India, ¿el inicio del fin de los BRIC?

Los países considerados superpotencias del siglo XXI enfrentan retos que los alejan del desarrollo; India está más rezagada, pues la ausencia de liderazgos políticos limita la posibilidad de reformas.

Por: Anika Gupta |
Viernes, 15 de febrero de 2013 a las 12:01
Es un día soleado en Jaipur, una ciudad al norte de la India de tres siglos de antigüedad famosa por sus edificios, palacios y un destino popular para los turistas. Con todo, el radiante cielo no impide que Ruchir Sharma identifique las nubes que se ciernen sobre la economía india.

Sharma, jefe del equipo de renta variable de mercados emergentes en Morgan Stanley, habla ante una audiencia en el Festival de Literatura de Jaipur, un evento anual que aglutina por varios días de enero a autores de todo el mundo.

Sharma está en Jaipur para presentar su libro ‘Breakout Nations', en el que argumenta que es poco probable que las menguantes tasas de crecimiento del PIB entre las grandes economías emergentes -popularmente conocidas bajo el acrónimo BRIC- protagonicen una recuperación en esta década.

Al sugerir esto, Sharma se une a un creciente coro de escépticos de la gran historia del BRIC, término introducido por primera vez por el economista de Goldman Sachs, Jim O'Neill en el 2001 para describir a los cuatro países -Brasil, Rusia, India y China- que se convertirían, según las predicciones, en las superpotencias económicas del siglo XXI.

La idea es que estas cuatro grandes economías emergentes superarán a los grandes países desarrollados de Occidente en un fulgor de gloria económica. Durante la última década, la noción de las monolíticas naciones BRIC se ha vuelto uno de los conceptos más populares en los círculos políticos mundiales. Inversionistas, empresas y responsables políticos han desarrollado estrategias BRIC. Sin embargo, los últimos datos económicos apoyan la tesis de Sharma, lo que sugiere que quizás sea necesaria una mirada más atenta.

En Brasil, que durante mucho tiempo ha sido dependiente de las exportaciones de productos básicos, el déficit de cuenta corriente alcanzó niveles sin precedentes a fines de 2012. El envejecimiento de la población de China sugiere el final de la oferta de mano de obra rural barata que impulsó su auge manufacturero. Y en Rusia, el crecimiento económico sigue muy dependiente del petróleo, mientras que la riqueza todavía está concentrada en los estratos superiores de la sociedad. En la India, donde Sharma nació, los obstáculos para el crecimiento parecen aún más difíciles. El crecimiento del PIB ha caído a 6% en 2011, frente al 9% alcanzado en 2010.

India: ¿la oveja negra de los BRIC?

Incluso dentro de la variopinta familia BRIC, India es un hijastro pelirrojo. La agencia Standard & Poors califica la deuda soberana de la India en BBB-, el grado de inversión más bajo posible y la más baja nota entre los países BRIC. El país enfrenta casi todos los retos que una economía emergente puede afrontar. Su Gobierno está liderado por una pequeña elite dividida por disputas que paraliza casi todos los intentos de reforma económica. La población del país se hace cada vez más joven y está más conectada, mientras sus políticos, por el contrario, parecen cada vez más viejos y desconectados, como muestran los recientes intentos del gobierno por restringir la libertad en Internet.

Gran parte de la población del país sigue viviendo en zonas rurales, donde los rendimientos languidecen lejos de los de los países desarrollados. A diferencia de las economías de la revolución industrial, donde el crecimiento fue impulsado por el auge de la mecanización y la manufactura, la economía india avanzaba de la mano de la exportación de servicios y el outsourcing tecnológico, pero este crecimiento escasamente fue general.

El libro de Sharma sugiere que la vertiginosa fase inicial de crecimiento de la India no fue un fenómeno único. La disponibilidad de capital en los años pre-recesión fue una "marea creciente que levantó a todos los barcos". Casi todas las economías emergentes experimentaron un crecimiento impresionante. Ahora que la marea ha bajado, la economía de la India podría también descender.

