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Columna invitada

Austeridad: EU se une a la senda errónea

La Unión Americana se acerca a los recortes al gasto que instaura Europa, dice Wolfgang Münchau; sin embargo, las austeridad impedirá llegar a las cifras de crecimiento previas a la crisis.

Por: Wolfgang Münchau |
Martes, 08 de enero de 2013 a las 06:03

Financial Times — Al visualizar la confrontación fiscal de Estados Unidos desde Europa, todo parece extrañamente familiar. Estados Unidos se ha vuelto muy europeo. Pero para mí, el problema principal no es la incapacidad para hacer frente al déficit estructural, como el Economist argumentó en su último artículo de portada, sino más bien todo lo contrario. Me temo que Estados Unidos está corriendo a ciegas hacia la austeridad semi-automatizada, que es exactamente el error que hemos cometido en Europa. El problema no es el tamaño de la deuda nacional como tal, que es manejable en ambos casos, sino nuestras políticas para hacerle frente.

Las diversas medidas contenidas en el acuerdo presupuestario de la semana pasada de Estados Unidos implican aumentos de ingresos en el orden de aproximadamente el 2% del Producto Interno Bruto. Este es el tamaño absoluto de las medidas acordadas. No incluye ningún recorte de gastos adicionales que podría o no ser incluido como parte de un acuerdo sobre el techo de la deuda. La contracción fiscal bruta de Estados Unidos será más grande que la del Reino Unido en 2013, aunque no tan grande como la de España, Portugal o Grecia. Sin embargo, esto haría de Estados Unidos un miembro honorario del club de la austeridad en Europa.

Si ha habido una lección primordial de la crisis de la eurozona, entonces debe ser que los multiplicadores fiscales -el efecto de la austeridad sobre el crecimiento- se vuelven muy altos cuando la política monetaria ha alcanzado el límite inferior de cero, y cuando todo el mundo persigue la austeridad al mismo tiempo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) inició un debate sobre el multiplicador del año pasado, que culminó en un documento reciente de Olivier Blanchard y Daniel Leigh, explicando por qué las previsiones económicas habían sido tan insistentemente incorrectas durante la crisis. Es difícil de decir con exactitud qué tan grande será el multiplicador este año, y podría variar según el país, pero sin duda será mayor ahora que antes de la crisis.

Yo esperaría que el multiplicador sea menor a medida que la economía vuelva a la normalidad, pero eso no ha sucedido todavía, y probablemente no sucederá durante algún tiempo. En Europa, la recesión inició a mediados de 2012 y es probable que persista durante casi todo este año. Los últimos datos de Estados Unidos muestran que los fabricantes podrían haber salido de la recesión y que el empleo está creciendo modestamente. Sin embargo, el tamaño de estas medidas fiscales bien podría deshacer esta incipiente recuperación.

La dinámica de mediano plazo es aún peor. Esto se debe a que la austeridad no es un impacto único, cuyos efectos negativos se puedan disipar con el tiempo, sino un programa multi-anual. Lo que más me asusta es la austeridad probablemente perseguida incluso en una forma moderada durante largos períodos. Eso ya está sucediendo, al menos en Europa. El Ministerio de Finanzas alemán ya está planeando un presupuesto de austeridad para 2014 para cumplir el objetivo constitucional de un presupuesto estructuralmente equilibrado. El pacto fiscal de la eurozona tendrá exactamente el mismo efecto en los demás países. Su receta de un déficit estructural cercano al cero forzará a todos a continuar con la austeridad indefinidamente. Esto deja espacio para los estabilizadores automáticos, pero sólo hasta cierto punto. Si el crecimiento a largo plazo cae, como yo esperaría, el déficit estructural sería revisado al alza, lo que requeriría más austeridad.

En Europa, la "austeridad permanente" viene principalmente en forma de recortes de prestaciones sociales. En la mayoría de los países, el margen para el alza de impuestos es relativamente pequeño. Hay pocas verdaderas reformas fiscales estructurales que valga la pena emprender, recortes a nivel de gobierno regional, el cierre de las lagunas fiscales o la finalización de subsidios. Pero son difíciles de lograr, y a los gobiernos les resulta más conveniente recortar las prestaciones sociales, que es a lo que los conservadores europeos por lo general se refieren cuando hablan de "reformas económicas".

En el sur de Europa, la austeridad ya ha provocado un gran aumento de la pobreza y la desigualdad. Un informe de Oxfam en España dice que si las políticas actuales no son revertidas, España podría ver un aumento en el porcentaje de la población bajo la línea de pobreza del 27% al 40% en una década. Me resulta difícil ver cómo España podría mantener su actual curso político si esa predicción resulta ser cierta.

En toda Europa, los gobiernos se han arrinconado a sí mismos hacia un sitio donde la austeridad se ha vuelto la opción por defecto. George Osborne, el canciller del Reino Unido, dijo recientemente que esperaba que la austeridad continúe hasta 2018. Yo tomaría eso como una estimación aproximada de la mayoría en la región del Atlántico Norte. Éste no es un entorno en el que las empresas inviertan, o en el que los consumidores aumenten su gasto. Mi conclusión es que no veremos un retorno a tasas de crecimiento previas a la crisis en el club de austeridad durante unos años. Si Estados Unidos se convierte en un miembro totalmente pagado de este club, entonces yo esperaría que ocurra lo mismo allí.

Hay una razón más profunda por la que todos estamos en este lío. Se ha vuelto más difícil para los sistemas políticos defender el interés colectivo - que yo definiría como la búsqueda de políticas para poner fin a la recesión, y luego lidiar vigorosamente con la deuda pendiente. El problema de la acción colectiva es una deficiencia natural de una unión monetaria con una toma de decisiones descentralizada. Pero también puede ocurrir a nivel de Estados nacionales soberanos cuando la sociedad carece de un consenso amplio respecto a la política económica. En sus respectivas patologías, Estados Unidos y la zona euro se han vuelto notablemente similares.

*El autor es editor asociado del Financial Times.


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