Economía

Francia y Alemania, relación desigual

Al celebrar 50 años del Tratado del Elíseo, se hacen notorias las diferencias entre ambos países; Francia ha perdido influencia política y su poder económico dista mucho del de la sólida Alemania.

Por: Quentin Peel y Hugh Carnegy |
Martes, 22 de enero de 2013 a las 06:02

Financial Times — Una imagen lo resume: Helmut Kohl y François Mitterrand tomados de la mano en el cementerio de Douaumont en 1984, al lado del campo de batalla de Verdun de la primera guerra mundial, donde cerca de 800,000 soldados franceses y alemanes murieron en combates, peleando por unos cuantos kilómetros cuadrados de lodo en 1916.

Dos hombres de mediana edad con abrigos de invierno, el canciller alemán destacando por encima del presidente francés, lucen disparejos y un poco incómodos. Sin embargo, al juntar sus manos, muestran que están decididos a demostrar su emoción compartida en este momento simbólico de reconciliación entre naciones.

La estrecha alianza política y personal entre Kohl y Mitterrand -que permaneció a través del final de la guerra fría, la reunificación alemana y la negociación del Tratado de Maastricht, que determinó al euro como la moneda común- estuvo fundada en ese entendimiento común. El conservador alemán y el socialista francés fueron la extraña pareja que personificó la alianza franco-alemana.

Esta semana, los dos países celebran el aniversario número 50 del Tratado del Elíseo, el documento que sentó las bases de su estrecha cooperación para construir un sistema integrado de Unión Europea (UE), y para transformar a dos vecinos hostiles y enemigos tradicionales en aliados cercanos.

Los Parlamentos de Francia y Alemania se reunirán el martes en sesión conjunta en el Reichstag de Berlín, y los dos gobiernos se reunirán en la oficina de Angela Merkel, la canciller alemana. Merkel y François Hollande, el presidente francés, pronunciarán discursos formales y los Parlamentos emitirán una declaración de entendimiento y admiración mutuos.

A pesar de toda la pompa y ceremonia para celebrar 50 años desde que el tratado fue firmado por Konrad Adenauer y Charles de Gaulle en 1963, están surgiendo cuestionamientos a la vitalidad de la alianza.

El diario francés Le Monde se atrevió a llamar a las celebraciones del martes un "festival de hipocresía", sugiriendo que las relaciones políticas entre Merkel y Hollande son venenosas y que la sospecha mutua es la moneda corriente.

Otros analistas, especialmente en Francia, se preocupan por el desequilibrio de poder que ha surgido desde la reunificación de Alemania en 1990 y por el poderoso desempeño de la economía alemana, en contraste con la de Francia, especialmente desde el estallido de la crisis financiera global.

Jacques Delors, ex presidente de la Comisión Europea y padrino del euro, no se anda por las ramas. "Lo que es sorprendente es que Alemania domina económicamente y Francia sufre mucho a causa de su deuda y falta de competitividad, y por ello la relación está desequilibrada", dice.

Tanto Nicolas Sarkozy, el ex presidente francés, como Hollande han tratado de compensar eso, dice, pero "la crisis de la eurozona ha evolucionado en ritmo con base en las decisiones -y falta de decisiones- de Merkel. No es agradable decirlo, pero así es".

Claire Demesmay, jefa del programa sobre relaciones franco-alemanas del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (DGAP) en Berlín, lo llama un "desacoplamiento doble". "Se ha producido un desequilibrio desde la caída del Muro y la reunificación alemana", dice. "El equilibrio original entre una Francia que era fuerte en política exterior, y Alemania, que era un enano político pero un gigante económico.

"El fin de la guerra fría eliminó la posición especial de Francia. Ser una potencia nuclear no significaba mucho. Así que Francia perdió influencia política sin obtener poder económico. Alemania había ganado poder político con la unificación, e influencia económica también, con la apertura de Europa del Este".

Anne-Marie Le Gloannec, académica en La Universidad de Ciencias Políticas de París, opina que la sospecha de la recién hallada destreza de Alemania alimenta la cautela francesa sobre su enemigo histórico.

"La confianza es una divisa que está haciéndose cada vez más delgada", dice. "La impaciencia alemana por la irritación francesa, y la irritación francesa por la superioridad alemana, está presente más que nunca. Los Estados no tienen sentimientos, pero las relaciones sociales y políticas se basan en la confianza. Es una divisa absolutamente necesaria para que las cosas funcionen".

Sin embargo, los participantes en la relación bilateral insisten en que siempre fue así. La alianza franco-alemana siempre ha sido más un paseo en una montaña rusa entre oponentes políticos, que un motor de integración europea que funciona sin problemas.

