estadounidense y la Reserva Federal confían ciegamente en sus ejércitos de examinadores 'de campo'- equipos de hasta 35 personas que trabajan en in situ en los grandes bancos estadounidenses.

Los examinadores fungen como agentes de policía en la jurisdicción y sirven como un sistema de alerta temprana crítica para los reguladores de nivel superior. Hay riesgos, por supuesto -los supervisores in situ son, por supuesto, más vulnerables de convertirse en 'nativos'- y muchos bancos estadounidenses se metieron en problemas, incluso con reguladores desplegados en sus instalaciones.

Sin embargo, considerando las opciones, enviar equipos directamente desde el Banco Central Europeo en Frankfurt parece una opción que vale la pena probar. Sin refuerzos dentro de la zona, sería extremadamente difícil para un regulador poner en evidencia a un banco a miles de kilómetros de distancia.

*Brooke Masters es corresponsal en jefe de regulación del Financial Times.

 


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