Los 10 emprendedores del 2007
Son visionarios, quieren ser grandes y tienen el perfil que el capital privado busca para invertir.

Roberto Charvel, académico del ITAM. (Jorge Garaiz)
Cinemex o Volaris nacieron apoyadas por fondos.
México requiere de empresas sólidas para ser un gran jugador global. Pero es muy sabido que de los más de seis millones de empresas 95% son micro y pequeñas y sólo 1% son grandes (en facturación y tamaño). La diferencia de una a otra categoría –monopolios aparte– se limita, en términos muy simples, al acceso a recursos para financiar su crecimiento.
Por ello, decir que lo más importante de una firma es su gente, no es cliché; de hecho, es en lo primero que se fijan los fondos de capital privado (private equity funds) y los de capital de riesgo (venture capital), al evaluar posibles inversiones en empresas.
Además de la oportunidad y el contexto de mercado, los rendimientos y los términos de una eventual sociedad accionaria, los fondos observan las cualidades de liderazgo y visión de un emprendedor como factores clave, explica Luis Fernando González Nieves, abogado corporativo del despacho Solórzano, Carvajal, González y Pérez-Correa.
En México, la actividad emprendedora intenta levantarse del bache en que cayó al inicio de la década. Datos del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) revelan que en 2001 el país registró la tasa más alta de “emprendedurismo”, de entre 37 naciones, con 20.7% de los adultos de 18 a 64 años que estaban en proceso de abrir un negocio o eran dueños de una empresa con menos de 42 meses de existencia, pero en 2006 ese índice cayó a 5.3% y puso a México en el lugar 31 de 42 países.
Marcia Campos, catedrática del ITESM y colaboradora del GEM, señala que el auge de 2001 se debió al crecimiento de 7% del último año del gobierno de Zedillo y la promoción de los ‘changarros’ de Vicente Fox, pero al no existir una política sólida para el nacimiento de empresas, el impulso se perdió.
En las economías desarrolladas la vía tradicional de financiamiento a pyme son los bancos. En México, desde 2001 a mayo de 2007, la banca elevó en 30% sus créditos a negocios y personas físicas con actividad empresarial al llegar a 553,000 millones de pesos, sin embargo, “aún están lejos del crédito registrado, a valor real, en diciembre de 1994 (que equivaldría 1.87 billones de pesos a valor actual)”, dice Campos.
Desde hace tres años, el gobierno trata de revertir la tendencia. “Ahora es ya una política de Estado”, afirma Gustavo Meléndez, director de Promoción de la subsecretaría de Pyme en la Secretaría de Economía. La dependencia apoya tres vías de acción: el impulso a las franquicias; a las incubadoras (326 en 2006 y esperan llegar a 1,000) que generaron unas 500 empresas; y los clubes de emprendedores, que se institucionaliza desde este mes. En estos últimos, la idea es reunir grupos de empresarios que inviertan 500,000 pesos para formar un fondo de 5 millones, para ‘adoptar’ empresas a las que darían capital y asesoría, e integrarlas en cadenas productivas regionales.
Pero aun los 2,700 millones de pesos con los que cuenta el Fondo Pyme para este año, parecen insuficientes para apoyar la cantidad y la calidad de empresas que el país requiere.
Los fondos de capital de riesgo y privado ven cada vez más a México como destino de inversión. Actualmente, en México hay entre 35 y 40 fondos de capital privado dedicados a desarrollar empresas y se estima que, en los últimos tres años, los fondos trajeron al país unos 6,000 millones de dólares (mdd), de los cuales ya se ejerció casi 60%, el resto espera por proyectos rentables.
Roberto Charvel, académico de la maestría de administración del ITAM y especialista en estos fondos, es más mesurado. Considera que, de 1990 a 2006, operaron en México 96 fondos que invirtieron en 326 empresas, con recursos por 4,400 mdd. Y en el último quinquenio sus inversiones promedio fueron de 300 a 400 millones por año.
Pese a estas cifras, aún falta mucho por hacer. “En una economía como la de México, la participación de los fondos en el PIB no llega ni a 0.1%, muy poco si se compara con las de Brasil, Chile o Argentina”, destaca Charvel.

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