Energía: Las nuevas amenazas terroristas

El reciente ataque a una planta de gas en Argelia destacó las vulnerabilidades de la industria; las firmas petroleras están revisando sus procedimientos de seguridad y reconsiderando sus planes.

Por: Guy Chazan |
Jueves, 31 de enero de 2013 a las 06:04

Financial Times — Los trabajadores petroleros occidentales en In Amenas, la planta de gas en Argelia en la que militantes irrumpieron el 16 de enero, sabían lo vulnerables que eran.

Un ejecutivo de Statoil, la compañía noruega de petróleo, dijo a un visitante de la instalación en 2007 que estaba preocupado por los riesgos para el personal expatriado que viajaba hacia y desde el sitio. Después de volar desde Argel en el medio del Sahara, enfrentaban un viaje en autobús de una hora de duración hasta In Amenas. "Queremos construir una pista de aterrizaje cerca de la planta y evitar el transporte en autobús desde el aeropuerto", dijo.

Ninguna pista de aterrizaje fue construida. Pero su preocupación resultó fundada. El sitio de la planta de gas comenzó este mes cuando militantes atacaron un convoy de autobuses que llevaban a los trabajadores desde el aeropuerto.

El asalto, que cobró la vida de al menos 37 extranjeros, fue un hito; el peor ataque terrorista contra una instalación petrolera y de gas en 150 años de historia de la industria. Impulsadas a actuar, las empresas están revisando sus procedimientos de seguridad y reconsiderando sus planes de perforación.

"Esto le da una nueva dimensión a la idea de la seguridad energética", dice Daniel Yergin, presidente de Cambridge Energy Research Associates. "La seguridad de la infraestructura física ha sido durante mucho tiempo un problema para la industria, y le ha dado una mayor urgencia".

Medio Oriente y el norte de África son el corazón del negocio mundial de la energía, representando más de la mitad de las reservas mundiales de petróleo. Sin embargo, la región es cada vez más propensa a la inestabilidad a medida que la primavera árabe desata pasiones que han derrocado a regímenes alguna vez afianzados y lanzado a los países hacia una guerra civil. Esto tiene enormes implicaciones para la industria del petróleo y del gas y, por extensión, para los precios de la gasolina. El precio del barril de crudo se disparó a 127 dólares en 2011, cuando el levantamiento contra Moammar Gadafi interrumpió las exportaciones de crudo desde Libia.

Pero el contagio de la inestabilidad a Argelia es una sorpresa. La protección asignada a las instalaciones de gas y petróleo del país es bien conocida: In Amenas tenía su base militar propia. Algunos temen que si Argelia no es seguro, ningún sitio lo es. Para destacar los nuevos riesgos, dos guardias murieron el domingo en un ataque contra un gasoducto al norte de Argelia, cerca del extremo sur de las montañas de Kabilia, donde Al Qaeda tiene un bastión.

A pesar de estos peligros, es poco probable que las compañías petroleras abandonen la región. Tienen que ir a donde está el petróleo, a pesar de los riesgos, y Argelia y su vecina Libia tienen reservas sustanciales. Pero la necesidad de una mayor seguridad inevitablemente hará subir los costos.

"Eventos como el de In Amenas hace que sea más costoso producir petróleo y gas en el norte de África, por lo cual las principales (compañías) están obligadas a recurrir a los gobiernos de la región para aliviar sus términos fiscales", dice Paul Stevens, investigador senior de Chatham House, un centro de estudios. Argelia, con una población de 37 millones de habitantes, es conocida por tener algunas de las normas fiscales más estrictas en la industria petrolera.

Incluso antes de la crisis de los rehenes, las compañías petroleras tenían que ofrecer una alta compensación por riesgos a los expatriados que trabajan en Argelia. Los empleados de Western publicaron que podían esperar un subsidio por la dificultad del trabajo que represente hasta el 30% de su salario base bruto anual, dice Ellyn Karetnick, líder de movilidad internacional de la consultora Mercer. Eso implica "un significativo reconocimiento de riesgo", dice.

Pero cualquier intento de obtener mejores términos contractuales a raíz de lo sucedido en In Amenas podría provocar una reacción negativa. "Las empresas deben concentrarse en los problemas de seguridad que tienen... pero eso no debe ser visto como una oportunidad para renegociar los contratos", dijo el secretario general de la OPEP, Abdalla El-Badri.

El problema para los petroestados tradicionales es que los inversores ahora tienen una opción. La revolución de esquisto (shale) ha abierto una gran cantidad de oportunidades nuevas y más seguras en Estados Unidos y Canadá. "La suposición es que las compañías petroleras compiten por superficie, pero la superficie también compite por las compañías petroleras", dice Stevens.

El sector petrolero tradicionalmente nunca había estado en la mira del movimiento yihadista global. Como Yergin escribió en su libro The Quest, Osama bin Laden originalmente argumentó en contra de atacar la infraestructura petrolera en Medio Oriente, escribiendo en 1996 que la "gran riqueza islámica" que encarnaban sería necesaria "para el Estado islámico que sería establecido pronto".

