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El monstruo ‘come-euro’ es francés

La segunda mayor economía de la zona euro está sufriendo un grave deterioro de la competitividad; urge que el gobierno de Hollande tome medidas y siga el ejemplo de Italia o España.

Por: Shawn Tully |
Lunes, 14 de enero de 2013 a las 06:00

Debido a la confianza de los inversores en su deuda soberana, y a su imagen como el principal socio de Alemania en la sólida y sensible eurozona 'del norte', se podría pensar que Francia prevalece como el co-guardián de la moneda única en peligro de extinción.

En efecto, la tasa de los bonos franceses a 10 años se ubica en sólo 2%, a tan sólo unos pocos puntos por encima de Alemania.

Con base en un rápido vistazo a las cifras en los titulares, Francia no parece para nada tan presionada como el burlonamente llamado grupo de los 'PIIGS': Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. Hasta el momento, la trayectoria de sus deudas y déficits no es tan dolorosa como las cifras de los PIIGS, o incluso del Reino Unido y Estados Unidos

El cacareado papel de Francia en la creación y éxito inicial del euro aumenta su aura de solidez. Fue el presidente Francois Mitterrand quien en 1989 convenció al canciller Helmut Kohl de respaldar la unión monetaria a cambio del apoyo de Francia a la reunificación alemana.

De hecho, Francia y Alemania, junto con los Países Bajos, dramatizaron su compromiso al unir eficazmente el franco y el marco alemán en una unión monetaria que mantuvo sus tipos de cambio en una banda estrecha, y proclamó el nacimiento del euro en 1999. En los años de auge de mediados de la década de 2000, Francia prácticamente igualó a Alemania como el motor gemelo del crecimiento de la próspera eurozona de 17 naciones.

Una mirada más profunda muestra que Francia está sumida en nada menos que una crisis económica. La segunda mayor economía de la eurozona (PIB del 2012: 2 billones de euros) está sufriendo más que cualquier otro miembro de un impactante deterioro de la competitividad.

En pocas palabras, los productos de Francia -sus automóviles, acero, ropa, electrónicos- costarán demasiado para producirse en comparación con los productos competidores, tanto de Asia como de sus vecinos europeos, incluyendo no sólo a Alemania sino incluso a España e Italia. Eso está provocando una fuerte caída y acelerado la baja en sus exportaciones, así como una disminución significativa en la manufactura y los servicios que lo soportan.

La virtual implosión de la industria francesa ha sido pasada por alto por analistas y expertos que afirman que la zona euro había esquivado el desastre y había entrado en un nuevo y duradero periodo de estabilidad. De hecho, es Francia -no Grecia o España- la que ahora representa la mayor amenaza a la supervivencia del euro.

Francia personifica el verdadero problema de la moneda única: la incapacidad de las naciones con altos y crecientes costos de producción para ajustar sus monedas con el fin de que sus productos sigan siendo competitivos en los mercados mundiales.

Hasta ahora, las preocupaciones sobre el euro se han enfocado en la deuda y en los déficits peligrosamente crecientes. Pero esos problemas fiscales son principalmente el resultado de una pérdida de competitividad. Cuando cuesta demasiado producir los productos, la economía se estanca o de hecho decrece, de modo que incluso los aumentos modestos en gastos de gobierno agobian a los países con grandes déficits presupuestarios y deudas excesivas. En este escenario de crecimiento nulo o negativo, la imagen suele ser la misma: La economía privada se contrae mientras que el gobierno sigue expandiéndose.

Eso ya sucedió en Italia, España y otros miembros de la eurozona con problemas. La diferencia es que esas naciones están adoptando reformas estructurales para restablecer su competitividad. Francia no está haciendo nada por el estilo. Por lo tanto, su enorme brecha de competitividad pronto creará una crisis fiscal. Es absolutamente sorprendente que una economía tan grande y tan ampliamente respetada, pueda estar deshaciéndose tan rápidamente.

Los inversionistas mundiales y los optimistas de la zona euro deberían despertar al peligro planteado por Francia. La crise est arivée.

El declive de Francia está mejor ilustrado por el rápido deterioro de su comercio exterior. En 1999, Francia vendía alrededor de un 7% de las exportaciones mundiales. Hoy en día, la cifra es de poco más del 3%, y sigue cayendo rápidamente.

