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Gran Bretaña, ¿le conviene dejar la UE?

Los ingleses cuestionan cada vez más su permanencia en el grupo, al igual que hacen otros países; sin embargo, las exigencias británicas no son imposibles, y su papel en la Unión es crucial.

Por: Gideon Rachman |
Martes, 20 de noviembre de 2012 a las 16:37

The Financial Times — La relación entre Gran Bretaña y la Unión Europea (UE) se parece a la de un matrimonio que se ha ido a pique. Las riñas son cada vez más frecuentes. Las dos partes están hablando abiertamente sobre la separación. Las posibilidades de que Gran Bretaña finalmente salga de la UE están aumentando inexorablemente. Este fin de semana una encuesta de opinión mostró que el 56% de los británicos quieren salirse de la Unión Europea.

En Bruselas, esta posibilidad se recibe cada vez más con un gesto resignado. La opinión generalizada es que David Cameron se está comportando de una manera insufrible.

En la cumbre de esta semana, el primer ministro británico probablemente sea el único líder que argumente a favor de congelar el presupuesto de la UE. Muchos en Bruselas creen hoy que la unión funcionaría mejor sin un destructivo equipo británico en su interior. A la larga, dicen, son los propios británicos quienes van a sufrir.

Ese es el argumento habitual. Pero es peligrosamente miope. Gran Bretaña podría sufrir si abandona la eurozona, pero también sufriría la propia UE.

La idea de que las exigencias británicas son tan absurdas que nunca se podrán cumplir es simplemente errónea. Si se dieran algunos cambios significativos en la relación de Gran Bretaña con Europa podría modificarse la naturaleza del debate en el Reino Unido, y tanto Bretaña como la Unión Europea se ahorrarían un divorcio mutuamente perjudicial.

Hay algunas voces de la Europa continental que están empezando a plantear este segundo argumento. Ulrich Speck, del centro de estudios Carnegie, ha escrito un artículo titulado "¿Por qué el Reino Unido es vital para la Unión Europea?", en el que argumenta que "sin la participación activa de Gran Bretaña, la UE puede olvidar sus sueños de convertirse en una potencia mundial".

Pero el argumento en pro de mantener a Gran Bretaña dentro de la UE va mucho más allá de los recursos militares y diplomáticos que aporta a la unión o el hecho de que Gran Bretaña sea un gran contribuyente al presupuesto de la UE.

En última instancia, se remonta a la finalidad misma de la UE, que buscaba superar las divisiones que condujeron a Europa a varias guerras. Vale la pena recordar que Gran Bretaña fue un participante clave en casi todas las grandes guerras europeas de los últimos siglos. Un "proyecto europeo de paz" que no incorpore el Reino Unido está dejando de lado una pieza central del rompecabezas.

La salida británica de la UE también enviaría un mensaje negativo sobre el futuro. La crisis de la eurozona ya ha provocado que muchos americanos y asiáticos pongan en duda el futuro del proyecto europeo. Si Gran Bretaña -una de las mayores economías de Europa y su democracia más antigua- optara por abandonar la UE, el proyecto se vería aún más inestable. Los eurócratas responden que hay varios países que todavía quieren adherirse a la unión. Pero perder Bretaña e incorporar a Croacia no sería un canje comparable.

En Alemania, donde la opinión pública distingue al europeo del norte respetuoso de la ley del el poco fiable y endeudado sur, a menudo se señala con pesar que Suiza y Noruega han optado por no adherirse a la UE en absoluto... y continúan prosperando.

La salida de los británicos, que tradicionalmente se han aliado con Alemania para defender el mercado único, debilitaría aún más el grupo del norte de Europa. Algunos en Francia podrían darle la bienvenida a la salida de Gran Bretaña, por esa misma razón. Pero incluso los galos extrañarían a los británicos, que suelen compartir sus puntos de vista sobre cuestiones de soberanía nacional.

Mientras expongo estos argumentos, puedo oír la respuesta exasperada de los eurócratas: "Todo eso está muy bien. Pero los británicos siguen haciendo demandas imposibles y amenazando con vetar todo si no se salen con la suya. Un día piden la protección especial de la ciudad de Londres y al siguiente es la congelación del presupuesto".

Pero, ¿son en realidad tan irracionales las reivindicaciones británicas?

Tomemos por ejemplo la congelación del presupuesto. En un momento de recortes presupuestarios nacionales en toda Europa, parece totalmente razonable que el gasto comunitario (mucho del cual es notoriamente excesivo) debiera, al menos, congelarse y cabe mencionar que hasta hace poco, esta era también la posición de Alemania.

Los británicos también tienen razón de que, a menos que las prebendas y las condiciones de los operarios de la UE se reduzcan, los brahmanes de Bruselas estarán cada vez más alejados de la terrible situación que viven los europeos afectados por los planes de austeridad.

Más allá del presupuesto, la esencial objeción británica es que la Unión Europea participa en todo tipo de cosas que es mejor dejar a los Estados-nación, y que el flujo de poderes ha estado, desde hace décadas, centralizado. Regresar a los países algunos poderes de Europa abonaría con creces a la solución de esa queja, y le daría al Gobierno británico los argumentos que necesita para ganar un referéndum para permanecer en la Unión Europea.

Un buen comienzo sería la derogación de algunas leyes que perjudican el empleo, como la directiva sobre el tiempo de trabajo, o la directiva sobre agencias de trabajo temporal. Una reducción más amplia de las facultades de la UE en ámbitos como la educación, la salud y la legislación sobre seguridad y el gasto regional también sería útil.

En décadas anteriores, la repatriación de poderes habría sido considerada como una herejía. Pero la crisis de la eurozona ofrece tanto la necesidad como una oportunidad para repensar las viejas certezas. Mantener la moneda única ya ha implicado romper algunos tabúes. Los contribuyentes del norte de Europa están financiando los rescates masivos de los griegos y de otros, mientras que el Banco Central Europeo está proponiendo políticas muy poco ortodoxas que muchos alemanes consideran llanamente ilegales.

Todo ello se ha considerado necesario para mantener a Grecia en el euro. Entonces, ¿no vale la pena implementar algunas medidas menos radicales y menos costosas para mantener a Gran Bretaña dentro de la UE?


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