Economía

Europa en riesgo de secesión

Escocia, Cataluña y Flandes son algunas regiones que buscan un mayor o menor grado de independencia.

Por: Tony Barber |
Miércoles, 14 de noviembre de 2012 a las 06:00
Los movimientos independistas
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Financial Times
Algunos movimientos buscan mayor autonomía, otros la independencia total. (Foto: Archivo)
Algunos movimientos buscan mayor autonomía, otros la independencia total. (Foto: Archivo)
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Financial Times — Bajo las presiones de la recesión, las frágiles finanzas públicas y los resentimientos políticos que han estado ardiendo desde hace décadas, si no es que siglos, Europa está atestiguando un aumento en el separatismo y el regionalismo que está poniendo a prueba la resistencia de Estados bien establecidos. Los movimientos independentistas en Escocia, Cataluña y Flandes están captando votos y la atención del público a medida que buscan romper o ganar más autonomía de Reino Unido, España y Bélgica.

"Europa se enfrenta a una crisis económica. Esta crisis está causando presión en las inmediaciones de líneas divisorias largamente enterradas. El juego de buscar culpables está en pleno desarrollo", escribió John Bruton, ex primer ministro irlandés en The Irish Times el mes pasado.

A finales de 2014, los escoceses votarán en un referéndum para confirmar o rechazar la Ley de Unión de 1707 con Inglaterra. Los catalanes desean realizar una votación semejante, a pesar de las advertencias del Gobierno y del parlamento español de que sería ilegal. Bélgica, el Estado más descentralizado de Europa aparte de la disfuncional Bosnia-Herzegovina, parece ir en un camino que desconectaría aún más a su mayoría de habitantes de habla holandesa de su comunidad francófona, aunque no necesariamente mediante la disolución del Estado belga.

En los tres países, el Estado central y sus nacionalidades y regiones periféricas han luchado desde la década de 1970 para encontrar una fórmula duradera para la distribución del poder. España y Reino Unido no son Estados federales sino países donde improvisadas soluciones políticas han otorgado diversos grados de autonomía en distintas áreas, impartiendo una calidad desigual y polémica a los asentamientos en general.

Bélgica tiene una estructura federal más clásica, que se refleja en la división del país en tres regiones y tres comunidades lingüísticas (una pequeña población de habla alemana, así como las de habla holandesa y francesa). Pero los flamencos y los valones francófonos han estado revisándola durante 40 años en una infructuosa búsqueda de equilibrio. Podría decirse que el único gran país europeo con un sistema federal equilibrado es Alemania.

En Italia, una serie de escándalos de corrupción a nivel regional y provincial ha arrojado una pálida luz sobre el experimento de un Gobierno descentralizado en la nación. Mientras tanto, la crisis económica italiana ha alimentado el sentimiento regionalista en la próspera región alpina del Tirol del Sur.

Para algunos ojos no europeos, el secesionismo presenta un curioso espectáculo en el que los mismos europeos tienden a argumentar que la solución a su deuda económica y a las crisis bancarias se encuentra en una Europa más integrada.

Pero los catalanes y los flamencos no ven ninguna contradicción entre la búsqueda de una soberanía nacional y la adhesión a una Europa más unida y, aunque los escoceses no tienen ningún deseo de unirse a la zona euro, sin duda desean permanecer en la Unión Europea (UE).

En cualquier caso, la ineludible realidad es que las inquietas minorías nacionales y los partidos regionalistas se encuentran presentes en abundancia en todo el continente. La European Free Alliance, una coalición de más de 40 partidos nacionalistas y autonomistas con sede en Bruselas, contiene a ,los movimientos de Alsacia y Córcega de Francia, al de los frisones de los Países Bajos, los italianos de Croacia y los polacos de Lituania, junto con muchos otros.

Algunos de estos movimientos buscan una autonomía más amplia en lugar de una secesión absoluta. Algunos buscan la unidad con connacionales en un estado vecino. Incluso aquellos que quieren un estado propio son lo suficientemente flexibles en el nivel táctico como para conformarse, a corto plazo, con algo menor a la plena independencia

Todos obtienen inspiración del conocimiento de que, durante los últimos 100 años, el mapa geopolítico de Europa ha sido cualquier cosa menos fijo. Las recientes adiciones a la lista de Estados son: Montenegro, que perdió su independencia en 1918 y la recuperó en 2006; y Kosovo, que declaró su independencia en 2008, aunque cinco de los 27 estados de la UE le han negado su reconocimiento.

"El sentimiento pro-independencia en España y en otras partes de Europa se ha hecho más fuerte debido a que algunos partidos separatistas se han vuelto más hábiles para vender su mensaje", dice Tomas Valasek del Centre for European Reform, un centro de estudios con sede en Reino Unido.

Para algunos gobiernos de la UE, la desaparición de Estados familiares sería problemática. Las autoridades políticas en Dublín, por ejemplo, temen que la independencia escocesa desestabilizaría los delicados acuerdos de poder compartido en Irlanda del Norte al revitalizar la causa de un único Estado irlandés, apoyada por el partido Sinn Féin.

Para la UE en su conjunto, los movimientos secesionistas suponen casi un acertijo. Los tratados del bloque contienen disposiciones que permiten a un país afiliarse o retirarse. Pero no dicen nada acerca de si una región separada de un 'Estado madre' tendría un derecho de membresía automático.

La mejor conjetura es que tal derecho no existe, y que sería difícil mantener una democracia recientemente independiente por mucho tiempo. Sin embargo, se recomienda precaución. Simplemente, no existen precedentes.



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