Los mismos altos costos que están golpeando a las exportaciones atraen un flujo constantemente creciente de productos procedentes de Alemania, China e incluso del sur de Europa. Las importaciones están representando una mayor proporción de las ventas de los más caros productos de fabricación francesa.

En 2005, la balanza comercial de Francia era de una cifra positiva del 0.5% del PIB. En la actualidad, se ubica en menos del 2.7% del ingreso nacional, lo que significa que ahora las importaciones superan a las exportaciones por mucho, convirtiendo al comercio de un generador de crecimiento en un gran lastre. Un excelente ejemplo de la brecha de competitividad es el abismo entre las exportaciones alemanas y francesas hacia China. Alemania envía 70,000 millones de dólares en autos, herramientas para maquinaria y otros productos a China cada año, siete veces la cifra de Francia.

Incluso el turismo está sufriendo a causa de los altos precios de Francia. Francia está luchando por encontrar clientela en un sector creciente del mercado que está en busca de ofertas, los viajeros procedentes de Asia, Brasil, India y Rusia. A mediados de la década de 2000, los extranjeros gastaron 15,000 millones de euros más visitando los Campos Elíseos y la Riviera francesa que lo que gastaban los franceses que viajaban al extranjero. Desde entonces, ese superávit ha caído en un tercio, a alrededor de 10,000 millones de euros.

La principal razón de la desventaja en costos de Francia es la carga de la mano de obra, factor que normalmente representa alrededor del 70% de todos los gastos corporativos a nivel mundial. En Francia, el problema conjunta altos salarios y costos sociales con leyes rígidas, incluyendo una semana de trabajo de 35 horas que concede a los empleados franceses el menor número de horas laborales en el mundo desarrollado. Un sorprendente 86% de todos los asalariados goza de contrats indéterminées durée, contratos indefinidos que hacen que los despidos sean extremadamente costosos y requieran de mucho tiempo para concretarse.

En Francia, 42 euros por cada 100 euros de gastos totales son destinados a costos sociales, frente a los 34 euros que gasta Alemania, 26 en Reino Unido y 20 en Estados Unidos.

Obviamente, las leyes restrictivas y los sindicatos hostiles no son nada nuevo. Lo que está causando el malestar agobiante es el reciente y rápido aumento de los costos laborales al tiempo en que los rivales están reduciendo o moderando el peso de su fuerza de trabajo.

Desde 2005, los costos laborales unitarios de Francia -el gasto de producir un solo coche o viga de acero, por ejemplo- se han incrementado 17% en comparación con 10% en Alemania, 5.8% en España y 2% en Irlanda. Hoy en día, los trabajadores franceses ganan un promedio de 35.3 euros por hora, en comparación con 25.8 en Italia, y 22 en Reino Unido y España.

El resultado es una caída pronunciada en la fabricación francesa y en los servicios que la soportan, desde la consultoría hasta la logística. Los beneficios empresariales han caído hasta el 6.5% del PIB, aproximadamente el 60% del promedio de la zona euro. Esto se debe a que los exportadores franceses están perdiendo participación de mercado, y los que sobreviven deben reducir los márgenes para cobrar precios competitivos. Como resultado de ello, carecen de los fondos para invertir en nuevas plantas y tecnologías.

Francia ahora tiene la mitad de las empresas exportadoras que tiene Alemania y, sorprendentemente, Italia. Las industria alemana se beneficia de 19,000 robots, cinco veces el número en Francia. En cuanto al área de investigación y desarrollo, ésta se redujo en un 50% en los últimos cuatro años.

Sorprendentemente, el gobierno de Hollande está aumentando los ingresos incrementando la carga para las empresas. En septiembre, Francia anunció nuevas leyes que limitan las deducciones por pagos de intereses y pérdidas trasladables, acumulando mayores impuestos a las empresas. Estas medidas contraerán las ya escasas ganancias y paralizarán la inversión futura.

La brecha en costos no sería tan perjudicial si Francia se especializara en sofisticados productos de alto margen. En efecto, la nación sigue siendo fuerte en moda, artículos de lujo y productos farmacéuticos. Pero a pesar de que esas ofrendas simbolizan el ímpetu económico de Francia, el país es muy dependiente de autos, textiles, acero, equipos de telecomunicaciones y otros productos de mediano a bajo margen que son extremadamente sensibles a los precios en los mercados mundiales. "Francia nunca ha sido fuerte en productos sofisticados de gama alta como las herramientas para maquinaria o las computadoras de gama alta", dice Jean-Christophe Caffet de Flash Economics en París. "E incluso en la gama alta, ha perdido una gran cantidad de participación de mercado ante Alemania".

