El nuevo desafío de Ben Bernanke

El presidente de la Fed deberá preparar a los inversores para el cambio en la política monetaria; a los funcionarios del banco central les preocupan posibles turbulencias en los mercados.

Lunes, 25 de febrero de 2013 a las 13:58
NUEVA YORK (Reuters) — El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, se prepara para una tarea sumamente delicada: informar a los nerviosos inversores que se han acostumbrado a las políticas ultra expansivas del banco central estadounidense que la tendencia finalmente tendrá que cambiar.

Bernanke parece comprometido actualmente con el programa de compras de bonos de la Fed. Pero ahora encara el desafío comunicacional sin precedentes de advertir que un cambio en esa política -mientras al mismo tiempo asegura a los inversores que las tasas seguirán en bajos niveles- podría producirse en unos meses si la recuperación de Estados Unidos sigue avanzando.

En discursos en varias partes del país, otros funcionarios de la Fed ya han comenzado a hablar sobre un eventual retiro de algunas de las políticas más expansivas que ha visto Estados Unidos en su historia.

Y los inversores analizan cada vez con mayor minuciosidad las minutas de las reuniones de política monetaria de la Fed en busca de señales sobre por cuánto tiempo más durarán las compras mensuales de activos por 85,000 millones de dólares.

Idealmente, Bernanke -quien deberá testificar ante el Congreso el martes y miércoles, y ofrecerá un discurso en San Francisco el viernes- no tendría que decir mucho en los meses venideros.

Una economía que mejora debería hacer todo el trabajo en preparar a los mercados, abonando el camino para una reversión predecible y sin contratiempos de la política monetaria.

Pero a los funcionarios de la Fed les preocupa que incluso una pequeña disminución de su programa de compras de bonos genere turbulencias en los mercados financieros, que elevaría notablemente los costos de endeudamiento a largo plazo y frenaría el crecimiento económico que han intentado alentar.

"Estamos en un mundo en el que, cuando la Fed comience a moverse hacia una política de menor estímulo, en cierto punto los mercados van a decir 'Dios mío'", dijo Nathan Sheets, jefe global de economía internacional en Citigroup y ex economista del panel que decide las políticas de la Fed.

La semana pasada, el banco central tuvo una demostración sobre cuán abruptamente pueden reaccionar los inversores ante las señales de alteraciones en sus políticas.

Las minutas de la reunión de enero de la Fed indicaron que una serie de funcionarios del banco central pensaban que las compras de activos podrían tener que disminuir o ser suspendidas antes de que el mercado laboral mejore hasta alcanzar el umbral deseado.

Incluso aunque "varias otras" autoridades advirtieron sobre reducir el programa demasiado pronto, aquella referencia, aunque fue sutil, envió al dólar a máximos de cuatro semanas contra el euro y generó la mayor ola vendedora en el mercado de acciones en tres meses.

El presidente de la Fed de Dallas, Richard Fisher, dijo a Reuters al día siguiente que la reacción era una señal preocupante de "un mercado que está bajo la droga" del dinero fácil de la Fed.

¿El comienzo del fin?

En las últimas semanas varios funcionarios de la Fed han empezado a preparar el escenario para terminar con la adicción a esa droga al expresar su preferencia por una disminución, en lugar de cancelar de un momento a otro el programa de compras de bonos, a medida que mejora el panorama laboral.

"Creo que los comentarios de una disminución son casi el comienzo de aquella reducción, el mercado se ha acostumbrado a que la Fed esté siempre ahí, cambiando el flujo de dinero y la dinámica de la demanda", indicó Tom Simons, un economista de Jefferies.

"Los funcionarios de la Fed siempre están expresando la noción de que la comunicación es la mejor herramienta de política (...) De modo que si pueden comunicarle al mercado que esté preparado para una reducción y luego ésta se produce y después finaliza, esa es la forma más gradual de ponerle fin al programa", aseveró.

El plan declarado de la Fed es terminar con el programa de compras de bonos cuando vea una "mejora sustancial" en las perspectivas del mercado laboral, aunque sostiene que mantendría las tasas de interés en niveles cercanos a cero hasta que el desempleo baje a al menos 6.5%, siempre y cuando la inflación siga contenida.

La tasa de desocupación llegó a 7.9% el mes pasado.

Más allá de eso, trabajaría gradualmente para remover la carga de los activos en su hoja de balance, que ahora llega a 3 billones de dólares. Esa tarea posiblemente recaerá sobre el sucesor de Bernanke, dado que no se espera que el funcionario siga en el cargo tras el final de su periodo en el 2014.

No se espera que Bernanke altere su retórica expansiva esta semana, pese a las crecientes preocupaciones sobre el tamaño de la hoja de balance.

Pero su rol durante el próximo año, o quizás hasta más adelante si permanece en el cargo, será clave porque comenzaría a navegar en el largo y delicado proceso de ajustar la política, asumiendo que la recuperación se afirme como lo desean las autoridades de la Fed.

Hay muchos factores desconocidos, especialmente si se compara la situación con el comienzo del mayor ciclo en que la Fed endureció su política monetaria en 2004, cuando la única herramienta usada fueron las tasas de interés intradiarias.

Esta vez la Fed cuenta con el enorme tamaño de su hoja de balance, atiborrada no sólo con bonos del Tesoro sino con valores apoyados por hipotecas, y con toda clase de herramientas comunicacionales, como umbrales económicos establecidos para indicar el momento adecuado de subir las tasas de interés.

"Manejar las expectativas del público sobre la política monetaria es una tarea difícil, especialmente cuando la política está lejos de lo que haya implementado el Banco Central en el pasado", manifestó el presidente de la Fed de Filadelfia, Charles Plosser, en un discurso reciente.

"Esto abre la puerta para que el público malentienda el mensaje que el banco central está enviando", aseveró.

Plosser y Fisher son críticos del programa de compras de bonos de la Reserva Federal.


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