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Economía
Columna invitada

Éxito de Obama, ¿deseo de republicanos?

Tras el golpe electoral, el Partido Republicano necesita mejorar su imagen, opina Sheila Bair; el ascenso de las clases necesitadas elevaría la base de votantes republicanos en el futuro, dice.

Por: Sheila Bair |
Jueves, 20 de diciembre de 2012 a las 06:05

En los últimos cuatro años, la desigualdad del ingreso ha empeorado, especialmente entre los grupos minoritarios. Continuando con una tendencia a largo plazo, la brecha entre ricos y pobres es más amplia de lo que ha sido en 40 años.

La desigualdad de la riqueza es aún más sesgada, con las clases altas disfrutando de aumentos en los precios de acciones y bonos, cortesía de la flexibilización cuantitativa de la Fed, mientras que la vivienda -la principal fuente de riqueza de las familias de medios y bajos ingresos- ha sido más lenta para recuperarse.

La disponibilidad de crédito es igualmente desigual, oscilando de un extremo al otro: Es virtualmente imposible para aquellos en los vecindarios poblados por minorías obtener un préstamo hipotecario en estos días.

Bajo el mandato de Obama, las clases bajas han quedado rezagadas, y sin embargo Romney sólo obtuvo el 27% del voto latino y el 7% del afroamericano. Su apoyo entre aquellos que ganan menos de 50,000 dólares al año fue de un mísero 38%. Al parecer, estos grupos de votantes tenían miedo de que les fuera a ir aun peor bajo un gobierno de Romney. Sin duda, su metedura de pata al despreciar a 47% del electorado no ayudó. Pero fue más culpa del agresivo mensaje antigubernamental del Partido Republicano.

Los republicanos -y yo soy una- perdieron la oportunidad de redefinirse como el partido del gobierno eficaz. La visión de Reagan/Thatcher de un gobierno limitado pero competente regresaba a la idea de que todo gobierno es malo, excepto cuando se trata de gastos de defensa o de regular la conducta social. Pero Reagan siempre reconoció el papel del gobierno en la protección de los más vulnerables de la sociedad.

La incapacidad del Partido Republicano para ver más allá de su dogma antigubernamental lo cegó ante el mayor fracaso de las políticas económicas del gobierno de Obama. En efecto, el daño causado a aquellos en los peldaños más bajos de la escalera económica de Estados Unidos apenas fue discutido durante la campaña.

El presidente quería ayudar a los desfavorecidos del país; sin embargo, su equipo económico persiguió políticas que, si bien estabilizaron el sistema bancario, crearon riqueza principalmente para aquellos que poseen activos financieros.

Sin lugar a dudas, el Gobierno de Obama ha tratado de hacer los cambios estructurales que necesita nuestra economía, pero esos esfuerzos han sido graduales y mal ejecutados. Observa los ineficaces programas que ha puesto en marcha para la capacitación laboral y la prevención de la ejecución hipotecaria. Fueron diseñados con buena intención, pero carecían de una planificación y ejecución realista.

Incluso después de su paliza electoral, el Partido Republicano sigue sonando como el Grinch de la Navidad, insistiendo contra el gasto en ayudas sociales mientras se frota las manos acerca de proteger a los ricos de impuestos más altos. Estados Unidos debe poner su casa fiscal en orden, pero eso no debería impedir que programas efectivos en costos ayuden a los más necesitados.

El Partido Republicano debería ayudar a reeducar a nuestra fuerza de trabajo, a reestructurar nuestras hipotecas en problemas, a reconstruir nuestro sistema de educación pública, y a reparar nuestra infraestructura.

Pero a cambio, debe exigir medidas firmes del éxito, y rendición de cuentas si los programas no cumplen con sus objetivos. Algunos programas costarán dinero nuevo. Otros pueden ser financiados reorientando fondos desde programas ineficientes. Pero al igual que una empresa con un modelo de negocios quebrado, hay que hacer inversiones ahora para asegurar nuestra competitividad futura.

Conjuntemos el deseo del presidente de ayudar a los menos afortunados con la escrupulosa disciplina del Partido Republicano. Sí, ayudemos a que este presidente tenga éxito. Pero eso, a su vez, significará más familias de bajos y medianos ingresos ascendiendo la escalera económica hacia el territorio tradicional republicano y más minorías que verán al partido republicano como partidarios de las oportunidades y de la inclusión, no como tacaños defensores de los ricos.

A medida que la cultura popular redescubra a Lincoln con el lanzamiento de una nueva película que será éxito de taquilla, los republicanos también deben reencontrarse con el padre de nuestro partido. Lincoln entendió que una democracia estable y una economía sana dependen de que todos tengan la misma oportunidad de participar. Volvamos a esas nobles raíces.

Este artículo es de la edición de 24 de diciembre de 2012 de Fortune.


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