Alemania, por ejemplo, se especializa en autos de lujo, Audis, Mercedes y BMWs que la gente está dispuesta a seguir comprando aunque los precios suban un poco. Por el contrario, Francia produce los más baratos Renaults y Peugeots que corren el riesgo de perder ventas ante Ford o Fiat a menos que los fabricantes mantengan los precios bajos - o se conformen con ganancias insignificantes o inexistentes.

Tampoco Francia está reaccionando a la crisis que se avecina, siguiendo la campaña de sus vecinos de reducir los costos laborales. Alemania hizo grandes progresos a mediados de la década de 2000 con sus reformas Hartz IV que redujeron las cargas sociales para las empresas.

España elevó recientemente la edad de jubilación para las pensiones completas de 65 a 67 años y permite negociaciones salariales a nivel de empresa, una desviación del sistema centralizado de imponer aumentos obligatorios en los salarios en todo el país. Italia aumentará gradualmente la edad de jubilación de las mujeres de 60 a 66 durante los próximos seis años.

Francois Hollande, elegido presidente en mayo, está tomando medidas muy tibias. El gobierno se comprometió a reducir modestamente las cargas sociales para las empresas, pero las reformas no iniciarán sino hasta 2014, y durarán sólo dos años.

Es la perspectiva de un futuro sin crecimiento, una herencia directa del problema de la competitividad, eso podría desatar una crisis fiscal. Es notable que a mediados de la década de 1990, Francia tuviera una tasa de desempleo inferior a la de Alemania, déficits más pequeños, menos deuda y PIB, y aproximadamente la misma la tasa de crecimiento. Todas estas medidas ya se han invertido totalmente.

En 2012, la economía francesa creció sólo 0.2%, y su tasa de crecimiento real de los últimos tres años ha promediado 1.2%, una cifra menor al rendimiento promedio de Alemania de 2,7%. Para 2013, ODDO Securities de Francia argumenta de manera convincente que la economía de hecho se contraerá. La tasa de desempleo se ubica en un máximo de 14 años en 10.9% y va en aumento, en comparación con 6.7% para Alemania. La deuda y el PIB se acercan a la zona de peligro de 90%, y podrían llegar a un 97% en 2013.

No es que Francia haya estado elevando el gasto público a un ritmo escandaloso. La cuestión es que un país con altos niveles de gasto y sin crecimiento se ha quedado sin espacio para seguir elevando el gasto, y la deuda. Es extraordinario que de 2004 a 2012, el sector privado en Francia no mostró crecimiento alguno, ajustado por inflación. El aumento total en el PIB, de apenas 7.3% en un plazo de ocho años, provino de los gastos del gobierno. Es la economía privada la que respalda ese gasto, y eso seguirá disminuyendo, conduciendo a Francia hacia más y más deuda.

El gasto público representa actualmente el 57% del PIB y va en aumento, 12 puntos por encima de Alemania. Por cierto, el sector privado alemán está creciendo rápidamente a medida que los desembolsos públicos decrecen como porcentaje del ingreso nacional. La dinámica opuesta está aquejando a su socio.

Es totalmente inverosímil culpar a la 'austeridad' del pobre crecimiento en Francia. La austeridad se define generalmente como una importante reducción de los déficit presupuestarios, impulsada principalmente por una caída en el gasto público. Pero el gasto de Francia ha aumentado en términos reales, y su déficit se han mantenido en un sustancial 5% o más del PIB en 2011 y 2012, con la misma cifra probable este año.

No está claro cuándo la crisis -que está pasando en su mayoría inadvertida a los inversionistas y al gobierno de Hollande- entrará en erupción, causando pánico. La posibilidad de que Francia reduzca los costos de mano de obra en el 20% a 30% necesario para restaurar el crecimiento es prácticamente de cero. Las reformas sólo puede ocurrir cuando la economía está en expansión y los ciudadanos se sienten bien acerca del futuro, la antítesis del pesimismo que envuelve ahora a Francia.

Francia se encamina hacia una Bastilla económica. Cuanto más tiempo se mantenga en ese camino, más posible será que el régimen de la eurozona que trabajaron tan duro para crear se derrumbará.


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