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GB, en busca de nuevo acuerdo con Europa

David Cameron pronunciará un definitorio discurso acerca de su relación con la comunidad europea; tratará de mostrarse duro ante la UE para obtener mejores condiciones, pero lograrlo será difícil.

Por: George Parker |
Viernes, 18 de enero de 2013 a las 06:02

Financial Times — Berlín central prevé una paralización el próximo martes, cuando la élite política franco-alemana se reúna para conmemorar el 50 aniversario del Tratado del Elíseo, el pacto que selló la reconciliación entre los dos países después de la guerra e impulsó el gran proyecto de unificación europea.

Seis meses de intensa planificación culminarán el 22 de enero en una reunión simbólica de más de 1,000 miembros del parlamento francés y alemán en el Reichstag, seguido de un concierto para 2,000 invitados en la Filarmónica de Berlín. Los ayuntamientos y las escuelas en ambos países celebrarán 50 años de amistad entre los antiguos adversarios.

El único problema es que nadie le avisó a David Cameron. El primer ministro británico ha estado prometiendo un "gran discurso" en su búsqueda por relajar la relación europea con el Reino Unido desde el otoño pasado y el viernes fijó por fin una fecha preferida: el 22 de enero. Sus funcionarios pensaron que Alemania podía ser un lugar adecuado.

A medida que su plan se filtraba, llamadas angustiosas llegaron a Downing Street desde la embajada del Reino Unido en Berlín y desde la oficina de Angela Merkel, la canciller alemana, expresando su incredulidad de que Cameron fuera a dar su discurso ese día precisamente.

Pero esto fue algo más que un simple error diplomático: simbolizó la relación incómoda de Gran Bretaña con Europa, donde los malentendidos en ambos lados son comunes. Los funcionarios británicos más tarde admitieron que no tenían idea de la importancia del evento del Tratado del Elíseo.

Cameron finalmente decidió poner fin a lo que él ha llamado la "tántrica" espera por su discurso sobre Europa al adelantarlo para este viernes; y éste será pronunciado en una sede en los Países Bajos, un país considerado por Gran Bretaña como un aliado de libre comercio.

Cameron quiere aclarar la futura relación de Gran Bretaña con la Unión Europea (UE) y pacificar a su euroescéptico Partido Conservador. Eso podría ser una ilusión: Antiguos primeros ministros del Partido Conservador lo han intentado y han fracasado. ¿El discurso de Amsterdam planteará tantas preguntas como respuestas? Se espera que, en su discurso, el primer ministro negocie un mejor acuerdo de la UE para Gran Bretaña si gana las próximas elecciones en 2015 y que ofrezca al pueblo británico su primer voto sobre Europa desde 1975. "Una solución fresca y luego un consentimiento fresco para esa solución", dijo esta semana.

Al dar su discurso en Europa continental, Cameron está siguiendo los pasos de los anteriores dirigentes conservadores que esperaban demostrar que sus opiniones podrían imperar en una respetuosa audiencia más allá de los acantilados blancos de Dover y proporcionar una representación geográfica de su compromiso con Europa (aunque con las características reservas británicas).

El discurso de Winston Churchill en Zúrich en 1946 instó a Francia y a Alemania a forjar un Estados Unidos de Europa, a pesar de que Gran Bretaña naturalmente no sería parte de ellos. Margaret Thatcher proclamó en su discurso de Brujas en 1988 su oposición a una Europa "superestado", aunque sus férreos admiradores suelen pasar por alto otro pasaje: "Gran Bretaña no sueña con una existencia agradable, aislada en la periferia de la Comunidad Europea. Nuestro destino está en Europa, como parte de la comunidad".

John Major eligió la Universidad de Leiden en los Países Bajos para defender la existencia de una Europa de varias velocidades, pero con la advertencia: "El pueblo británico sabe que su futuro depende de formar parte de la Unión Europea". Esa confirmación fue ofrecida por Cameron esta semana en una ronda de diplomacia telefónica con las cancillerías de Europa.

