Los bancos libran un año de escándalos

Las acciones de los prestamistas avanzaron pese a varias acusaciones contra el sector; las entidades pueden brillar todavía más en 2013 ante la reestructura de varias de ellas.

Por: Patrick Jenkins* |
Miércoles, 09 de enero de 2013 a las 06:03

A medida que gran parte del sistema financiero global maniobraba para volver a la acción el lunes pasado, hubo noticias favorables para los inversionistas bancarios.

Algunos de los mayores prestamistas a nivel mundial han disfrutado de un saludable rebote de año nuevo en los precios de las acciones por cortesía del Comité de Basilea sobre Supervisión Bancaria y de su decisión pragmática de suavizar las normas reguladoras de liquidez entrantes. La ampliación de la definición de "activos líquidos" y la extensión del plazo para cumplir con las reglas hasta el 2019 ayudó a elevar los precios de acciones en un 3 o 4%.

¿Podría esto señalar el rumbo de las cosas en 2013? ¿Será el año que viene un tiempo de auge para las acciones bancarias, a medida que los prestamistas dejan atrás un año de escándalos y crecimiento económico estancado?

Lo primero que debemos decir es que pese a todas esas historias de desastres bancarios en 2012, el año pasado estuvo muy lejos de ser un desastre para los inversores. Sí, hubo muchas reprimendas por parte de los reguladores y un exceso de escándalo en general - desde las prácticas abusivas en la venta de seguros de protección de pagos del Reino Unido, hasta la manipulación de la tasa de endeudamiento Libor, pasando por lavado de dinero y violación a sanciones. Pero las acciones bancarias se dispararon, a medida que los prestamistas mostraban algunos signos de recuperación de la rentabilidad a pesar de la continua crisis.

El índice FTSE World Banks registró un alza de un cuarto el año pasado, superando a la renta variable en general en un 10%, aunque los inversores a más largo plazo recordarán el descenso más dañino de 25% en 2011, por no hablar de la caída de 56% en 2008, sólo parcialmente corregida por el rebote del 38% de 2009. En varios casos, los desempeños de las acciones en 2012 fueron aparentemente impulsados por alguna extraña correlación inversa respecto a las fechorías de los prestamistas. Entre las acciones de mejor desempeño se ubicaron las de tres de los grandes bancos del Reino Unido: Barclays, que recibió una multa de 450 millones de dólares por la Libor y que perdió a su presidente y presidente ejecutivo; HSBC, que fue multado con 1,900 millones de dólares por lavado de dinero en México y por infringir las sanciones contra Irán, y Lloyds, cuya venta abusiva de seguros de protección de pagos le ha costado 5,300 millones de libras. Las acciones de Barclays y HSBC subieron alrededor de 50%, mientras que los inversores de Lloyds duplicaron su dinero.

Y no fueron sólo los bancos británicos los que se desempeñaron excéntricamente bien. JPMorgan restó importancia al escándalo de su oficina general de inversiones, en particular al operador que llegó a ser conocido como la ballena de Londres por sus operaciones descomunales, y a los casi 6,000 millones de dólares en pérdidas que generó. Mientras tanto, el banco suizo UBS estuvo luchando con un escándalo de operaciones ilegales y terminó el año con un acuerdo por 1,500 dólares por la tasa Libor. Ambas acciones bancarias subieron más de una cuarta parte en 2012.

Por supuesto, nadie sabe exactamente qué escándalos y otros desafíos enfrentarán los bancos en 2013. Pero si el peculiar patrón del año pasado se repite, tal vez ahora sea el momento de comprar acciones de Royal Bank of Scotland y Deutsche Bank, dos de los siguientes bancos que se espera que lleguen a acuerdos con los reguladores por su implicación en el escándalo Libor. También debe haber algunas razones más fundamentales para ser optimistas respecto a los bancos -incluyendo a RBS y Deutsche- a medida que los beneficios de los programas de reestructuración y ahorro de costos se extienden a través de los balances generales. El prestamista parcialmente nacionalizado del Reino Unido está en el quinto año de una reestructuración masiva que podría arrastrarlo de vuelta a la rentabilidad sostenible este año, mientras que el banco insignia alemán se ha embarcado recientemente en una gran purga de puestos de trabajo para prepararse para un sombrío paisaje para los bancos de inversión.

Es posible que veamos beneficios más dramáticos en firmas como Citigroup y Barclays, bajo la dirección de nuevos jefes que están dispuestos a erradicar las ineficiencias del pasado, y UBS será la otra historia destacada de reestructuración.

Se siente fuera de tono con el ánimo del momento dar notas pesimistas respecto a los bancos, pero aquí hay alguna de todos modos. Un bajista diría que los reguladores de Basilea han tenido clemencia tras quedar impactados por el preocupante estado de la economía mundial. La situación fiscal de Estados Unidos todavía proyecta una gran sombra. La eurozona está lejos de una solución. China se sigue desacelerando. Y existe el riesgo de que el aumento de la morosidad en Brasil y los sobrecalentados precios de las propiedades en Asia puedan terminar causando dolorosas explosiones. Además, todavía existe un impulso político detrás de reformas que pondrían en riesgo las ganancias bancarias, como la ley Dodd-Frank en Estados Unidos, las reformas Vickers en Reino Unido y la revisión Liikanen en la Unión Europea.

Sin embargo, a fin de cuentas, las perspectivas de los bancos lucen más brillantes de lo que han sido desde hace tiempo. Como los analistas de Credit Suisse pronosticaron el lunes, los bancos europeos -los más afectados por la crisis- pronto podrían estar operando a la par de sus valores tangibles de activos netos, ciertamente un giro desde los descuentos típicos de hasta 50% vistos en el año pasado o hace dos años.

Y a medida que los reguladores en muchas jurisdicciones favorecen ahora el pragmatismo y la preocupación por el crecimiento económico por encima de las reformas puristas, los accionistas bancarios tienen una razón de más para sonreír. Por lo menos hasta la próxima crisis.

El autor es editor bancario del Financial Times.


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