Cuando el tratado del Elíseo fue firmado por Adenauer y el general De Gaulle en enero de 1963, se intentó conciliar dos visiones del mundo muy diferentes y dos culturas muy diferentes. La visión del canciller Adenauer era la de una Europa federal con fuertes instituciones supranacionales. El general De Gaulle favorecía una "Europa de las patrias" en la que los Estados nacionales permanecieran como los actores dominantes.

De hecho, el líder francés vio la alianza con Alemania como un contrapeso al papel dominante de Estados Unidos en Europa. Pero cuando Adenauer presentó el tratado ante el Bundestag alemán, se enfrentó a una reacción feroz por parte de los atlantistas en su propio partido, que desconfiaba de la estrategia gaullista. Insistieron en escribir un preámbulo al tratado, subrayando el papel vital de la alianza atlántica, además de la sociedad franco-alemana. El presidente De Gaulle estaba furioso. "Si éste es un contrato de matrimonio, entonces yo todavía soy virgen", supuestamente replicó.

El tratado consta de dos pilares. Uno de ellos es burocrático, comprometiéndose ambos gobiernos a una serie de reuniones periódicas, desde jefes de gobierno hasta funcionarios públicos. La otra es cultural, comenzando toda una serie de intercambios escolares y estudiantiles, hermanamientos de ciudades y la promoción del aprendizaje en el otro idioma.

El primero de los pilares ha asegurado que, independientemente de la ideología política de los gobiernos de Berlín y París, lleven a cabo reuniones para forjar posiciones europeas comunes.

"La primera pregunta que siempre nos hacemos acerca de cualquier política europea es: ¿qué dice París?", dice Michael Link, ministro de Estado alemán para Europa. "Buscamos compromisos franco-alemanes, no decirle a Europa qué debe hacer, sino hacer las soluciones más probables".

El francés Valéry Giscard d'Estaing mira hacia atrás hacia su presidencia de 1974 a 1981, cuando él y el canciller alemán Helmut Schmidt luchaban contra las crisis económicas de la década de 1970, como un modelo para las relaciones entre los dos países.

"Fue una época dorada", dice al Financial Times en su oficina con paneles de madera, en su elegante departamento de París. "Nos consultábamos unos a otros cada semana. Si observas los papeles y documentos de la época, no había ni una sola expresión de disidencia.

"Ambos habíamos estado en la guerra. Helmut Schmidt estuvo en el ejército alemán, yo estaba en el ejército estadounidense. Nos disparamos el uno al otro. Tuvimos una experiencia que no era propicia (para la amistad). Pero a pesar de ello o debido a ello, tuvimos una plena comprensión de las políticas del otro".

Ahora, siendo un vivaz señor de 86 años de edad, Giscard d'Estaing está convencido de que la relación franco-alemana va a durar.

"Basta con leer los libros de historia de los dos últimos siglos para comprender que el acercamiento franco-alemán es ahora irreversible", dice. "No hay ningún evento, ninguna persona, que pueda ponerlo en peligro. Puede ser más o menos productivo, pero no puede ser puesto en duda".

Sin embargo, la era Giscard-Schmidt de cooperación es excepcional por haber funcionado tan bien.

En materia de política económica, estas naciones a menudo siguen caminos muy distantes. Alemania siempre ha estado comprometida con un banco central independiente, ya sea que se trate del Bundesbank alemán o del Banco Central Europeo (BCE). París ha buscado constantemente el control político sobre la política monetaria. Ha sido una de las tensiones que complican la gestión de crisis en la eurozona.

El tratado original no incorpora ninguna referencia a la política de coordinación económica debido a que estas diferencias eran vistas como demasiado grandes. Francia estaba demasiado comprometida con la preservación de la función del Estado, y Alemania con la promoción de la economía de mercado. Cincuenta años más tarde, esas diferencias fundamentales en perspectiva siguen sin reconciliarse.

Gérard Errera, el ex secretario general del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, lo ve como una tensión constante: "La restricción en la relación franco-alemana es que somos diferentes en todo -en nuestras instituciones, nuestra historia, nuestra cultura- y que no siempre nos entendemos entre sí. Sin embargo, tenemos que estar de acuerdo para que Europa funcione. Por lo tanto, siempre se requiere de un gran esfuerzo para lograr compromisos".

Un alto diplomático alemán lo ve casi de la misma manera: "La cooperación franco-alemana es contraria a la intuición. Hay una percepción errónea de que Francia y Alemania están haciendo cosas juntas porque nosotros queremos. Eso es basura", dice. "Somos diferentes en cada elección sustancial entre nosotros, ya sea de libre comercio frente al proteccionismo, o en la creación de una industria de defensa estratégica o en ser complementarios hacia los americanos, o en lo que ponemos sobre la mesa: cerveza o vino.