A pesar de su encanto, algunos líderes no toman totalmente en serio la palabra de Cameron. Werner Faymann, canciller de Austria, dijo a Der Standard este mes: La razón por la que tengo dificultades con David Cameron... y cuando se trata de confiar, es porque tengo la sensación de que él habla de manera diferente en su propio país de cómo lo hace en el Consejo Europeo".

Eso quizá no sea sorprendente considerando que muchos líderes europeos ven la política de Cameron a través del filtro de la prensa británica en gran parte euroescéptica. "Tengo que seguir diciendo a mis colegas en Bruselas que no lean el maldito Daily Express", dijo un ministro del gabinete británico acerca del hostil diario sensacionalista.

Denis MacShane, ex ministro de Trabajo europeo, dice que podría haber una explicación simple de por qué Downing Street no se enteró de las celebraciones en Berlín y de por qué otros líderes de la UE sospechan de Cameron: "Ellos leen nuestros periódicos y nosotros no leemos los suyos".

Pero hay más que eso. Aunque Cameron ha estado reafirmando a los líderes europeos que quiere que Gran Bretaña siga siendo un participante fuerte en la UE, dijo a sus compañeros parlamentarios conservadores el mes pasado a puerta cerrada que disfrutarían del tono duro de su discurso cuando se produzca. "Nos dijo que realmente nos encantará, que sería muy euroescéptico", dijo un miembro del parlamento.

El precario intento de Cameron de equilibrar su doble papel como estadista europeo y director del partido es familiar a los primeros ministros conservadores y es uno que finalmente derrotó tanto a Thatcher como a Major.

Hoy en día, la opinión mayoritaria entre los parlamentarios conservadores es que Gran Bretaña debe aprovechar la crisis de la eurozona para asegurar un nuevo acuerdo británico con Europa. Aunque tal vez entre 30 y 40 de los 303 diputados conservadores no estarán felices hasta que Gran Bretaña esté fuera de la Unión Europea por completo, la mayoría dicen que quieren permanecer en ella, pero en condiciones nuevas. Andrea Leadsom, un miembro del principal grupo euroescéptico Fresh Start, define el enfoque como "más comercio, menos de las otras cosas".

Incluso Nick Clegg, el diputado pro-europeo de Cameron, reconoce que la pertenencia de Gran Bretaña al euro "no es probable que suceda en mi vida política" y que el Reino Unido debe defender la integridad del mercado único en contra de miembros de la eurozona que actúan como un caucus y decretan términos a Londres.

George Osborne, el canciller, tuvo un comienzo prometedor antes de Navidad, ganando el apoyo de Alemania, entre otros países, para las nuevas reglas de voto para proteger los intereses de los ‘externos' al euro en el campo de la supervisión bancaria, aunque los conservadores Fresh de Start quieren ir más lejos con un "freno de emergencia" -un veto- para salvaguardar a la City.

Pero Clegg teme que un deseable impulso para aclarar la relación entre la zona euro y los 'externos' (de los cuales el Reino Unido es, por mucho, el más grande) esté minado por el segundo objetivo "fantasioso" de Cameron: arrebatar los poderes existentes a Bruselas . Los conservadores de Fresh Start han presentado a Cameron una lista de pendientes que incluye la legislación laboral y social, el sector pesquero, la política, justicia y policía regional.

Cameron ha insinuado que podría bloquear cualquier modificación a los tratados de la UE para reforzar la zona euro a menos que obtuviera algunos poderes, argumentando que Gran Bretaña "no sólo tiene derecho sino que tiene facultades, de hecho- porque necesitan los cambios- para pedir cambios nosotros mismos". Pero esa estrategia podría convertirse en un obstáculo inmediato si los miembros de la eurozona deciden -como parece cada vez más posible- que pueden fortalecer la moneda sin una revisión del tratado formal.

