En 2008, protagonizan el futuro mexicano

En las 30 promesas de Expansión, dos factores son indispensables: juventud y talento.

Publicado: Miércoles, 31 de diciembre de 1969 a las
Cemento, sistemas y salud 3 - 10
Martha Herrera González, tiene un futuro 'concreto' en Cemex. (Selma Fernández) Martha Herrera González, tiene un futuro 'concreto' en Cemex. (Selma Fernández)
Diego, en las oficinas de Advent International, en Polanco. (MondaPhoto) Diego, en las oficinas de Advent International, en Polanco. (MondaPhoto)
Mony de Swaan tiene ambiciosos proyectos en el IMSS. (Adán Gutiérrez) Mony de Swaan tiene ambiciosos proyectos en el IMSS. (Adán Gutiérrez)
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Martha Herrera

Esta regia de 39 años es gerente de Responsabilidad Social y Relaciones con la Comunidad de Cemex.

Estudió Ciencias Políticas en McGill, Comunicación y Análisis Político en el ITESM y Estudios Internacionales en la UdeM.

Se crió en una familia de políticos, y aunque ese mundo siempre la atrajo, su avidez por los resultados la mantuvo más cerca de las empresas que del gobierno.

Tenía 28 años cuando entró a Cemex –una politóloga entre puros ingenieros contratada para hacer análisis político–, una firma donde las mujeres hacían de secretarias.

En 1997, por azares, llegó a la filantropía. Por la respuesta que leía de los directivos, notó que debían hacer algo más estratégico y alineado al negocio que firmar cheques para proyectos cuyo impacto jamás conocían.

“Nos fuimos enfocando en qué realmente la empresa puede contribuir y generar mayor valor para la sociedad”.

Ella definió los pilares de la política de responsabilidad social (RSE) de Cemex, y los programas que la harían cuajar. Diseñó estrategias para que el código de ética permeara a los 11,000 empleados, y otras para convencer a los mandos en las plantas que se involucren con las comunidades. Con su equipo, creó centros comunitarios en 11 de las 15 plantas cementeras del país.

Es difícil que una compañía que emplea a tantos hombres tienda puentes a las familias. Por eso abrió academias Tigres de Futbol, donde empleados voluntarios entrenan todas las tardes a niños.

Además del trabajo, es madre de dos hijos y no para de estudiar. Ahora arranca una carrera en negocios internacionales en Stanford. 

Diego Serebrisky

Tiene 38 años, es de Buenos Aires, Argentina, y es socio Director de Advent International en México.

Estudió Ingeniería en Computación en la Universidad Simón Bolívar, de Venezuela y tiene un MBA en Administración del MIT (MA).

La buena fortuna siempre le ha sonreído a Diego Serebrisky, un financiero que nació en Buenos Aires, creció en Venezuela y desde hace 10 años radica en México con su esposa y sus tres hijos. 

El talento y el destino lo han llevado por un largo y fructífero viaje profesional: pasó de hacer análisis de costos en una planta de pañales de Procter & Gamble en Caracas, a consultor de McKinsey en América Latina, Sudáfrica y Nueva York, y de ahí a socio director del fondo de capital privado Advent International.

Egresado de ingeniería en computación en Venezuela y con un MBA del MIT, es una estrella en ascenso en la industria del private equity.

Como asociado de Advent participó en la creación y estructuración de varios proyectos, como el de Aeroplazas, Consultoría Internacional Casa de Cambio, Dollar Express y Milano. Después fue nombrado socio director –el tercero en la oficina de México– y el año pasado encabezó la compra de los grupos restauranteros La Mansión y Champs Elysées.

“En esta actividad vives y mueres con tus resultados, a diferencia de la consultoría donde llegas, haces recomendaciones y te vas”, afirma.

En diciembre pasado fue elegido por unanimidad como presidente de la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap).

Sus prioridades son el trabajo y la familia y su pasatiempo, la fotografía.

 

Mony de Swaan

Tiene 37 años, es del DF y coordinador de Asesores y Jefe de la Unidad de Vinculación Institucional del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Estudió Relaciones Internacionales, tiene una maestría en Política Comparada y un Posgrado en Seguridad Nacional.

Su nombre es el diminutivo de Salomón, pero nada en su vida es chiquito. En su 1.90 de altura guarda ambición por un cambio social (y un pasado en organizaciones de izquierda) y habilidad para poner a conversar a legisladores, empresarios y sindicatos del IMSS.

Lo reconocen duro para decir verdades incómodas y leal como para seguir a muerte a un club difícil (Atlante) o destinar ahorros al lanzamiento del primer CD musical de unos amigos que no pasó a la historia.

La farmacéutica Pfizer (donde era director de Asuntos Corporativos para México y Centroamérica) fue una interrupción en su larga trayectoria en el sector público. Pasó por el IFE, la Secretaría de Gobernación (fue artífice de las mesas de concertación entre dependencias del gobierno) y ahora está en el IMSS, un monstruo con 20,000 mdp de presupuesto anual y donde quiere estar activo cuando se debata qué modelo de salud necesita el país.

En la fundación Pfizer instauró concursos para elegir cómo donar mejor el dinero.

Tiene una capacidad de trabajo enorme y es de los que envían correos a las tres de la mañana. “Estoy aprendiendo a ponerme límites”, dice y reconoce estar en una etapa de reencuentro con amigos, novelas y música.

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