Economía
Columna invitada

Los obstáculos del auge petrolero en EU

Se ha especulado que el auge en la producción petrolera de EU podría causar una baja en los precios; pero el avance estadounidense podría verse detenido por menores reservas o protestas ambientales.

Por: Ed Crooks* |
Jueves, 06 de diciembre de 2012 a las 06:01

Financial Times — Están llamándolo ‘América Saudita': El auge en la producción petrolera estadounidense que, según algunos pronósticos, convertirá a Estados Unidos en un exportador neto de crudo a finales de la década.

Es una perspectiva emocionante, que promete un crecimiento dramático para las empresas capaces de sacar provecho de ella. Los entusiastas del auge del petróleo en Estados Unidos a menudo hacen afirmaciones grandilocuentes acerca el futuro, con base en lo que aún es solamente una historia muy limitada, y hay muchas amenazas para ese panorama optimista, desde protestas ambientales hasta dudas sobre la exactitud de las estimaciones de las reservas de esquisto (shale).

Sin embargo, hay una posibilidad muy discutida -una caída sostenida en los precios del petróleo- que puede ser una amenaza menor para la industria de los Estados Unidos que lo que comúnmente se temía.

Las esperanzas de los consumidores de menores precios del petróleo han surgido por el hecho de que después de un largo declive desde su pico en 1971 a un mínimo registrado en 2008, la producción de crudo estadounidense ha aumentado alrededor de 1.5 millones de barriles por día a aproximadamente 6.5 millones de barriles por día en septiembre.

Los pronósticos de que para 2017 Estados Unidos superará a Arabia Saudita para convertirse en el mayor productor mundial de petróleo, incluyendo líquidos de gas natural, como el etano -como la Agencia Internacional de Energía (AIE) ha pronosticado- requieren que el rápido crecimiento registrado durante los últimos cuatro años continúe durante los cuatro siguientes.

Hay varias razones por las cuales este progreso puede ser descarrilado. Las compañías petroleras posiblemente fueron excesivamente optimistas acerca del potencial a largo plazo de los depósitos de esquisto de Estados Unidos que son la fuente de la nueva producción, o podría haber una reacción política en contra de fracturamiento hidráulico, una de las técnicas que hacen posible desarrollar esas reservas en términos comercialmente atractivos.

Otro de los riesgos citados por analistas, incluyendo a la AIE, es que podría haber una caída sostenida del precio del petróleo por debajo de los niveles necesarios para hacer viable la producción de petróleo de esquisto (shale oil) de Estados Unidos.

Al igual que con el gas de esquisto o shale gas, el auge del petróleo de esquisto ha sido liderado por productores pequeños y medianos, en lugar de por las grandes compañías petroleras internacionales. Estas grandes empresas, incluyendo a ExxonMobil, Chevron y Royal Dutch Shell, se están moviendo hacia yacimientos de esquisto, pero las empresas más activas en la pizarra de Bakken en Dakota del Norte, el corazón del auge, son grupos como Continental Resources, Hess y Whiting Petroleum.

A falta de los profundos bolsillos de las petroleras internacionales, y ya afectados por los bajos precios de la gasolina y los líquidos de gas natural, estas firmas se verían obligadas a recortar la inversión si sus flujos de efectivo se vieran presionados.

Los productores estadounidenses de petróleo de esquisto también son vulnerables porque sus costos son demasiado altos. Con precios que les permitan ‘quedar tablas' en un rango de 44 a 68 dólares por barril, según la consultora Energy Rystad, no son las fuentes más caras de petróleo del mundo. Ese dudoso honor probablemente le corresponderá a nuevos proyectos mineros en las arenas petrolíferas de Canadá, o en las aguas profundas frente a las costas de Brasil.

Sin embargo, los costos de producción de Norteamérica son significativamente más altos que en muchas partes de Medio Oriente. Eso significa que la cuestión importante para el futuro de Estados Unidos como "la nueva Arabia Saudita" es lo que la vieja Arabia Saudita obtiene de ello. La OPEP ha dejado claro que está observando el auge petrolero de Estados Unidos con aprensión, y con justa razón: es la mayor amenaza para el poder del cártel desde que los campos de Alaska y el Mar del Norte se abrieron en la década de 1970.

A medida que la producción en Estados Unidos crece, los países de la OPEP se verán obligados a restringir el crecimiento esperado en su producción -ya sea disminuyendo la inversión en nuevas capacidades o manteniendo una mayor capacidad sin utilizar- o a aceptar un precio del petróleo mucho más bajo.

Como el único miembro de la OPEP con una considerable capacidad de sobra y la posibilidad de invertir en capacidad adicional, Arabia Saudita tiene un papel fundamental. Si intensifica la producción y baja el precio del petróleo, podría devastar la industria de esquisto de Estados Unidos.

Bernstein Research calculó en septiembre que un petróleo a 60 dólares reduciría la exploración de Norteamérica y el gasto de capital de las empresas productoras en 40%, lo que podría "conducir a un colapso en la actividad de perforación y reparación de pozos en Estados Unidos y Canadá".

Existen precedentes de este comportamiento, como la reunión de 1997 de la OPEP en la cual Arabia Saudita concordó en que un gran aumento en la producción, al tiempo que la economía mundial se desacelera, impulsaría el precio del petróleo a 10 dólares.

La diferencia ahora es que, sacudido por la turbulencia que arrasó a Medio Oriente y al norte de África, Arabia Saudita ha estado aumentando el gasto público drásticamente. El Instituto Internacional de Finanzas ha estimado que en 2015 el reino necesitará un precio del petróleo de 110 dólares para equilibrar su presupuesto. Las autoridades sauditas han disputado este cálculo, pero el petróleo a 60 dólares no sería más bienvenido en Riad que en Williston, Dakota del Norte.

Con Arabia Saudita y Estados Unidos concordando en esto, la amenaza -o para los consumidores, la promesa- de un precio del petróleo significativamente más bajo es poco probable que se cumpla.

*Ed Crooks es el editor de industria y energía estadounidense del Financial Times.


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