Los comentarios de Cameron provocaron consternación en Berlín, con Gunther Krichbaum, un aliado de Merkel de la Unión Demócrata Cristiana, acusándolo de "chantajear" a otros estados. Merkel también teme que el plan de Cameron para deshacer las políticas existentes podría crear una batalla campal con Francia y con otros países de ideas proteccionistas afines, tratando de deshacer las normas que regulan el mercado único -la parte de la UE que a Cameron le gusta más. Pero los parlamentarios conservadores creen que, después de considerables quejas, en última instancia Merkel ayudará a Cameron, por temor a que una salida británica incline a la UE a favor de un bloque en el sur de Europa menos liberal económicamente. Funcionarios de alto nivel en Berlín, sin embargo, advierten que hay un límite a la tolerancia alemana a un trato especial para el Reino Unido. "Nuestra línea roja es clara: no se vale acaparar lo mejor para sí", dice un ministro.

La posibilidad de que Cameron no logre conseguir un acuerdo mucho mejor plantea una pregunta que no ha sido capaz de responder: ¿cómo puede comprometerse a luchar por un voto para el Sí (para permanecer en la unión) en un referéndum si no sabe cómo van a resultar las negociaciones?

¿Si hace campaña por el voto Sí y el país vota No, eso conduciría automáticamente a una salida británica? ¿Un voto negativo derrocaría al gobierno? Si es así, ¿no daría a los votantes un motivo para utilizar el referéndum (posiblemente en 2017 o 2018) para protestar contra un gobierno impopular a mitad de período, en un clima de austeridad?

Una encuesta de YouGov concluyó este mes que el 42% de los británicos querían abandonar la UE y el 36% quería quedarse, a pesar de que el mismo encuestador descubrió una oleada reciente en la mayoría a favor de la membresía cuando se les preguntó cómo iban a votar si Cameron lograba un mejor acuerdo para los intereses del Reino Unido.

Aunque eso puede apoyar la creencia de Cameron de que puede ganar un referéndum, los líderes impopulares en países pro-europeos, entre ellos Francia, Irlanda y los Países Bajos saben por su propia experiencia que los votantes en los referendos de la UE no suelen responder exclusivamente a la pregunta en la papeleta. "Europa no es el principal interés de la opinión pública británica", dice Ken Clarke, el veterano ministro pro-europeo.

Hasta ahora, Cameron no ha conseguido responder la que quizás es la pregunta más importante planteada por las empresas. Cuando le preguntaron si podía garantizar que Gran Bretaña seguiría siendo un miembro de la UE en cinco años, el primer ministro se negó a responder.

"Él pasó seis años preparando un discurso para crear cinco años de incertidumbre para el Reino Unido", dice Ed Miliband, líder de la oposición laborista.

Durante la larga espera de su discurso, la posición de Cameron ha sido cada vez más encasillada por los demás. Estados Unidos ha advertido que Gran Bretaña corría el riesgo de "ensimismarse" si celebra un referéndum, subrayando que Washington quería que Reino Unido permaneciera en el club europeo, para dar forma al debate.

Clegg, líder de los liberal-demócratas, socio de la coalición conservadora, advirtió del "escalofriante" efecto que la incertidumbre que podría tener sobre la inversión extranjera, mientras que Lord Heseltine, asesor de crecimiento de Cameron, dijo que las multinacionales podrían huir de Gran Bretaña. Los diplomáticos europeos preguntan por qué deberían hacer concesiones si siguen leyendo en la prensa británica que Londres va a salirse de todos modos.

El discurso de Cameron en Amsterdam podría haber puesto a prueba a Cicerón. El primer ministro tiene que convencer a su partido escéptico de que está siendo duro ante Europa, mientras que persuade a los líderes de la UE que sigue siendo un participante comprometido. Tiene que apelar al centro conservador que quiere retirarse de Bruselas y al liderazgo del partido, que reconoce la necesidad de quedarse. Tiene que indicar que ve el futuro de Gran Bretaña en la Unión Europea, sin descartar su mano de negociación: una velada amenaza con retirarse si no se sale con la suya.

Incluso si todo sale según lo previsto, Cameron todavía podría esperar una campaña de referéndum en la próxima legislatura con un resultado muy incierto que podría dividir su partido: por lo menos es probable que algunos parlamentarios y ministros luchen por una salida. Un miembro del parlamento del Partido Conservador bromeó que era igual a que Cameron "no ganara las próximas elecciones". Pero ¿qué pasa si lo hace? No sorprende que Cameron haya procastinado durante meses antes de su viaje a Amsterdam.

