Economía
Columna invitada

Lo bello y lo feo del estímulo de la Fed

Las bajas tasas de interés que implementó la Reserva Federal han causado que el dólar se deprecie; sin embargo, la medida ayuda a financiar el déficit presupuestario de Estados Unidos.

Por: Allan Sloan |
Jueves, 17 de enero de 2013 a las 06:02

NUEVA YORK — ¿Qué tienen en común el Rogaine y las políticas de estímulo económico de la Reserva Federal? No, no se trata del escaso cabello de Ben Bernanke o Alan Greenspan. ¿Te rindes? La respuesta: los efectos secundarios.

Rogaine, como quizá sepan, fue desarrollado originalmente como un medicamento para la presión arterial, pero fue "redestinado" porque tenía el efecto secundario de promover el crecimiento del cabello.

Los dos efectos secundarios de la Fed que discutiremos hoy -potenciales guerras de divisas con algunos de los socios comerciales más importantes de Estados Unidos, y una reducción en el déficit del presupuesto federal- son mucho menos conocidos que los del Rogaine. Pero, con todo el debido respeto a los varones folicularmente deficientes, son mucho más importantes.

El primer efecto secundario de la Fed, las guerras de divisas, es un ejemplo de cómo algo bueno -estimular la economía mediante la reducción de las tasas de interés- puede tener su lado negativo. Recortar las tasas de interés más rápido y con más profundidad que la mayoría de los bancos centrales ha debilitado el dólar estadounidense frente a las monedas de muchos de sus principales socios comerciales.

La Fed no está corriendo por ahí y diciendo al público que está feliz de ver que esto está sucediendo. Pero ése es el caso, debido a que un dólar que declina gradualmente estimula el crecimiento del empleo en el país al hacer sus exportaciones más baratas y las importaciones más caras.

El problema, que asomó su cabeza en el periodo previo a la Gran Depresión hace 80 años, es que si todo el mundo se devalúa, nadie se beneficia. En vez de ello, se obtiene una inestabilidad generalizada, miedo y guerras comerciales. La perspectiva de ello hace que incluso un optimista congénito como yo se ponga algo nervioso.

El dólar ha caído más de 10% frente a las monedas de los principales socios comerciales estadounidenses desde 2009, cuando la crisis financiera mundial estaba en su apogeo y la Fed inventó un programa tras otro para presionar hacia abajo las tasas de interés. Puede que el dólar haya sido artificialmente alto en 2009, sin embargo, su posterior declive ha tenido un gran impacto en el comercio.

La fabricación estadounidense está mostrando signos de recuperación, en parte debido a que la caída del dólar ha hecho que los productos del país sean más competitivos ante los productos extranjeros. Pero lo que es bueno para Estados Unidos es malo para los países cuyos productos están tasando fuera de nuestro mercado y se ven obligados a competir con los productos estadounidenses más baratos (en términos de sus monedas) en otros mercados, incluyendo el propio.

El nuevo primer ministro japonés, Shinzo Abe, está presionando al Banco Central de su país para reducir el valor del yen como parte de su programa de estímulo económico. China está planeando en la misma línea. Alemania, que no controla directamente el euro -el Banco Central Europeo (BCE) lo hace- está impulsando programas que están nominalmente dirigidos a los países del euro en problemas económicos, pero que también harán bajar el valor del euro, haciendo a Alemania más competitiva.

La Fed está jugando un complicado juego de altas apuestas aquí. El dólar es la moneda de reserva del mundo, le permite a Estados Unidos absorber el dinero de todo el mundo para financiar su déficit comercial y presupuestario sin tener que equilibrar sus cuentas.

Hay una tensión entre su situación interna (un dólar más bajo es bueno) y su papel como moneda de reserva (un dólar que cae demasiado rápido se arriesga a asustar a los inversores y a costarle a Estados Unidos su estatus de moneda de reserva).

Por el contrario, el segundo efecto secundario de las políticas de tasas bajas de la Fed -ayudar a financiar el déficit presupuestario federal estadounidense- es algo puramente bueno.

La Fed ha estado haciendo grandes ganancias, desde que sus programas de estímulo arrancaron a toda potencia hace cuatro años, y ha aportado prácticamente todas ellas al Tesoro. El año pasado, según sus cifras, la Fed ganó cerca de 91,000 mdd en ganancias y envió 88,900 mdd al Tesoro. Eso es un alza desde los 31,700 mdd que envió en 2008, el último año casi normal, y desde los 47,400 mdd de 2009, los 79,300 mdd de 2010 y los 75,400 mdd de 2011.

Las ganancias de la Fed se han disparado debido a que el tamaño de su cartera de valores ha aumentado a cerca de 2.65 billones de dólares al final de 2012 desde cerca de 750,000 mdd al cierre de 2007. La Fed ha estado comprando a carretadas valores del Tesoro y respaldados por hipotecas para elevar sus precios, lo cual ha tenido el efecto de bajar las tasas de interés.

La Fed compró estos títulos con dinero que esencialmente creó de la nada y luego acreditó a las cuentas de la Fed de las instituciones financieras que vendieron los valores. La Fed paga un interés nominal sobre el dinero que los vendedores dejan en esas cuentas, y ningún interés sobre el dinero retirado de ellas para otros fines, como la concesión de préstamos. Mientras tanto, la Reserva Federal recauda los intereses de los valores que ha comprado. Por lo tanto, expandir la cartera ha resultado enormemente rentable.

"La Fed no está realizando estos programas para maximizar su propio beneficio, eso es sólo un efecto secundario", dice Ray Stone de Stone McCarthy Research Associates en Princeton, Nueva Jersey, un destacado experto de la Reserva Federal. Él predice que la Fed reportará mayores beneficios -y enviará más dinero al Tesoro- este año respecto al año pasado.

Además de eso, las compras proyectadas de la Fed de unos 540,000 mdd en bonos del Tesoro de este año indirectamente financiarán la mitad del déficit presupuestario de este año federal. Buen trabajo si pueden lograrlo. Y mantenerlo.

Hay una diferencia crucial entre Rogaine y el recorte de tasas de la Fed: El poder de permanencia. Tú puedes tomar Rogaine indefinidamente, pero el programa para mantener las tasas bajas de la Fed no tiene una vida útil indefinida. Bernanke ha llevado a las tasas de interés estadounidenses a su nivel más bajo en los tiempos modernos, pero no puede llevarlas por debajo de cero.

Incluso si la Fed se muestra reacia a estrecharlas, no tiene control sobre el mundo, y no puede resistir indefinidamente la presión de los mercados financieros y de otros bancos centrales. Cuando el inevitable retiro de la Fed se inicie, el dólar va a subir, y los beneficios de la Fed y sus remesas al Tesoro caerán. En conclusión: el estímulo farmacéutico es para siempre. Pero el estímulo de la Fed no lo es.


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