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Inflación alimentaria, traba para la Fed

La Reserva Federal quiere priorizar el empleo por sobre la inflación, pero eso tendrá consecuencias; el banco central toleraría un alza de hasta 2.5%, lo cual podría pesar sobre los compradores.

Por: Al Nin-Hai Tseng |
Miércoles, 19 de diciembre de 2012 a las 06:03

En un movimiento inusual, la Reserva Federal de Estados Unidos señaló la semana pasada que pondrá su enfoque en el empleo por encima de la inflación el próximo año, mediante la compra de miles de millones de dólares en bonos hasta que la tasa de desempleo caiga al menos al 6.5%.

El anuncio del banco central fue un alivio para los desempleados, debido a que el entorno laboral no ha mejorado mucho desde que la Gran Recesión terminó oficialmente.

Pero mientras la Fed siga adelante con su bonanza de bonos, suponiendo que los precios en rápido ascenso no serán un problema, o por lo menos no en el corto plazo, será difícil convencer a los compradores en los pasillos de los supermercados.

El próximo año, las autoridades planean comprar 85,000 millones de dólares de valores respaldados por hipotecas y títulos del Tesoro cada mes, como parte de una campaña continua para empujar hacia abajo las tasas de interés a largo plazo con el fin de impulsar el préstamo, el gasto y la inversión.

Lo inesperado es que, por primera vez, la Fed reveló una meta de tasa de desempleo a la que quiere llegar antes de dejar que las tasas de interés a corto plazo suban de nuevo.

Esto significa que el otro trabajo de la Fed -el control de la inflación- será colocado en el asiento trasero. Al banco central generalmente le gusta mantener la inflación por debajo del 2%, pero el miércoles pasado las autoridades indicaron que los consumidores podrían tener que vivir brevemente con precios que superen un poco esa alza.

Si el desempleo permanece demasiado alto, los funcionarios dijeron que estaban dispuestos a tolerar una inflación de hasta 2.5% por un período corto, siempre y cuando se mantenga cercana al 2% en el largo plazo.

Es cierto que la inflación general ha sido leve debido en parte a los precios más bajos a lo largo de las gasolineras en todo el país. El Índice de Precios al Consumidor desestacionalizado cayó 0.3% en noviembre respecto a octubre, informó el Departamento de Trabajo el viernes pasado. Esta noticia surgió al tiempo en que los precios de la gasolina vieron su mayor caída en casi cuatro años, bajando 7.4% durante el mismo período.

Sin embargo, los precios de los alimentos están contando una historia diferente.

En promedio, los estadounidenses gastan 8.6% de sus ingresos en alimentos y un 5.7% adicional en comida en restaurantes, tiendas de sandwiches y similares, de acuerdo con una encuesta de NPR publicada en abril con base en datos de 2011.

Esta proporción seguramente podría elevarse más si los ingresos permanecen planos, debido a que la peor sequía del país desde la década de 1950 está empezando a resultar en mayores precios de los alimentos. El índice de precios al productor, que mide cuánto pagan los mayoristas por los bienes, cayó 0.8% en noviembre. Sin embargo, el precio de los alimentos subió 1.3%, el mayor incremento desde febrero de 2011, según un informe publicado el jueves por el Departamento de Trabajo.

Los precios al productor de los alimentos han aumentado 2.6% respecto al año anterior, en comparación con una ganancia anual de sólo 1.5% para todos los bienes. En particular, los precios del pollo han aumentado 14.3% durante el último año y los precios de la carne de res y ternera subieron 8.2% en noviembre, la mayor alza mensual desde 2008.

Durante meses, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos ha advertido acerca de los mayores precios de los alimentos. El próximo año, los consumidores estadounidenses podrían pagar entre 3% y 4% más por los alimentos, prevé la agencia. El precio de la carne podría subir hasta 5% en medio de la escasez de suministros de maíz, el cual es utilizado para alimentar al ganado. Desde junio, el precio del grano, el mayor cultivo del país, subió en más de 50%.

El banco central sufrirá para convencer a los consumidores que la inflación no es un problema. Cuando la Fed busca señales de un rápido aumento en los precios, recurre a una gran variedad de medidas -más comúnmente la inflación subyacente, que excluye los costos del combustible y los alimentos-.

Esto es por una muy buena razón, debido a que los funcionarios toman decisiones basándose en lo que creen que va a suceder en el largo plazo. Los precios del combustible y los alimentos tienden a subir y bajar de manera bastante dramática.

Al final, los consumidores podrían tener que soportar el dolor, aunque sea brevemente, de pagar más el próximo año en el supermercado. Esperemos que la tasa de desempleo descienda al mismo tiempo.


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