Reporte adicional de Quentin Peel

La hostilidad hacia la UE se profundiza en todo el continente

El británico David Cameron difícilmente es el único líder europeo que lucha por vadear una ola de creciente sentimiento anti-UE entre su electorado, provocada en parte por la crisis fiscal y económica de tres años de edad que se ha apoderado del continente.

De los 10 principales países de la UE, sólo los gobiernos de Alemania y Austria han evitado el colapso o ser destituidos de su cargo desde que estalló la crisis, en medio de un aumento gradual de populistas anti-UE tanto en la izquierda como en la derecha.

Según una encuesta de Eurobarómetro publicada el mes pasado, sólo el 30% de los europeos veían a la UE bajo una luz positiva, un descenso desde 52% hace cinco años. De hecho, la encuesta mostró un puñado de países en los que la UE es vista con tanta desconfianza como en Gran Bretaña, especialmente Grecia y España, que están sufriendo lo peor de la crisis económica.

Hasta el momento, los temores en Bruselas de que los partidos abiertamente euroescépticos tomen el control de uno de los 17 países de la eurozona y pongan de cabeza el consenso necesario para perseguir la respuesta a la crisis actual no se han concretado, a pesar de que han estado cerca.

Para los líderes de la UE, el acercamiento más peligroso se produjo el año pasado en Grecia, donde el partido de extrema izquierda Syriza quedó a tres puntos porcentuales de convertirse en el partido más grande del país mediante la promesa de desechar los términos del rescate de 172,000 millones de euros del país. Las últimas encuestas de opinión muestran a Syriza cómodamente por delante del partido gobernante de centro-derecha Nueva Democracia, y con el neo-nazi Golden Dawn en tercera posición.

Sin embargo, otros países rescatados han visto menos agitación política y el sentimiento anti-UE ha desempeñado un papel mucho más importante en el núcleo de acreedores de la UE.

En las elecciones finlandesas de 2011, los populistas True Finns casi vencieron a los favoritos pre-electorales de la Coalición Nacional, después de comprometerse a no apoyar más rescates. En las elecciones holandesas del año pasado, los Socialistas de extrema izquierda y el Partido Liberal derechista pasaron semanas en una ubicación alta en las encuestas, pregonando visiones euroescépticas antes de que una oleada de último minuto del Partido Laborista de centro-izquierda hiciera que el centro de mantuviera. Del mismo modo, la elección de Francia del año pasado vio a Jean-Luc Mélenchon del Frente de Izquierda, y a Marine Le Pen del Frente Nacional combinados para ganar casi un tercio de los votos en la primera ronda, ambos en plataformas erizadas de críticas hacia Bruselas.

Heather Grabbe, directora de asuntos de la UE para el Open Society Institute, que ha estudiado a los populistas anti-UE, advirtió que los cuasi accidentes no deben ser tomados como una verdadera medida de la ira hacia Bruselas, diciendo que sus estudios muestran que el sentimiento anti-UE es mucho mayor y más fuerte de lo que los resultados electorales indican.

Tales sentimientos serán puestos a prueba una vez más, sobre todo en las elecciones italianas del próximo mes, donde el ex primer ministro Silvio Berlusconi está tratando de capitalizar el creciente descontento de los votantes mediante la ejecución de una campaña muy crítica acerca de la respuesta ante la crisis de la UE liderada por Alemania. Incluso en Alemania, el movimiento anti-rescate Free Voters ha logrado avances significativos en las elecciones bávaras y tiene el objetivo de trastocar el voto nacional de septiembre con duras críticas a la gestión de crisis de la UE.

"La crisis del euro es una crisis de gobernabilidad porque la gente se siente muy enojada y está buscando culpables", dice Grabbe. "La gente está enojada porque su gobierno no tiene control sobre su propia economía".

Peter Spiegel


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