Economía

Plan de Obama: mantenerse ‘en campaña’

El presidente de EU está volviendo a explotar el apoyo de sus partidarios en su segundo mandato; todavía es una incógnita si el poder de las bases funcionará fuera de las campañas electorales.

Por: Richard McGregor |
Viernes, 15 de febrero de 2013 a las 06:01

Financial Times — Poco después de su discurso sobre el Estado de la Unión, Barack Obama se embarcó en una conferencia telefónica masiva con partidarios que se habían inscrito para oírlo hablar. Ayer por la mañana, estaba realizando un viaje a través de tres estados para promocionar el mensaje de su discurso anual sobre políticas.

En resumen, fue muy parecido a un día agotador durante la campaña electoral, con excepción, por supuesto, de que Obama fue convincentemente reelegido en noviembre pasado y ahora está instalándose en su segundo mandato.

Obama tiene una agenda ambiciosa, parte de ella vinculada a eventos, como su presión por controles de armas más estrictos después del tiroteo en la escuela de Connecticut, y parte de ella consistente con su campaña de reelección, como por ejemplo, obligar a los ricos a pagar más para reducir el déficit.

Pero igual de ambiciosa es su estrategia para tratar de concretar la mayor parte de sus proyectos durante los próximos 12 a 18 meses, la pequeña ventana que se percibe que tienen los presidentes en su segundo mandato antes de que su poder comience a menguar.

Obama no es melindroso con la forma en que adopta sus victorias. Si no puede conseguir que algo sea aprobado en el Congreso, ha instalado una alerta en todas las ramas del Gobierno para encontrar una manera de implementar su agenda a través de órdenes ejecutivas.

Las medidas para reducir las emisiones de efecto invernadero son un ejemplo de ello, ya que existe una posibilidad cercana a cero de que pueda conseguir la aprobación de algo sobre el cambio climático en el Congreso.

Obama ha sido una figura transformada desde agosto de 2011, cuando los republicanos en el Congreso llevaron a Estados Unidos al borde de un impago de la deuda para obligar a su gobierno a introducir profundos recortes al gasto federal.

Él y sus asesores establecieron una nueva estrategia después de la agresiva crisis y se han apegado a ella, determinando que el presidente recurrirá al pueblo estadounidense en cada oportunidad para argumentar su caso, en lugar de negociar con los republicanos.

Sus partidarios dicen que no tiene caso sentarse para conversar con los republicanos. "No se puede ser razonable con personas irracionales", dice un asesor. Los republicanos refutan que la actitud de Obama demuestra que él es la figura partidista que han afirmado desde el principio.

Pero Obama ha puesto en orden sus fuerzas, o al menos sus seguidores lo han hecho, mucho más poderosamente de lo que él hizo durante la interminable lucha sobre el presupuesto que los dos bandos disputaron después de que el partido republicano tomó el control de la Cámara de Representantes en 2010.

La teleconferencia de Obama de la noche del martes fue con Organising for America, la recién creada organización diseñada para mantener activa, y para activar, a la vasta base de voluntarios que él aprovechó que con tanta eficacia en la campaña de 2012.

La maquinaria de las bases de Obama, todavía bajo la dirección de Jim Messina, el ex funcionario de la Casa Blanca que también fue la mente maestra detrás de su reelección, funcionó brillantemente durante la campaña de 2012. Pero es todavía una incógnita si podrá ser igualmente eficaz como instrumento de gobierno.

Una campaña electoral, con el voto en una fecha determinada, es muy diferente al proceso de impulsar un proyecto de ley en el Congreso. Los republicanos de la Cámara también ocupan grupos de votantes que, después de la redistribución de distritos, tienen mayorías conservadoras bien constituidas.

Sin embargo su estable retirada táctica de las políticas arriesgadas sobre el presupuesto, registrada hasta ahora durante el segundo mandato de Obama, envía un mensaje diferente.

Los funcionarios de la Casa Blanca apuntan al enfrentamiento de fin de año sobre el abismo fiscal como un ejemplo de ello. Los republicanos se negaron a considerar mayores tasas de impuestos para los ricos. Luego, se negaron a considerarlas para las personas que ganan menos de 1 millón de dólares.

Poco a poco, retrocedieron en sus posiciones hasta que aprobaron algo parecido a lo que Obama había exigido en el primer lugar.

Los republicanos no ocultan su desprecio por la agenda progresista de Obama, al igual que él desdeña la suya. Pero a raíz de la campaña electoral, tienen un renovado respeto por sus habilidades políticas y, por supuesto, por la máquina formidable que lo respalda.

No todos los temas estarán estructurados para ayudar a Obama, como sucedió con el abismo fiscal. Pero por el momento, Obama ocupa un 'buen púlpito' con esteroides. Ese simple hecho le da la ventaja por ahora.


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