La estrategia de Al-Qaeda cambió gradualmente y, a mediados de la década de 2000, Bin Laden estaba instando a ataques contra objetivos petroleros para hacer subir el precio del crudo y empujar a Estados Unidos hacia la bancarrota.

Esas palabras se tradujeron en acciones en 2006, cuando terroristas suicidas atacaron la planta de procesamiento de Abqaiq en Arabia Saudita, que procesa 7 millones de barriles de petróleo al día. Aunque no hubo daños a las instalaciones, el gobierno saudí creó una nueva fuerza de 35,000 hombres para proteger la infraestructura petrolera del reino.

Al-Qaeda consideró otras tácticas también. Algo revelador es que, cuando las fuerzas de operaciones especiales de la marina estadounidense mataron a Bin Laden en 2011, encontraron planes para atacar buques petroleros.

También fueron atacadas instalaciones fuera de Medio Oriente. Durante años, el Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger ha librado una insurgencia en el sur de Nigeria que incluyó frecuentes secuestros de trabajadores petroleros. Pero fue un paso más allá en 2008, cuando sus pistoleros se introdujeron en el mar en lanchas rápidas para atacar Bonga, una gran plataforma petrolera mar adentro.

Argelia nunca fue totalmente inmune a la creciente violencia. Dos ingenieros extranjeros que trabajan para Schlumberger, el grupo de servicios petroleros más grande del mundo, fueron ejecutados en 1994 por militantes islamistas. Pero este tipo de incidentes son raros: la guerra civil del país en la década de 1990, en la que más de 150,000 murieron, apenas incidió en la industria petrolera.

BP entró en Argelia después de un largo paréntesis en la década de 1990. El grupo británico fue generalmente bien tratado por el gobierno. "Ellos siempre agradecieron el hecho de que llegáramos allí durante su década negra, dice un ex ejecutivo de BP en Argelia.

Después de descubrir gas en In Amenas, BP y sus socio Statoil enviaron a 5,500 personas para construir una planta. En medio de una creciente maraña de tubos relucientes bajo el sol del desierto, torres de destilación despojaban valiosos gases licuados tales como el etano y butano. Compresores enormes empujaban el gas hacia el norte a través de las redes de gasoductos de Argelia.

Otros siguieron a BP y pronto, los ejecutivos petroleros abarrotaron los pocos hoteles elegantes de Argel. A medida que la comunidad de expatriados crecía, la embajada estadounidense se dispuso a abrir una escuela internacional para los hijos de los diplomáticos y de los trabajadores petroleros. Para 2005, entre 10 y 15 empresas estaban dispuestas a invertir. Algunos occidentales incluso trajeron a sus familias a Argel.

Pero la calma no duró mucho. En 2006, los militantes hicieron estallar un autobús que transportaba a trabajadores petroleros extranjeros en un suburbio de Argel, matando al conductor. Al año siguiente, un autobús que transportaba trabajadores de gasoductos fue atacado al oeste de Argel, matando a un ruso y a tres argelinos. Más tarde, en 2007, Al-Qaeda en el Magreb Islámico, un grupo que hasta entonces había atacado a comisarías de policía y fuerzas de seguridad, amenazó por primera vez a occidentales que trabajan en Argelia. En diciembre, dos enormes bombas sacudieron la capital, matando a 34 personas. Los planes para la escuela internacional fueron abandonados.

Las compañías petroleras extranjeras reforzaron su seguridad, poniendo alambre de púas en los muros de sus complejos de villas en el distrito de la embajada de Argel. El personal que visitaba Argel siempre tenía que ir acompañado de un guardia armado.

Pero, en un principio, por lo menos, el peligro en In Amenas no provenía de los terroristas islamistas. Ubicada en un terreno de matorral estéril cerca de la frontera con Libia, a 1,000 kilómetros al sur de Argel, la planta sufría más a causa de bandidos oportunistas que de militantes.

"La gente secuestra tus 4x4 para sus operaciones de contrabando", dice el ex ejecutivo de BP. Ese riesgo significaba que la gran flota de jeeps de la planta nunca podía ser manejada de noche.

Los secuestros eran una amenaza constante. Uno de los empleados de la empresa conjunta observó que los escandinavos y los australianos eran los más vulnerables, ya que "siempre pagan" cuando se enfrentan a demandas de rescate. "Eso no es bueno para los noruegos", dijo.

Esto dio como resultado un nivel de seguridad sin precedentes para la industria. Los argelinos establecieron una base militar cercana equipada con helicópteros de ataque y tanques T-72 de diseño soviético. Los soldados patrullaban la valla del perímetro y los puestos de control de la gendarmería argelina y revisaban a los visitantes y vehículos que entraban al complejo. El personal que aterrizaba en Argel era traído en un convoy armado desde el aeropuerto local. "La gente puede conducir a los pozos y a las instalaciones de procesamiento central pero fuera de la base necesita una escolta armada dondequiera que vaya", dijo un empleado. "Me encantaría visitar algunos de los pueblos de la zona, pero no se nos permite hacerlo".

