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¿Un fundador puede ser un buen CEO?

Algunos inversionistas apuestan por quien creó una firma antes de dar el timón a un profesional; los fundadores pueden hacer planes a muy largo plazo y mantener el respaldo de la empresa.

Por: Jessi Hempel |
Jueves, 07 de febrero de 2013 a las 17:03

La paradoja que enfrenta el CEO de cualquier startup es que si logra que el negocio tenga éxito, probablemente será despedido. La creencia tradicional sostiene que una vez que un negocio empieza a crecer, el fundador debe ser sustituido por un gerente profesional, alguien que ha tenido experiencia en la construcción de una empresa.

Estadísticamente hablando, esto tiene sentido. El profesor Noam Wasserman de la Harvard Business School ha pasado la última década estudiando el impacto que tiene el fundador sobre una compañía.

En un estudio de 460 nuevas empresas o startups estadounidenses, encontró que, en promedio, aquellas en los que los CEO fundadores seguían siendo los principales tomadores de decisiones eran menos valiosas que las empresas gestionadas por CEO externos. Dicho en palabras llanas, las habilidades necesarias para inventar un nuevo producto o servicio son distintas a las que se necesitan para administrar un negocio, y pocas personas poseen ambas.

Pero esa es la regla que se desprende del promedio. Si estás buscando gente que alcance el éxito, sería inteligente apostar por los fundadores. A lo largo de la historia, las empresas más exitosas han sido guiadas por sus apasionados creadores. Casi todas las personas que Fortune ha nombrado Empresario del Año (gente como Jeff Bezos de Amazon y Reed Hastings de Netflix) han provenido de la estirpe de los fundadores, como también la mayoría de los nominados. Entre los empresarios más emblemáticos de la industria están fundadores como Sam Walton de Wal-Mart, Oprah Winfrey de Harpo Productions, Phil Knight de Nike, y acaso el más famoso de todos, el genio cascarrabias de Apple, Steve Jobs.

Si bien no todo fundador será tan eficaz como Jobs, prácticamente toda empresa que se aproxima a los niveles de éxito de Apple está dirigida por un fundador.

Algunos inversionistas en startups han tomado nota de esto. Las firmas de inversión, desde Digital Sky Technologies a Andreessen Horowitz, han construido sus estrategias de inversión sobre la premisa "conserva a los fundadores", como el propio Yuri Milner ha dicho.

La firma de capital de riesgo Founders Fund, que incluye a Peter Thiel como cofundador, ha invertido 1,000 millones de dólares en más de 100 empresas sin despedir jamás a un solo fundador.

Incubadoras como Y Combinator de Paul Graham aceptan nuevas startups usando como criterio no sólo la calidad de sus ideas, sino también las habilidades y el entusiasmo de los equipos que las levantaron. Sin duda, parte de ello se debe a que es un buen marketing: Es más probable que un inversionista entre en un acuerdo si se compromete a apoyar al fundador de la compañía.

Pero, como el experto en emprendimiento Reid Hoffman - él mismo un fundador - escribió en un reciente ensayo sobre el tema: "El nuevo aprendizaje recibido [entre los inversores en tecnología] es que los mejores emprendedores pueden permanecer como CEO a lo largo de todo el ciclo de crecimiento de la empresa".

¿Por qué apostar por los fundadores? Porque ellos sueñan con cosas nuevas. El pionero Tony Fadell replanteó el método para controlar la temperatura en los hogares con Nest, un termostato que se parece más a un iPod. Anya Fernald replanteó la cadena de suministro para el cultivo y la entrega de alimentos saludables, trayéndonos a gran escala carne de vacuno alimentado con pasto a través de Belcampo. Quienes apoyan a los fundadores argumentarán que, aunque a veces se puede enseñar a un soñador a ser un enérgico operador empresarial, rara vez puedes enseñar a un hombre de negocios a soñar.

Estos emprendedores también tienen una autoridad moral sobre sus productos. "Los fundadores tienen la credibilidad de reinventar su negocio sin perder el apoyo y la confianza de los partidarios de la vieja cultura", dice Jeffrey Sonnenfeld, profesor de la Yale School of Management.

Una empresa innovadora debe hacer apuestas decisivas. A veces, debe actuar con rapidez para poner a prueba un nuevo negocio, incluso si fractura el negocio principal. Los fundadores suelen estar mejor posicionados para realizar estos movimientos audaces porque entienden, mejor que nadie, la visión más global de la empresa.

Por ejemplo, cuando Reed Hastings fundó Netflix, la empresa sacó del negocio a Blockbuster entregando por correo los DVD. Luego, en 2007, Hastings inició un servicio de streaming que eventualmente trastocó su principal negocio. Aunque el destino de Netflix en el mercado se mantiene incierto, este movimiento decisivo y de avanzada posicionó a Netflix para capear un cambio tecnológico masivo.

Tal vez lo más importante, los CEO fundadores miran a largo plazo. Mientras que los CEO conservan su trabajo por unos ocho años como media, los CEO fundadores procuran a menudo manejar sus compañías de por vida y construir un legado para sí mismos mientras cambian el mundo con un nuevo producto o servicio. Como escribe Ben Horowitz, otro pionero, en su ensayo seminal sobre los fundadores, "Su compromiso emocional supera a su participación en el capital".

Pensemos en la librería en línea que Jeff Bezos comenzó en 1994, Amazon. Aunque la compañía debutó en Bolsa en 1997, Bezos siguió un modelo de negocio poco común que se desarrolló lentamente en el transcurso de cuatro o cinco años. Los analistas e inversionistas se quejaron. Pero a pesar del estallido de la burbuja puntocom, Amazon alcanzó la rentabilidad, y Bezos ha seguido capitaneando la compañía a través de un mar siempre creciente de oportunidades.

Aunque estos pioneros reconocidos por Fortune (los Trailblazers) están apenas en los albores de sus carreras - sus empresas tienen menos de cinco años de edad - poseen un compromiso de liderazgo a largo plazo que hace que muchos, como el CEO Perry Chen de Kickstarter o Brian Chesky, CEO de  Airbnb, juren que nunca venderán la empresa.

La mayoría de los CEO fundadores fracasarán, simplemente porque la mayoría de las startups fracasan. Los que obtienen éxito acaso descubran cuán pasajero es: Muchos fundadores brillantes, como Michael Lazaridis de BlackBerry o Jerry Yang de Yahoo, perderán un turno en el mercado y atestiguarán el declive de su negocio.

Pero habrá algunos Henry Ford y Estée Lauder, hombres y mujeres que ven el mundo no como lo que es, sino por lo que puede llegar a ser, y construyan una compañía que nos mueva a todos en esa dirección. Cuando los futuros historiadores del siglo 21 citen a esta gente, muy probablemente serán fundadores.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 25 de febrero de 2013.


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