Obama: dividir a los republicanos

Envalentonado por su victoria electoral, el presidente de EU está adoptando una táctica guerrillera; el partido republicano debe alistarse para la próxima batalla en el terreno del techo de la deuda.

Por: Nina Easton |
Lunes, 14 de enero de 2013 a las 06:03

Barack Obama ganó cómodamente las elecciones de noviembre. Impartió un gran revés al Partido Republicano con el acuerdo por el abismo fiscal de la semana pasada, tomando el control de una Cámara de Representantes supuestamente controlada por los republicanos.

Ahora, los republicanos del Congreso, con la marca de 'perdedores' escrita en la frente y todavía carentes de apoyo público, pueden esperar ser superados en una próxima cadena de peleas legislativas.

Mientras el presidente Obama se acerca a su segunda toma de posesión, una cosa ha quedado clara: el político pacificador de 2008 se ha convertido en un experto guerrillero. Si el legado táctico de Bill Clinton fue desarmar a sus oponentes mediante el robo de sus ideas -la reforma de los beneficios sociales, la 'responsabilidad personal', los recortes al gasto-, el de Obama puede ser su habilidad para dividir y conquistar a sus enemigos republicanos.

Los conservadores fueron alguna una vez los campeones reinantes en pulir y explotar la debilidad de su oponente. Bajo el gobierno de este presidente, citando a Sun-Tzu, los descendientes de Lee Atwater han encontrado su igual.

Los republicanos están tratando valientemente de hacer ver el acuerdo sobre el abismo fiscal como una victoria - ¡99% de los recortes fiscales de Bush consagrados como permanentes!- pero esto es lo que Obama tiene: un pase para la reforma a las prestaciones sociales (que ahora retrocede a la categoría de 'poco probable' incluso a medida que la relación deuda-PIB amenaza a la economía); una narrativa de triunfo público en el año electoral que indica que los impuestos se tratan de 'justicia', no de crecimiento económico; y la posibilidad de dividir las filas republicanas entre quienes temen ser culpados por el caos económico y los temerosos de perder partidarios conservadores.

Las trampas ocultas de la victoria sobre el abismo fiscal de Obama fueron plantadas probablemente por el nominado a secretario del Tesoro, Jack Lew, en el acuerdo del techo de la deuda de 2011 que colocó los impuestos y los recortes de gasto militar sobre la mesa, y dejó fuera la reforma a las prestaciones sociales, lo que garantizó que los republicanos estarían operando en la defensa.

Y ahí es donde estarán una vez más mientras atravesamos la siguiente serie de crisis fiscales, comenzando con el debate del próximo mes sobre el aumento del techo de deuda del país.

Los republicanos podrían amenazar con cerrar el gobierno si la Casa Blanca no está de acuerdo con el control del gasto. Pero justo como las encuestas mostraron durante las negociaciones del precipicio fiscal -y durante el cierre del gobierno de 1994- la culpa pública probablemente recaerá estrepitosamente sobre ellos.

Obama ya está actuando como un presidente que sabe que tiene la sartén por el mango, diciendo al presidente de la Cámara que "el gasto no es el problema" y sugiriendo que quiere recaudar más impuestos limitando las deducciones.

En la elaboración de una vía a seguir, los republicanos deberían estudiar otra táctica guerrillera de Obama: una surgida en la campaña de 2012. La campaña de Obama entregó a los republicanos una pistola para apuntarse a sí mismos en la forma de su norma que obliga a las organizaciones católicas a ofrecer control de la natalidad en sus planes de salud. En ese momento, la regla parecía políticamente tonta: ¿Por qué iniciar una pelea con la Iglesia Católica en un año electoral - y con su poderoso bloque de votantes?

En retrospectiva, la táctica era brillante, derramando las palabras "control de natalidad" en la mesa de las primarias republicanas cuando ninguno de los candidatos del Partido Republicano quería hablar de ello. A diferencia del aborto (Gallup muestra que una ligera mayoría de estadounidenses se describen así mismos como "pro-vida"), el control de la natalidad es un accesorio casi universalmente aceptado en la vida de los estadounidenses.

Entonces, ¿qué mejor manera de pintar al Partido Republicano como extremista que sugerir que el partido quería arrebatar el control de la natalidad de las mujeres, especialmente de las mujeres solteras independientes que ayudarían a decidir la próxima elección presidencial? Y, con acérrimos conservadores sociales en la carrera, ¿por qué no dejar que el partido auto-implosione? No se necesitan huellas dactilares.

Todo salió de acuerdo con el guión, el cual condujo al candidato republicano Rick Santorum a convertirse en el rostro de la visión de que el control de la natalidad es inmoral y no debe ser cubierto por el seguro. Su intento de separar lo político de lo personal -insistiendo en que no tenía intención de arrebatar el control de la natalidad a millones de mujeres- fracasó miserablemente, embarrando al Partido Republicano y sumándose a muchas de las heridas auto-infligidas del partido ante los votantes en 2012.

La ironía de la historia es esta: Los conservadores modernos han utilizado durante mucho tiempo las imágenes de la guerra de guerrillas en su persecución de políticos, desde los revolucionarios de Reagan en la década de 1980 celebrando la película Patton. ("¡Sumérjanse en ellos! ¡Derramen su sangre!") hasta el ex presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich preguntando a los candidatos potenciales si estaban listos para ser caballeros Jedi contra los Darth Vaders del liberalismo.

Y esto es lo que dice Ralph Reed acerca del sorpresivo auge de la derecha cristiana él ayudó a dirigir: "Yo pinto mi cara y viajo en las noches. No sabrás que se acabó hasta que estés en una bolsa para cadáveres".

Por supuesto, la izquierda ha tenido sus propios estrategas de guerrilla, especialmente el fallecido organizador comunitario Saul Alinsky, cuyas "reglas para los radicales" se enfocaban en gran medida en cómo diseccionar y derrotar a los oponentes políticos. "El poder no es sólo lo que tienes, sino lo que el enemigo piensa que tienes", era una de ellas. Otra: "elige el blanco, congélalo, personalízalo y polarízalo".

El presidente Obama llegó a la fama política con la promesa de unir a la norteamérica roja y azul. Pasó sus primeros años en la oficina evadiendo y superando a los republicanos -en el estímulo, en la reforma de salud, en la regulación de Wall Street-. Ahora, envalentonado por su reelección, ha descubierto la manera de dividir y debilitar a sus enemigos.

Mientras los líderes del Partido Republicano miran hacia la próxima serie de crisis fiscales y sostienen pláticas explosivas sobre cierres de gobierno o impagos, no deberían olvidar la lección del año pasado: tengan cuidado cuando la Casa Blanca les entregue una pistola suicida.


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