Protegidos por los militares, los occidentales no expresaron reparos acerca de la seguridad. "Las autoridades tienen mucho miedo de que la gente salga herida", dijo un ejecutivo petrolero occidental antes del ataque. "Sólo se necesita una llamada telefónica de nuestra parte y nos dan toda la protección que necesitamos".

Pero la vida en el desierto era dura y tediosa. Las temperaturas durante el verano alcanzan los 52 grados centígrados. Las tormentas de arena, que pueden cerrar la producción, irrumpen en cuestión de minutos. Por respeto a las costumbres locales, no se permite el alcohol en la base.

Como era de esperar, a veces ha resultado difícil encontrar personas dispuestas a trabajar allí. En 2007, un año después de que comenzara la producción, la empresa conjunta aún tenía el 10% de los puestos vacantes.

Dentro de la planta, BP y Statoil tomaron medidas para aliviar el aburrimiento. Construyeron un gimnasio, una piscina cubierta y un campo de fútbol. Torneos de voleibol se llevaban a cabo todos los sábados y los noruegos se reunían para hacer fiestas de waffles, un ritual nórdico. Los trabajadores recibían muchas vacaciones, trabajando cuatro semanas y descansando cuatro semanas.

A medida que la empresa maduraba, la tensión de los primeros años comenzó a ceder. In Amenas, que producía 9,000 millones de metros cúbicos de gas al año antes del ataque -alrededor del 12% de la producción total de Argelia- parecía invulnerable.

Esto, según algunos analistas, pudo haber inducido a BP y a sus socios en una falsa sensación de seguridad. Un consultor de la industria petrolera, que a menudo viaja a Argelia dice que en los primeros días él era transportado en un automóvil blindado, acompañado a todas partes por un guardia de seguridad privada, un ex militar, contratado por BP como un "enlace".

"Eso se acabó más tarde y todo se hizo mucho más relajado", dice. "Las empresas quitaron la vista de la pelota".

Cuando ocurrió el desastre, surgió de la nada. Los terroristas tenían la intención de llevar a sus cautivos al norte de Malí y utilizarlos como moneda de cambio para detener la intervención francesa. Pero al encontrar resistencia armada, atacaron la planta de gas, disponiendo el escenario para un sitio de cuatro días.

En declaraciones ante la prensa tras el sangriento desenlace, Bob Dudley, presidente ejecutivo de BP, rechazó las sugerencias de que los argelinos no habían hecho lo suficiente para proteger a los trabajadores. "Es un sitio de muy alta seguridad", dijo.

Seguridad: Saboteadores cibernéticos en la industria petrolera

La industria petrolera se enfrenta a una nueva amenaza: los ataques cibernéticos. El año pasado, Saudi Aramco, una productora líder de petróleo y gas, fue golpeada por un virus conocido como Shamoonthat que borró datos de al menos 30,000 de sus PC corporativas.

Aramco dijo que el objetivo del ataque era detener la producción de la empresa, que representa más del 10% de los suministros mundiales de petróleo. Abdallah al-Saadan, vicepresidente de planificación corporativa de Aramco, dijo que hackers habían intentado durante un mes derribar el sistema antes de tener éxito al explotar ciertos puntos débiles.

Shamoon también afectó a Rasgas, el productor de gas natural licuado de Qatar, provocando el cierre del sitio web de la compañía y de algunos de sus servidores internos. Inteligencia estadounidense cree que Irán estaba detrás de ambos ataques.

Leon Panetta, el secretario de Defensa saliente de Estados Unidos, describió el ataque contra Aramco como una "escalada significativa de la amenaza cibernética".

Pero se trata de una amenaza que no sólo se cierne sobre las empresas de energía. Una docena de grandes bancos de Estados Unidos también han sido blanco de ataques, incluyendo a Wells Fargo, JPMorgan Chase y Bank of America. A veces los agresores son hackers o delincuentes que tratan de robar dinero o secretos comerciales. Sin embargo, funcionarios de inteligencia creen que existe una creciente amenaza de más ataques destructivos diseñados para inhabilitar la infraestructura crítica, tales como refinerías, oleoductos y redes eléctricas.

Panetta dijo recientemente a los líderes de negocios que el efecto de este tipo de ataques podría ser como un "cyber Pearl Harbor".

Otros países también son vulnerables. Stuxnet, un virus que deshabilitó cientos de máquinas centrifugadoras en una planta iraní de enriquecimiento de uranio en 2009 y 2010, fue el primer gusano conocido por atacar la infraestructura de procesos. El virus ha sido atribuido a Israel y a Estados Unidos.

Los productores de petróleo del Medio Oriente están tomando el riesgo de los ataques cibernéticos muy en serio. Supuestamente, Aramco ha contratado a consultores estadounidenses para ayudarle a proteger sus redes informáticas. En septiembre pasado, Emiratos Árabes Unidos estableció una unidad, la Autoridad Nacional de Seguridad Electrónica, para lidiar con las ciberamenazas.

Reporte adicional de Sylvia Pfeifer y Ajay Makan


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