EU: la paradoja de exportar petróleo

Las restricciones de hace 40 años a la venta de crudo chocan con el nuevo auge petrolero del país; el aumento de suministros domésticos de mayor calidad está sobrepasando la capacidad de refinación.

Por: Gregory Meyer |
Martes, 12 de febrero de 2013 a las 06:01

Financial Times — El presidente Barack Obama quiere duplicar las exportaciones estadounidenses. ¿Incluirán éstas al petróleo crudo?

Esta pregunta, absurda hasta hace poco, se está volviendo seria. Estados Unidos es todavía un enorme importador de crudo, pero los aumentos en los suministros domésticos están dejando fuera a millones de barriles extranjeros. Esta semana, el jefe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) -un grupo que vigila la seguridad energética de los países occidentales- advirtió enfáticamente que el auge petrolero de Estados Unidos terminaría si Washington no logra levantar su prohibición sobre la mayoría de las exportaciones de crudo.

Y Lisa Murkowski, la republicana de mayor rango en el comité de energía y recursos naturales del Senado, declaró: "Todas las agencias deben revisar las políticas que afectan las exportaciones de energía y eliminar los obstáculos innecesarios. Las exportaciones de energía son buenas para nuestra economía".

La inminente lucha podría eclipsar los argumentos sobre las exportaciones estadounidenses de gas natural licuado. Políticos, ambientalistas y empresas dentro y fuera de la industria de la energía se unirán a la refriega, con altos riesgos para los inversores.

Las exportaciones reorganizarán a los ganadores y perdedores del auge. Las refinerías, los débiles de la baja petrolera de hace unos años, han cosechado ganancias inesperadas comprando petróleo a los bajos precios estadounidenses y procesando combustible para su venta a mayores precios internacionales. En los últimos dos años, el índice de refinación y comercio del S&P 500, compuesto por acciones como Valero y Marathon Petroleum, tuvo rendimientos totales de 90%. Las empresas de perforación petrolera no han sido tan afortunadas. La producción diaria de crudo en Estados Unidos ha aumentado en 1.3 millones de barriles en los últimos dos años, alcanzando un máximo en 19 años de 6.9 millones de barriles diarios. Sin embargo, las acciones de las compañías de exploración y producción han caído 2.4%.

La producción más reciente es de crudo de alta calidad y bajo contenido de azufre, proveniente de estados como Dakota del Norte y Texas. Muchas refinerías estadounidenses están diseñadas para procesar crudos más pesados y de menor calidad. Otras se asientan lejos de los oleoductos, por lo que sólo pueden ser suplidas a través de costosos trenes y buques petroleros de bandera estadounidense.

"Tal vez tenga sentido exportar un determinado tipo de petróleo para el cual no se tiene la capacidad de refinación en una localidad para poder usarlo", dice John Felmy, economista en jefe del American Petroleum Institute, un grupo de presión.

Las refinerías lo ven de otra manera. Dicen que se están adaptando para manejar los nuevos suministros. En Valero, el crudo dulce de alta calidad solía ser una tercera parte de su materia prima, según la compañía. Ahora representa la mitad. Para capturar algo de la enorme producción de esquisto (shale) de Eagle Ford en Texas, Valero construyó una terminal de camiones en su refinería cercana Three Rivers. Planea comprar 2,000 vagones-tanque este año para recolectar más crudo barato desde el interior.

También ha recibido permiso para exportar algo de crudo estadounidense a una refinería de Valero en Quebec, Canadá. Pero Valero sugiere que las exportaciones irrestrictas desde Estados Unidos serían una mala idea: "En realidad, tiene más sentido mantener el petróleo aquí y refinarlo a un bajo costo, y exportar los productos". Valero ha sido crucial en el surgimiento de Estados Unidos como uno de los principales exportadores de diésel y gasolina a nivel mundial.

Las exportaciones de crudo son mucho más sensibles políticamente que las de los productos. Los envíos están efectivamente bloqueados hacia cualquier sitio, con excepción de Canadá. Pero las restricciones, las cuales datan de la década de 1970, eran irrelevantes hasta ahora.

Maria van der Hoeven, directora ejecutiva de la AIE, sostuvo en el Financial Times que Estados Unidos necesita flexibilizar las restricciones de exportación para que los bajos precios del petróleo no obliguen a los perforadores a renunciar a la exploración. Esto parece improbable. Los productores de Dakota del Norte han encontrado clientes en estados tan lejanos como Nueva Jersey, a pesar de los altos costos de entrega. Una solución más fácil a la incompatibilidad de las refinerías podría ser permitir que buques petroleros extranjeros -y más baratos- transporten los hidrocarburos a la costa este.

Además, argumentan los ecologistas, la venta de crudo extra ligero en el extranjero simplemente alimentaría la demanda por el tipo de petróleo más pesado -y, desde el punto de vista del calentamiento global, más peligroso- listo para fluir desde el proyecto de oleoducto Keystone XL en  Canadá.

Pero hay otra razón por la que tiene sentido permitir la exportación de crudo, dice Bill Reinsch, ex subsecretario de la administración de exportaciones del Departamento de Comercio de Estados Unidos. Estados Unidos está apoyándose en sus aliados para que dejen de comprar crudo iraní en medio de las sanciones por el programa nuclear del país. "Es difícil decirles: 'No compren a Irán', y luego negarles una fuente alternativa", dice Reinsch.

Los argumentos se encuentran todavía en una etapa cruda. Debemos esperar un intenso refinamiento.


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