El desarrollo económico no es cosa fácil ni asegurada para ningún país. De las 188 economías monitoreadas por el FMI, sólo 35 han logrado un estatus de "desarrolladas". El resto ha luchado para mantener el crecimiento por encima del 5% durante más de una década. Sharma cita a Japón, que en la década de 1980 parecía predestinada a convertirse en la primera potencia económica, o Malasia y Tailandia antes de la crisis financiera asiática de finales de la década de los noventa. "El fracaso para mantener el crecimiento ha sido la regla general, y es probable que esa regla se reafirme en la próxima década", escribió en un reciente artículo publicado por Foreign Affairs.

En cuanto a las probabilidades de la India para desafiar esta tendencia, "le doy una probabilidad de 50/50", dice Sharma.

Es significativo que Sharma asistiera al Festival de Literatura de Jaipur. El crecimiento del festival en los últimos siete años -pasó de 100 a 100,000 asistentes- sirve como metáfora del creciente apetito entre los indios por lo que alguna vez estuvo fuera de su alcance, así como de la creciente voluntad del mundo para visitar la India. Los retos -y la necesidad- del crecimiento económico sostenido fue un tema recurrente en el festival de este año.

En busca de líderes

De todas las batallas que enfrenta la India, la búsqueda de un liderazgo político sólido será la más difícil. A nivel nacional, los últimos años han sido una decepción. El nombramiento del primer ministro, Manmohan Singh, azuzó la esperanza de que la India pudiera ver otro periodo de reformas económicas, similar a la supervisada por Singh y otros a principios de la década de los noventa, una era de apertura que catapultó a la India al escenario mundial.

En cambio, las recientes medidas legislativas destinadas a frenar la corrupción y abrir el sector minorista indio a la inversión extranjera se han quedado en buenos deseos, toda vez que Singh enfrentó la resistencia del parlamento indio, de aliados y líderes de su propio partido. El Gobierno de Singh se vio envuelto en una ristra de escándalos de alto perfil, desde la adjudicación de licencias para el espectro 2G a la asignación de yacimientos de carbón, suscitando el resentimiento popular y la frustración.

Con elecciones en puerta para 2014, los partidos políticos de la India están buscando candidatos que puedan atraer a los votantes jóvenes del país. Pero aquí, también, han batallado para capturar la heterogénea base de votantes de la India, que está superando las tradicionales divisiones de casta y clase. El dominante Partido del Congreso ha recurrido a Rahul Gandhi, hijo del influyente clan político Gandhi-Nehru, como su estrella en ascenso. Pero Gandhi no pudo conseguir los votos en una crucial campaña en la que participó el año pasado.

La situación tampoco pinta bien para el Partido Bharatiya Janata (BJP), principal rival del Partido del Congreso. Mientras el sentimiento popular contra la corrupción crece, el presidente del partido -hasta hace muy poco- era Nitin Gadkari, se vio envuelto en un escándalo fiscal. Uno de los más prominentes candidatos posibles del BJP para el cargo de primer ministro -Narendra Modi, ministro del estado indio de Gujarat5- ha supervisado un rápido crecimiento económico en su estado, pero sigue estigmatizado por la acusación de que alentó una serie de revueltas contra los musulmanes en Gujarat en 2002 que dejó cientos de muertos.

Tal vez los líderes de la India surgirán de la escala local, no nacional. A nivel estatal, los partidos locales de la India desempeñan un papel mucho más importante que cualquiera de los partidos nacionales, a menudo ganando la mayoría de votos. Los políticos estatales ejercer un enorme poder y controlan más de la mitad del gasto gubernamental, "un porcentaje inusualmente alto", escribe Sharma. Pero las tasas de crecimiento económico varían ampliamente entre los estados.

 "Hay demasiada obsesión con los líderes nacionales", dice Sharma en su presentación. Pone como ejemplo alterno a Gujarat, que ha crecido rápidamente bajo las políticas de Modi. Otros apuntan al otrora subdesarrollado estado de Bihar, que ha registrado un alto crecimiento después de años de estancamiento, un mérito que a menudo se le atribuye al  ministro de Bihar, Nitish Kumar. William Antholis, director de la Brookings Institution, una vez se refirió a Kumar como "El hombre de la Esperanza para India", y elogió sus logros en la promoción del desarrollo.

Después de la sesión, Sharma refina su teoría local. "Tal vez lo que veremos en la India sean estados desarrollados", dice.


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