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Economía

El reto de EU: una reforma fiscal real

El sistema impositivo del país permite que quienes ganan más dinero paguen pocos impuestos; Washington no sólo debe evitar el abismo fiscal, sino lograr una reforma integral.

Por: Becky Quick |
Viernes, 07 de diciembre de 2012 a las 12:10

Es un argumento tan antiguo como la propia política: ¿Cómo financiar responsablemente el sistema de gobierno que proporciona el marco básico de nuestra sociedad? La tributación sin representación (Taxation without representation) estuvo en el centro de la conformación de Estados Unidos. Ahora, las tasas y la distribución de los impuestos son lo que está polarizando al país.

El Congreso aún tiene que llegar a un acuerdo que evitaría el precipicio fiscal, la combinación perversa de terminantes recortes de gastos y mayores impuestos programados para entrar en vigor el 1 de enero si los republicanos y los demócratas no se ponen de acuerdo sobre un plan mejor para hacer frente a la deuda de la nación. Es probable que los legisladores promulguen una solución temporal, un parche que les dará tiempo para trabajar en el problema real: reformar verdaderamente el código tributario y decidir quién debe pagar qué.

Parece que los estadounidenses más ricos deberían prepararse para tasas impositivas más altas. El presidente Obama hizo campaña con la idea de permitir que los recortes impositivos de la era Bush expiren para cualquier persona con ingresos anuales superiores a los 250,000 dólares, y algunos republicanos han comenzado a suavizar su oposición al aumento de las tasas marginales de las rentas más altas.

Pero eso no significa necesariamente que los estadounidenses más ricos en realidad tendrán que tributar más. Dado que nuestro código tributario es tan abultado y poroso, las personas con frecuencia no tiene que pagar ni de cerca la tasa establecida. Casi la mitad de las personas que ganan 200,000 dólares o más pagan una tasa impositiva efectiva del 20% o menos. Y a medida que se asciende en la escala de ingresos, el panorama es aún más sesgado. De las 400 personas que percibieron los más altos niveles de ingreso bruto ajustado en 2009, más de la mitad de ellos pagaron el 20% o menos en impuestos. Y seis de esos 400 estadounidenses de hecho ni siquiera pagaron ningún impuesto federal sobre la renta sobre sus ingresos brutos ajustados. Así es, ningún impuesto federal. Y tengamos en cuenta que el promedio de ingreso bruto ajustado para estos 400 contribuyentes fue de 202 millones de dólares.

Tal vez te preguntes cómo es posible que esto ocurra. Para empezar, ellos hacen dinero de una manera diferente al resto de los mortales. A diferencia del ciudadano de a pie, cuyos salarios son reportados al Servicio de Recaudación Interna (el Internal Revenue Service o IRS) a través del formulario W-2 y cuyos impuestos son retenidos de su sueldo, los estadounidenses más ricos ganan una cantidad desproporcionada de sus ingresos a través de cosas como intereses libres de impuestos, ganancias de capital y dividendos, que están gravados a tasas menores que los ingresos ordinarios. De hecho, de los 400 contribuyentes con mayor ingreso bruto ajustado en el 2009, casi una cuarta parte de ellos no tuvieron sueldos o salarios. Así, estas personas no están preocupadas en lo más mínimo por un posible aumento de la tasa impositiva máxima.

En segundo lugar, los contribuyentes que están en el tramo superior de la escala de ingresos tienen medios para contratar a legiones de contadores, abogados y asesores para ayudarlos a encontrar fideicomisos, cuentas en el extranjero, y otros refugios fiscales. En efecto, a medida que el código fiscal se ha vuelto cada vez más y más complejo, el arte de la evasión fiscal se ha convertido prácticamente en una forma de vida en Estados Unidos. Industrias enteras se han construido en torno a la manera de sortear legalmente nuestra ley de impuestos. (La evasión de impuestos, por supuesto, es ilegal.)

Toda esa asesoría de expertos ha inclinado el campo de juego en beneficio de aquellos que pueden pagar por esos servicios. En fecha tan reciente como 1995, más de una cuarta parte de los 400 estadounidenses con mayores ingresos pagaron tasas del impuesto sobre la renta de por lo menos 35%. Hoy no es así. Y eso es un problema básico que Washington no parece dispuesto a enfrentar. Cuanto más complicado hace Washington el código tributario, más estadounidenses ricos muestran el espíritu emprendedor de buscar formas para burlar estas leyes. Es un ciclo sin fin que sólo puede cambiarse con el coraje político de adoptar la simplicidad y la verdadera reforma.

Así que hay que estar atentos a medida que nos aproximemos al precipicio fiscal y el inminente debate sobre las tasas impositivas, que seguramente continuará más allá del 1 de enero. ¿Asumirán los legisladores la responsabilidad, recetándose una medicina difícil, y realmente reformarán el código tributario para traer justicia para todos? ¿O será ésta otra oportunidad política perdida, donde nuestro país seguirá avanzando por el camino de la ruina fiscal que los hijos de nuestros hijos tendrán que pagar mucho tiempo después de que nos hayamos ido?

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 24 de diciembre de 2012.


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