"Pero sólo si estos dos puntos de partida pueden ser reconciliados, existe la posibilidad de hacer avanzar a Europa".

Joachim Fritz-Vannahme, jefe del proyecto Future for Europe de la Bertelsmann Foundation, dice que "la fortaleza de la relación no proviene de tener posiciones idénticas, sino de las diferencias. Una vez que conoces las diferencias, puedes acercarte a la manera de conciliar tus posiciones.

"Tienes a un presidente francés que dice que necesitamos una Europa social, más justa y más solidaria. Tienes a Merkel y a los alemanes diciendo que nunca lo conseguiremos si no tenemos disciplina fiscal: solidez primero. Si combinas solidez con solidaridad, tienes los principios de una mejor Europa".

Bruno Le Maire, ex ministro de habla alemana de Asuntos Europeos bajo el gobierno de Sarkozy, advierte que la debilidad económica de Francia ha socavado la confianza en Berlín.

"Francia tiene que recuperar la credibilidad ante Alemania y eso sólo se produce a través de la economía", dice, "corregir el crecimiento, el desempleo y la deuda. Nada funciona sin esto".

Un alto funcionario francés sostiene que el proceso ha comenzado. "Es cierto que hay un desequilibrio económico", dice.

"Francia ha perdido 10 años. Alemania se reformó, pero ahora lo estamos haciendo en condiciones mucho más difíciles. Pero el equilibrio en la relación no es sólo en la economía".

Ulrike Guérot del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores ve una presión en ambos países para restaurar la "simetría de asimetría". "Cada país tiene sus fortalezas y debilidades", dice. "Si quieren restablecer la simetría, deben detener el discurso de que sólo Francia puede aprender de Alemania. Podemos aprender de los franceses una mejor política familiar, y ellos pueden aprender de nuestra capacitación laboral".

Pero el verdadero desafío consiste en acordar una visión común de la ruta hacia una mayor integración económica y política en la eurozona, dice. En ese sentido, Alemania sigue apostando por un enfoque más "federal" de Europa, con fuertes instituciones comunes, y Francia hacia una Europa más "intergubernamental", con estados-nación supremos.

Cincuenta años después de que el Tratado del Elíseo fue firmado, aún no han llegado a un acuerdo sobre esta cuestión fundamental.

Encuestas: Felices de mudarse al lado

Tanto franceses como alemanes tienen una visión abrumadoramente positiva del otro país, en marcado contraste con los viejos sentimientos de antagonismo.

A más del 50% le encantaría vivir en su país vecino, según una nueva encuesta encargada por emisoras de televisión y radio pública de Alemania y Francia, incluyendo a Ard, Arte, Deutschlandradio y Radio France.

Más del 80% de los alemanes dijeron que les gustaba Francia "apasionadamente" o "mucho", y casi la misma proporción de franceses expresaron opiniones muy positivas acerca de su viejo enemigo.

Hay, sin embargo, una creciente asimetría en las actitudes respectivas acerca del desempeño económico, con muchos más franceses admirando el modelo económico alemán, y expresando su interés en trabajar en Alemania, que a la inversa.

Más del 43% de los franceses encuestados dijeron que veían a Alemania como un "modelo", mientras que sólo el 22% de los alemanes expresaron el mismo sentimiento sobre Francia.

Más del 90% de ambos grupos consideraron a Alemania como la economía más importante de la UE, y más del 70% de ambos grupos también consideraron a Alemania como el Estado miembro de la UE más político.

Ésta fue una de las dos encuestas publicadas, coincidiendo con el 50 aniversario del Tratado del Elíseo. El segundo muestra actitudes que todavía son muy influenciadas por viejas ideas preconcebidas.

Un estudio encargado por la embajada alemana en París llegó a la conclusión de que los alemanes opinan abrumadoramente bien de Francia en cuanto a la comida, la bebida y como un buen destino turístico.

La cima de la lista para los alemanes en términos de palabras asociadas con Francia es París (nombrado por el 56%), seguido por la Torre Eiffel (37%), el vino (32%), los croissants o baguettes (27%), la buena comida (21%) y el queso (18%). Por el contrario, la cima de la lista para los franceses cuando piensan en Alemania es Angela Merkel, la canciller alemana (29%), seguido de cerveza (23%), Berlín (21%) y automóviles (18%).

La historia es mucho más importante en el pensamiento francés sobre Alemania, en contraste con el pensamiento alemán sobre Francia: Hitler y los nazis, la caída del Muro de Berlín, y la Segunda Guerra Mundial fueron mencionados cada uno por 16% de los encuestados.

Reportaje adicional de Quentin Peel.


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